Los motivos del voto castigo

720

Ayer identificamos a quienes fueron los mariscales de la derrota: Cristina y Alberto. Esa es mi opinión sobre a quién castigó el tsunami de votos del domingo. Hoy mi intención es tratar de establecer que fue lo que rechazaron esos ciudadanos. Cuáles fueron los motivos de ese repudio tan masivo al gobierno nacional y a todos los que se mueven en ese espacio.

Podría hacer una lista interminable porque el gobierno de los Fernández fue un verdadero desastre en estos dos años. Casi no tienen aciertos. “Algo no hemos hecho bien”, dijo Alberto y yo pienso que han hecho casi todo muy mal.

Voy a tratar de identificar los mamarrachos más graves. La lucidez de Luciano Román sugirió que la mayoría de los argentinos votaron con el bolsillo, con el corazón y con la cabeza. Es una buena manera de ordenar las humillaciones a las que sometieron a todos los sectores y a todas las clases sociales.

Votaron con el bolsillo aquellos grupos cuyos salarios o planes sociales han perdido una gran capacidad adquisitiva frente a la inflación. Eso explica que parte de los trabajadores o de los sectores más pobres le hayan dado la espalda en Quilmes, Concordia o Fuerte Apache. Son los argentinos más postergados que por lo general votan al peronismo pero, que esta vez, sufrieron en carne propia la evaporación de sus magros ingresos. En ese segmento de la sociedad ha sido de alto impacto, la imposibilidad de hacer changas durante la cuarentena más larga del mundo, la desocupación producto del desplome de la actividad comercial e industrial y el cierre de las aulas que alteró la vida de quienes tenían que salir a buscar el mango de cualquier manera para parar la olla. Los gobiernos de Alberto y Kicillof se llenaron la boca diciendo que defienden a los más humildes y los condenaron a mayores sufrimientos. Y a mentiras en todos los planos pero que, con las promesas a los jubilados, rompieron todos los records.

Miles y miles de ciudadanos de clase media se hundieron en la pobreza porque profesionales o pequeños empresarios no pudieron desarrollar su actividad y en muchísimos casos se fundieron y perdieron lo que habían edificado durante toda  una vida. Y el segmento más alto, padeció una asfixia impositiva feroz y confiscatoria y un maltrato y estigmatización digna de los autoritarismos chavistas. Tomaron medidas revanchistas contra el campo, la industria, el turismo, la innovación tecnológica y las exportadoras. Fue un castigo brutal a todas las clases sociales y esa bronca contenida hizo explotar la urna de votos.

Votaron con el corazón los compatriotas que vieron sufrir y morir a sus seres más queridos y a sus amigos. Y que encima, no los pudieron despedir como corresponde. Es tan grande la hipocresía de la casta gobernante que nunca comprendieron el dolor y el duelo de más de 113 mil familias. Todas las decisiones sanitarias fueron equivocadas, tardías, ideologizadas y absolutamente ineficientes. Por eso ocupamos los peores lugares del mundo en cantidad de fallecidos o de vacunados con ambas dosis y en el manejo de la pandemia. Hicieron barbaridades carentes de toda lógica y sentido común. Pero lo que más indignó fue la soberbia de sus ridículas explicaciones para explicar lo inexplicable y el nivel de agresividad contra los que les intentamos advertir sobre esos disparates. Y como si esto fuera poco, humillaron, se burlaron y le mojaron la oreja a todos al evidenciar que se sienten parte de una casta privilegiada que se maneja como señores feudales y dueños de todo: de la patria, de las vacunas, del sexo, y sobre todo, del patrimonio público. Compraron tarde las vacunas equivocadas. Se vacunaron antes que los ciudadanos comunes. Se robaron las vacunas. Se mandaron festicholas en la Quinta de Olivos mientras amenazaban con duras represalias a las personas comunes.

Idolatraron a la maestra violenta que adoctrina a los chicos y no se conmovieron ante tantos jóvenes que ven a Ezeiza como única salida.

Votaron con la cabeza los que miran el rumbo estratégico que le dieron al estado. Relaciones carnales con Venezuela, Cuba, Rusia, China, Nicaragua y el terrorismo de Hamas, es decir con los que más violan los derechos humanos y los que menos ejercen la democracia.

También utilizaron su racionalidad informada los que rechazan el intento permanente de poner de rodillas a la justicia para lograr la impunidad de Cristina y su banda de ladrones de estado, el Cartel de los Pingüinos millonarios. O la venganza contra opositores o periodistas que les marcaron límites y frenaron las medidas más salvajes de expropiaciones o la locura de liberar criminales, ladrones y violadores y la de mirar hasta con simpatía le vuelta de los narcotraficantes más crueles. Siguen observando al drama de la inseguridad galopante por el ojo de la cerradura de su inflamación ideológica: la inseguridad es una bandera de los ricos y de la derecha. Y por eso fomentan la toma y usurpación de tierras y el zaffaronismo que simpatiza y ayuda a los delincuentes y castiga doblemente a las víctimas.

¿Qué resultado electoral esperaba Alberto Fernández si muy suelto de cuerpo dijo que es igual a Cristina? ¿O que el mafioso de Hugo Moyano es un ejemplo de gremialista o que Gildo Insfrán, el señor feudal de Formosa es el tipo de político que el admira.

Obviamente que hay muchos razones más que explican los cachetazos electorales que se comieron los Fernández. Por ejemplo,  el extremismo populista y pianta votos que sugiere la brigada marginal que integran Gregorio Dalbón, Alicia Castro, Hebe de Bonafini, Roberto Navarro y Dady Brieva, entre otros.

O la falsedad enfermiza de los Sergio Massa que prometieron cárcel a los corruptos y barrer a los ñoquis de La Cámpora y hoy tienen una fábrica de pasta en sociedad con Máximo Kirchner. Más panqueque, imposible.

Hice el esfuerzo por tratar de identificar los principales motivos por los que el gobierno en dos años perdió la friolera de casi 5 millones de votos. Un terremoto histórico que pone en guardia a intendentes y gobernadores. Una implosión que, incluso puede ser el comienzo del final del cristinismo. No es seguro, pero es probable.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio MItre