Diego cumple 30 años – 16 de octubre 2019

Todavía no puedo creer que Diego hoy cumpla 30 años. Me brotan los lugares comunes del tipo: como crecen los chicos o que rápido que pasa la vida. Pero me vibra en el corazón una felicidad incomparable. Es que tengo muy presente el momento de su nacimiento. Silvana, esa madre extraordinaria que tiene, pujando con toda su fuerza y respirando fuerte. Y yo, temblando de miedo, apoyado en su espalda para ayudar a parir ese milagro de la vida. En un segundo, estábamos llorando los tres. Inundados de alegría en el quirófano. Yo sentí por primera vez y todavía lo siento ahora, que descubrí un nuevo yacimiento de amor. Una cosa es el amor de pareja o el amor por los padres que, por supuesto, funcionan como cimientos de lo que somos. Y otra cosa muy distinta, es el amor al hijo, a esa continuidad en el tiempo de lo mejor de nosotros. La calesita de la vida es el espectáculo más maravilloso que existe. Nada supera esas ganas de abrazarlo todo el tiempo.
Le confieso que dudé mucho en escribir estas líneas. Soy tremendamente culposo y no me gusta ser excesivamente auto referente. Varias veces reflexioné sobre si el cumpleaños de mi hijo era un tema para una columna en la radio más escuchada de la Argentina. Pero encontré un argumento, o una excusa si usted quiere: la radio es una familia. Son tantas las horas, las angustias, las carcajadas y los dolores que compartimos todos los días que muchas veces un oyente parece alguien que estuvo sentado siempre en nuestra mesa familiar. Siento que a esa legión inmensa de oyentes que se comportan como hermanos, les interesan estas cuestiones tan personales.
De hecho en la calle, la gente que me reconoce me dice, invariablemente, dos cosas: Leuco, no aflojés, seguí pegando y de inmediato: “Cuidálo al changuito, es una fenómeno de pibe”. Eso es algo mágico que atraviesa la pantalla de la tele y que por la radio se instala en la casa de todos. Yo siempre digo lo mismo: “Mucha gracias: que Diego sea mi hijo, lo tomo como una bendición. Siento que debo haber hecho algo bien en la vida para que me premie de esta manera”.
Tal vez sea útil la experiencia para muchos que están educando a sus hijos o a sus nietos. No porque nosotros seamos ejemplo de nada. Todo lo contrario, cada casa es un mundo y cada hijo un hermoso desafío a descifrar. Pero hay algunos valores que nos ayudaron a ayudarlo para que sea feliz que es nuestro principal objetivo en la vida. En algunas cosas tuvimos divergencias con su madre, pero casi ninguna en la manera de encarar su educación. Y por suerte Diego sacó lo mejor de cada uno. La serenidad y la sensibilidad de Silvana, le sirvió mucho para equilibrar mi ansiedad y apasionamiento muchas veces atropellado. El ADN que siempre quisimos transmitirle era el de la libertad. Para que elija sus caminos aún en el error. Equivocarse en una de las maneras de aprender. Me gusta esa frase que dice: hay que acompañarlos para que crucen los puentes, pero nunca cruzar los puentes por ellos y mucho menos no dejarlos que los crucen. Transmitirle el valor supremo de la honestidad y la solidaridad. Poner por encima la idea de ser buen tipo y recién después un buen periodista. Dedicarle con mucha energía y alegría horas al estudio de los temas. No transar con los autoritarios ni con los delincuentes.
No sé. Tal vez sea demasiado pretencioso creer que Diego es tan querido por sus compañeros de trabajo por esa actitud humilde de nunca creerse más que nadie, pero menos tampoco. Siempre le dije que los Lewkowicz somos de lágrima fácil, pero no nos arrodillamos ante nadie y tampoco nos interesa hacer arrodillar a nadie. El sometimiento es la base de la esclavitud. Y nuestro pueblo viene peleando contra todas las discriminaciones y el odio desde tiempos inmemoriales.
Siento un profundo amor y una gran admiración por Diego. Profesionalmente hizo todo, 30 años antes que yo. Saco pecho porque es el conductor más joven de la historia de Telenoche, tiene su propio programa en TN donde confirma que ya es grande y hoy está como primer suplente de Jorge Lanata. Es increíble haber logrado tanto en tan poco tiempo. Tengo muchas fotos en mi biblioteca. Hay una que es premonitoria. Está Diego al lado mío y de Lanata. Y estamos levantando la estatuilla del Martin Fierro. Lo llevé a la fiesta y era muy chico. Y lo primero que me dijo es que quería sentarse al lado de Lanata: “Es mi ídolo”, me dijo. Y así fue. Jamás nos hubiéramos imaginado que semejante figura del periodismo un día lo iba a convocar para que trabajara con él. Un día me llamó y me dijo: “Pá, me llamó Lanata para ir a radio Mitre” y juntos lloramos como aquel día de su nacimiento. Es que fue una especie de segundo nacimiento, tal vez definitivo en este mundo encantador y cruel del periodismo.
Ya saben que somos muy futboleros. Que siento que ir juntos a la cancha me ayudó a transmitirle valores. El coraje gladiador y la creatividad de Martín Palermo, el juego en equipo, aprender que nunca hay que cantar victoria antes del final del partido y muchas más. Pero mi gran secreto es que voy a la Bombonera y espero un gol de Boca para abrazarlo con todas mis fuerzas. Siempre le digo que mi sueño es ser el mellizo Barros Schelotto y dedicarme a tirarle miles de centros para que meta cabezazos de gol. Diego ya pegó la vuelta y todo el tiempo me enseña cosas de la vida y del laburo. Varias veces conté cuando yo me dejaba ganar al ping pong para que no bajara los brazos y que un par de años después, sentí que él se dejaba ganar para que no me sintiera tan viejo. Lo entusiasmamos para que fuera cualquier cosa menos periodista. Este oficio, el mejor del mundo, tiene momentos de persecución y de castigo muy duros. No queríamos que sufriera. Lo empujamos y fue a estudiar magia y se recibió con Héctor Guerra, el campeón del mundo. Hizo talleres de actuación, aprendió a ser cheff en la escuela del Gato Dumas y todo le provocaba un gran entusiasmo. Pero nada como el periodismo. Un día volvió del viaje de estudios en Mar del Plata y me confesó: “volvíamos de bailar a las 6 de la mañana y yo era el único del grupo que no me acostaba sin leer los diarios. No hay dudas, yo quiero ser periodista”.
Yo le dí apenas algunos consejos éticos, las notas no se cobran ni se venden, por ejemplo y le recomendé comenzar en el periodismo gráfico. Ahí se aprende a pensar, a escribir, a editar y sobre todo, a diferenciar que cosa es noticia y que cosa no. Y trabajar en una redacción como la de la revista Noticias fue una fiesta de aprendizaje y un premio cotidiano. Mi amigo Jorge Fernández Díaz es una especie de padrino profesional de Diego. Y mi hijo lo admira por todos los costados.
Hoy Diego cumple 30 años. Y todavía no lo puedo creer. Las fotos pasan a velocidad por mi cabeza. Ese bebe de 4 días en mis brazos en el patio de la casa de los Nonos, de Alciro y María en Lugano. La forma en que Diego mira con admiración a mis viejos en Córdoba, a Esther y Mayor. Un día me hizo una entrevista para el día del padre en una radio muy chiquitita donde empezó a hacer sus primeras armas y ese momento lo tengo enmarcado sobre mi mesita de luz. Muchos no lo saben pero me hice un tatuaje ya de grande, un rayo de energía en el brazo, solamente para tener algo más en común con Diego. Me derrito cuando me dice Papupa. Me encanta decirle changuito. Y se me estruja el corazón cada vez que leo ese texto que escribió cuando estuve internado en terapia y me pusieron un marcapasos. Cuando me desmayaba por la falta de electricidad para encender el corazón, sonaban las alarmas y venían los médicos empujados por Diego. El encontró una frase para definir ese momento dramático que también sirve para explicar la relación de acero entre padre e hijo: “Sentí que te ibas y que yo me iba con vos”. La escribo y me corre frío por la espalda y se me inunda la mirada.
Hemos pasado momentos maravillosos juntos. Y también situaciones amargas y difíciles. Me quiebro emocionalmente cuando leo que Diego resolvió mantener el apellido de fantasía, Leuco, para que mis enemigos y los enemigos de la democracia republicana supieran que ahora había dos Leucos para defenderse espalda contra espalda y con el cuchillo entre los dientes.
Esto es gracioso: Boca se jugaba la vida para ganar la Copa Libertadores en el estadio Morumbí ante el San Pablo. Diego tenía 14 años. Eramos un grupo de diez argentinos pero estábamos rodeados de miles de brasileros. Tuvimos un incidente feo cuando uno de los nuestros, no se pudo contener y gritó el primer gol de Tévez. No nos dieron una paliza fenomenal porque Dios es argentino y a veces, de Boca. La tensión era tremenda. Nos quedamos a ver la vuelta olímpica mientras los brasileros empezaron a tirar los fuegos artificiales de bronca porque los tenían preparados para el festejo. Corrían la cerveza y los insultos entre los hinchas que estaban en la calle. Nosotros pasamos por el medio de cientos de caras largas. En silencio, para no deschavarnos que éramos argentinos. Diego me habló al oído y me dijo: “Pa, si llegamos vivos al hotel, esta va a ser la mejor noche de mi vida”. Recién en la habitación, nos abrazamos como chicos y nos quedamos afónicos de cantar los himnos de todos los estadios.
Cuando hicimos juntos el libro, Diego planteó que su objetivo era producir algo que nos sobreviviera a los dos. Y lo logramos. Tato Young nos dijo que ser padres “es tener miedo para siempre” y Federico Andahasi que “los hijos vienen al mundo a enseñarnos”. De eso se trata. De controlar los temores de que les pase algo, para no recortarles su libertad. Y de aprender todos los días de su sabiduría. Diego me ilumina la vida y con eso me alcanza y me sobra. No puedo pedir nada más. Feliz cumpleaños y buena vida, changuito.

Criminalizar al periodismo – 15 de octubre 2019

Ayer se pudieron ver claramente las dos miradas. Por un lado Cristina, la enemiga más poderosa del periodismo, en Calafate, fustigó a los medios que, según ella, blindaron al gobierno de Macri y mostraron una realidad que no es.
Por el otro lado, en esta radio Mitre, la gobernadora María Eugenia Vidal fue contundente en la defensa de la libertad. Dijo textualmente: ” Me preocupa seriamente cualquier acción desde cualquier poder del estado que ponga en duda la libertad de expresión. No veo desde qué lugar la comisión provincial de la memoria puede evaluar el accionar de un periodista. Cualquier cosa que se parezca a una Conadep del periodismo es algo ante lo que no podemos ser indiferentes porque tiene que ver con nuestra libertad de poder decir lo que creamos”.
El doctor Alejandro Fargosi dijo que “no entendía como todos los periodistas al unísono no reaccionaban ante uno de los disparates conceptual jurídicos más graves desde 1852”. Acá estamos, tratando de remediar ese problema y de estar a la altura de las circunstancias.
“La Conadep del periodismo ya está operando” Es un título y es rigurosamente cierto. Muchos subestimaron al cómico Dady Brieva cuando lo planteó con toda contundencia. Pedía sanciones. Exigió que los periodistas no se la lleven de arriba por engañar a la gente que, por sus mentiras, votó a Macri.
Después Mempo Giardinelli, otro amante de Cuba y de Capitanich, salió a bancarlo. Gisella Marziotta lo dijo y un par de horas después se arrepintió.
Pero lo cierto es que la Conadep del periodismo ya está funcionando en la persecución de los periodistas que investigaron e investigan la corrupción del gobierno de los Kirchner y de todos los gobiernos.
La Comisión Provincial de la Memoria, presidida por el kirchnerista Adolfo Pérez Esquivel y a pedido del juez kirchnerista Alejo Ramos Padilla, produjo un dictamen de 200 páginas donde han cometido la torpeza de atacar a la libertad de prensa en la Argentina. En su insólito texto acusan a varios periodistas de hacer espionaje con sus notas. Aunque usted no lo crea, este escandaloso dictamen culpabiliza a los colegas Jorge Lanata, Daniel Santoro, Nicolás Wiñazki, Luis Majul, Rodrigo Alegre, Rolando Graña, Gustavo Grabbia y a Guillermo Laborda, de articular notas con el trucho de toda truchez, Marcelo D’Alessio, un personaje nefasto e impresentable que hablaba con periodistas y que fingía ser de los servicios secretos o de la DEA, como tantas fuentes, algunas excelentes y otras flojas de papeles, que hablan con los periodistas. Separar la paja del trigo y dilucidar que es mentira y que es verdad es parte de nuestro trabajo. El motor que nos mueve es la búsqueda de la verdad y la intención de ser la piedra en el zapato del poder, de ser fiscal del poder y el abogado del hombre común.
El cristinato no repara en gastos ni en movidas absurdas a la hora de buscar impunidad para Cristina, Máximo y todos los integrantes del cártel de los Pinguinos.
La Comisión Provincial de la Memoria tiene como presidente a Pérez Esquivel, un defensor de Nicolás Maduro que fue una de las figuras principales del acto contra el hambre que organizó Alberto Fernández junto a sectores de la iglesia comandados por Eduardo Valdés, ex embajador en el Vaticano, autor intelectual y material de la operación puf y amigo íntimo del Papa Francisco. En este tema la coincidencia del Papa y Cristina es absoluta. Ambos fogonearon esa idea falsa del Lawfare, de creer que los medios de comunicación son parte de un poder corporativo que miente y está en contra del pueblo. Eso lo piensan tanto Cristina como el Papa y Donald Trump o Nicolás Maduro. Todos populistas que le temen al periodismo que investiga. Todos populistas que fomentan la censura y la autocensura y que tienen como enemigo a los medios de comunicación. Además de Pérez Esquivel integran esa comisión la candidata a senadora de Cristina en Capital, Dora Barrancos y Víctor Mendibil, un hombre del sindicalismo estatal que quiere volver a la CGT para lograr la unidad que pidió Alberto. Otros integrantes son el ex juez español Baltazar Garzón que fue asesor de Cristina y ganaba una fortuna por mes y Susana Méndez de gran actuación en el Cels (Centro de Estudios Legales y Sociales), otrora valioso organismo de defensa de los derechos humanos y hoy convertido en la Unidad Básica “Horacio Verbitsky”. Como puede verse, de imparcialidad ni hablemos.
Pero vamos a lo más profundo:
Estoy totalmente de acuerdo con Daniel Sabsay, Pablo Sirven y Graciela Fernández Meijide. Ellos fueron a fondo, al corazón de este vergonzoso ataque al periodismo independiente, al que no se arrodilla ni ante Cristina ni ante Macri ni ante el poder económico.
Sabsay, el más brillante constitucionalista de la actualidad, recientemente reelegido por unanimidad presidente de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional, fue valiente y contundente: “La Comisión de la Memoria se ha convertido en un aparato para judicial dedicado a perseguir a los periodistas, interpretando su supuesta intención sicológica. Es un tribunal inquisidor”.
Nuestro colega Sirvén tuiteó que “los que se negaron a integrar la verdadera Conadep (habla del Partido Justicialista y de Pérez Esquivel) ahora preparan la Conadep del periodismo”.
Fernández Meijide que integró aquella Conadep y siempre defendió los derechos humanos tiene autoridad moral para decir lo que dijo: “Es inaceptable que esta comisión investigue a periodistas. Un hecho inédito, un cachivache que planea como una amenaza sobre la libertad de los periodistas. Es una persecución y una locura. Se persigue un mecanismo de trabajo lícito y honesto. Es un disparate porque opinan en base al prejuicio ideológico”. Y por televisión agregó que “ Pérez Esquivel es cómplice de un juez que está persiguiendo”.
Es cierto. Esto no tiene antecedentes
en democracia, tal como lo dijo ADEPA. Son avances autoritarios dignos de las dictaduras. De hecho la última vez que ocurrió algo parecido fue cuando el “führer” criollo, el general y terrorista de estado Ramón Camps ordenó una auditoría de contenidos permanente del diario “La Opinión” de Jacobo Timerman al que torturó durante su secuestro. Lectores con neuronas uniformadas de verde oliva repasaban todas las ediciones del diario para encontrar “el verdadero trasfondo de las notas” apoyados en un concepto nefasto llamado “operaciones de acción sicológica” que según cuenta en su libro el profesor Fernando Ruiz, eran subproductos de los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría.
La diputada Graciela Ocaña dijo que se quiere “criminalizar la opinión y la información” y Julio Bárbaro definió la Conadep del periodismo como “una idea que mezcla imbecilidad y demencia”.
El prestigioso colega Gustavo Sierra, veterano de la cobertura de muchas guerras, le preguntó al juez Ramos Padilla porque eligió a un organismo tan parcial y militante y no le pidió opinión a la Relatoría de Libertad de Expresión de la Organización de Estados Americanos.
Silvana Giúdice, como ex presidenta de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados solicitó precisamente la intervención de la Relatoría de la OEA y de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tal como había sugerido Sierra.
Giúdice sostiene que esta decisión de la comisión de Pérez Esquivel “pone en riesgo las garantías de resguardo de las fuentes periodísticas como marca el artículo 43 de la Constitución Nacional. Se trata de un peligroso e inconcebible mecanismo utilizado por las dictaduras”.
Daniel Santoro uno de los principales blancos de este ataque feroz y que ya fue procesado por el juez K, sin que lo pidiera el fiscal, dijo que esa comisión “es el brazo ejecutor de Justicia Legítima”.
Ricardo Roa recordó que Ramos Padilla, con la cara de piedra, le preguntó al editor de Santoro si “era usual que el Grupo Clarín enviara a sus periodistas a reunirse con espías o agentes de la DEA”. Y de paso les abrió la puerta a 18 querellantes entre los que están figuras tan éticas y transparentes como Julio de Vido y Roberto Baratta. Porque ese es el principal objetivo: liberar a los ladrones de estado.
Uno de pilares de la democracia republicana es la existencia de un periodismo libre que informe, investigue y opine sin presiones, censuras ni autocensuras. Es una obligación de los periodistas. Pero es derecho que tienen los ciudadanos a ser informados. Sin periodismo no hay democracia. Por eso hay que encender todas las luces de alerta. Porque los autoritarios ya pusieron en marcha la Conadep que persigue al Periodismo. Y eso es grave. Pero lo más grave es que Alberto Fernández respaldó al juez y que esto no es el final de nada. Esto es el comienzo de todo. Esto recién empieza.

El dedo de Fernández – 14 de octubre 2019

El dedo acusador de Alberto Fernández fue una de las pocas novedades que dejó el debate presidencial. Ese dedo índice extendido que agitaba como un látigo. Apuntaba con forma de revólver hacia el presidente Mauricio Macri que, de contragolpe, se la clavó al ángulo cuando se salió del libreto y dijo
: “Lamentablemente hemos visto que volvió el dedito acusador, volvió el atril, volvió la canchereada. El kirchnerismo no cambió. Por más que se oculte, trate de mostrarnos algo distinto, es lo mismo”. En ese momento se definió el combate verbal. En un gesto que lo dice todo. Ese lenguaje no verbalizado suele ser mucho más importante que las palabras. Muestra mucho más que lo que los conceptos disfrazan”. Y esa fue la sensación que mucha gente tuvo. Macri la definió con precisión: “Volvió el dedito acusador, el kirchnerismo no cambió”.
Es que Alberto estuvo agresivo, repitiendo todo el tiempo que el presidente miente o no sabe dónde está parado.
Por eso Macri apuntó con todas su fuerza irónica a la piedra fundamental de este nuevo concubinato entre el peronismo y el cristinato. Son varias falsedades que dicen lo mismo. Ella cambió. Ella es buena y democrática. Ella no es más autoritaria ni soberbia ni altanera. Ella quiere cerrar la grieta y no va a perseguir a nadie. Y como si esto fuera poco, Cristina no es chorra. Es una perseguida política.
Ese es el edificio con cimientos de barro que construyeron los Fernández. Y ahí apuntó Macri con su ironía. Porque en las pocas veces que Cristina salió de su encierro, Ella demostró que es igual a sí misma y que fue incapaz de reconocer un error ni de hacer la más mínima de las autocríticas. El diputado Mario Negri lo puso en Twitter: “No te haces cargo del pasado y te sentís dueño de la verdad. Me haces acordar a Cristina”.
Paula Olivetto tuiteó que con los Fernández “vuelve la intolerancia, el pensamiento único, la persecución y la violencia”.
Por eso Alberto es un arquero que no sabe si salir a cortar el centro o quedarse en la línea del arco en el tema chavismo venezolano. Su principal aliado, Sergio Massa dijo en Estados Unidos que estamos claramente frente a una dictadura. Cristina no dice una palabra y Alberto no sabe no contesta. Da vueltas y apela a eufemismos para decir que en Venezuela hay problemas pero la palabra dictadura o narco dictadura criminal que sería la definición justa no aparece en su discurso. Y no es un tema menor. Muchos de los fanáticos de Cristina creen que el modelo de Maduro es el correcto. En eso, Macri le sacó una gran ventaja. El actual gobierno no solo apoya al presidente encargado Juan Guaidó. Acaba de reconocer a su embajadora Elena Trotta y simultáneamente le pidió a los diplomáticos chavistas que se vayan del país. Casi una ruptura de relaciones. En cambio Alberto, quiere sacar a la Argentina del Grupo de Lima y moverse a una postura más amigable con Maduro. “Neutralidad es complicidad”, le retrucó Macri.
En un momento Alberto castigó a Macri en donde más le duele: en el fracaso económico. Enumeró la estanflación y la consecuente caída del empleo y aumento de la pobreza. Macri acusó el golpe y apeló a las críticas furibundas que en su momento Alberto había hecho a Cristina y al ministro de entonces, Axel Kicillof. Cualquiera puede ver y escuchar ese momento en internet. Alberto responsabiliza del cepo, de la pobreza y del desastre económico a su actual candidato a gobernador de Buenos Aires. Pero Kicillof no solamente fue castigado por eso. También cobró por su repudiable declaración discriminatoria de que muchos pobres venden droga por falta de trabajo. Por eso Macri le dijo que lo único que falta es que instale una “narco capacitación” en la provincia.
Pero el error táctico más grave que cometió Alberto fue llevar como un símbolo a Daniel Scioli. El ex gobernador de Buenos Aires es precisamente un emblema de lo peor de la política. Felpudismo ante Cristina, falta de dignidad para pararse ante las humillaciones, doble discurso en el aborto y en el divorcio y encima dejó una provincia fundida donde lo único que creció fue el narco tráfico y todo tipo de delitos mafiosos.
En el plano de la educación Alberto se anotó un poroto en su crítica al poco apoyo que recibió la Ciencia y el Conicet. Pero, agrandado, quiso dar cátedra y les dijo a “estos liberales que deberían aprender de Alberdi y Sarmiento” sobre la piedra angular para el progreso que significa el conocimiento. Alberto no tiene autoridad moral para hablar de Sarmiento. Uno de los ex camporistas que revolotea a su lado es Juan Cabandié que supo descalificar al Padre del Aula como “un hombre de derecha” y el gobierno de Cristina bombardeó como pudo a ese verdadero gigante de la educación y la innovación.
Yo he sido, soy y seré muy crítico de Cristina Kirchner. No es un por un tema personal. Considero que ella es la persona que más daño le hizo a la democracia argentina y la que más daño le puede seguir haciendo si vuelve al poder. Hablo de la asociación ilícita que lideró para perpetrar un colosal sistema de corrupción nunca visto y saquear en forma serial al estado. Hablo del chavismo kirchnerista que pretendió y pretende instalar con amenazas e intimidaciones feroces a opositores y periodistas independientes. Hablo del odio militante con el que produjo la fractura expuesta de la sociedad que tiene su origen en sus características personales de soberbia, maltrato y mezquindad, pero que justificó con la ideología del nacional populismo.
Insisto: Yo he sido, soy y seré muy crítico de Cristina Kirchner.
Pero el gran talón de Aquiles de Alberto son sus declaraciones demoledoras contra Cristina. Nadie se atrevió a decir cosas tan brutales sobre ella como él. En mayo, hace cinco meses, armé la travesura periodística de hacer la columna más crítica contra Cristina que se haya hecho jamás. Pero lo hice tomando solamente palabras dichas por Alberto Fernández al periodismo de cara a toda la sociedad. Son columnas de diarios, entrevistas televisivas y radiales que hoy no se pueden borrar. Y uno se pregunta con toda razón: ¿Cuál es el verdadero Alberto Fernández?
En una recopilación de tuits el actual compañero de fórmula que ungió Cristina decía que los peronistas no debían ser aplaudidores porque ella no era la comandante “ni el resto somos reclutas”, que Cristina busca subordinar la justicia y que su gobierno es psicótico y ella también actúa como una psicópata. ¿Fuerte no? Agresiones de alto calibre.
Insisto: no lo digo yo. Lo dijo Alberto. Otro tuit decía: “No estoy a la altura de Cristina. No suelo vivir en la fantasía de los soberbios. Es penoso como ella somete a las instituciones. A Néstor lo acompañé pero con Cristina es imposible”.
El perseguidor tuvo que beber la misma medicina y se transformó en perseguido. Lo denunció varias veces: “Ella estigmatizó a todo el que pensaba distinto y yo fui víctima de todo eso.”
Con los muchachos de La Cámpora tuvo fuertes choques. “Todos los militontos se creen revolucionarios y son tristes repetidores de mentiras”. Ese dardo les tiro a los camporitas. En el caso de la designación del general César Milani fue demoledor: “Que tozudez de Cristina. Se encaprichó con Boudou y pagó un enorme costo. ¿Cuánto pagará por sostener a un encubridor de desapariciones”.
Otro video antológico es cuando Alberto describe a Cristina como alguien que tiene una enorme distorsión de la realidad y recuerda aquella atrocidad de haber sostenido la mentira de Aníbal de que Alemania tenía más pobres que Argentina. La acusa de ser una negadora, terca y absurda que hizo el peor daño posible al invisibilizar a los pobres. Parece Elisa Carrió la que castiga a Cristina pero es Alberto.
Por eso Alberto, sonreía para la tribuna, pero no la pasó bien en el debate. El último empujón se lo dio el presidente Macri en el tema inseguridad que según el anterior gobierno era una “sensación”. Y los Zaffaronis que lo rodean andan justificando y defendiendo a los delincuentes y a los victimarios. Macri dijo que “antes, las víctimas de delitos no tenían derechos. Y nosotros apoyamos a las fuerzas de seguridad en la lucha contra el delito:”
Se acabaron las palabras. Los gestos con el dedito de Alberto fueron un tiro por la culata. Quiso poner el dedo en la llaga y lo puso en el enchufe.