Alerta, se viene el “Cristinato”

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Tal vez todavía no tomamos suficiente conciencia, pero estamos entrando en un alerta roja del tablero democrático. Suenan las alarmas porque todos los días estamos utilizando conceptos peligrosos para el sistema menos malo que se conoce y el que todos los argentinos decidimos fortalecer desde 1983. Cristina habla de golpe contra las instituciones. Elisa Carrió dice que hay un golpe contra la justicia. Joaquín Morales Solá plantea que hay un golpe palaciego de Cristina contra Alberto. Pepe Nun en su momento y ayer Daniel Sabsay definieron a Cristina como “la presidenta de facto”.

Muchas veces, utilizamos “gobierno de facto” como sinónimo de dictadura. En realidad,” facto” es un término latino que significa “hechos consumados”, o “por la fuerza de las  circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado.

Yo apunto a lo mismo, pero lo digo de otra forma. La llamo la jefa del jefe del estado. Estoy convencido que es la principal anomalía que estamos viviendo. Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto: vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia. Eso es de imposible cumplimiento. No hay manera de hacer zafar a Cristina de su cleptocracia sin romper el régimen democrático.

Un salvaje autoritario, como el diputado Rodolfo Tailhade llegó a la irracionalidad de pedir enjuiciar cuatro jueces (uno fallecido) y un fiscal por su responsabilidad en  la muerte de Héctor Timerman que, como todos sabemos, falleció de cáncer. El chavista extremo de Eduardo Barcesat pidió que la Nación intervenga el gobierno de la Ciudad. Tal vez quiere que coloquen como interventor a Mariano Recalde o Daniel Filmus. Un delirio que puede producir una rebelión ciudadana.

Insisto, hemos entrado en una pendiente resbaladiza que nos conduce a un abismo institucional. Es hora de decirlo con todas las letras. De hablar sin eufemismos. Carlos Pagni lo denomina “proyecto cesarista”, Marcelo Longobardi habla del comienzo de una “autocracia”. Muchos venimos denunciando un rumbo hacia el chavismo o el feudalismo de Santa Cruz o Formosa. Y obviamente, esto es muy grave.

Conceptualmente, Alberto ya fue. Cristina lo tiene en un puño y lo redujo casi a la servidumbre. Creo que la vice hasta disfruta con cierto sadismo cuando lo vé hundirse política y humanamente.

Hay dos frases pronunciadas por Alberto en sendos actos que son sincericidios claros, mucho más que actos fallidos o amnesias parciales. Primero fue en el acto de La Plata que fue refundacional del gobierno. Cristina dijo que había funcionarios que no funcionaban y que si tenían miedo, se buscaran otro laburo. ¿Qué dijo Alberto frente a esa clara usurpación del Poder Ejecutivo? ¿Cómo reaccionó Alberto? Le dijo delante de todos y sin que se le cayera la cara de vergüenza: “ Cristina, yo hice lo que me mandaste?

El primer mandatario cedió su lugar e hizo lo que le mandó Cristina. La otra confesión de partes fue ayer, en Ensenada. Allí Alberto mintió como lo hace habitualmente respecto de los hechos y las acciones. Pero ayer superó una barrera sicológica porque mintió sobre sus propias palabras. Se auto mutiló la memoria. Se pegó un tiro en la conciencia histórica y pretendió engañarnos a todos. Dijo que cuando estaban distanciados con Cristina había algo que la acercaba. Eran las críticas que le hacían los opositores por lo bueno de su gobierno. Fue patético ver a un hombre quebrado de semejante manera. Sometido hasta la renuncia a su propia dignidad. Todos los periodistas sabemos que Cristina lo mandó a espiar y a perseguir y él lo puso en un tuit.

Y todos sabemos que Alberto era una fuente informativa permanente de los periodistas independientes que descubrían los robos, las estafas y los aprietes de la actual vice presidenta. Insisto con lo que le dije ayer. Nadie fue tan duro con Cristina como Alberto. Nadie le hizo tanto daño. Dijo que todo su gobierno era deplorable, que ella era patética y sicópata y se la pasó recorriendo los canales, las radios y los diarios más críticos del kirchnerismo.

Renegar de eso, es el último escalón de su descenso al infierno de la insignificancia. Claramente quiso halagar a Cristina, chuparle las medias, endulzar sus oídos. Pero fue la imagen de la rendición incondicional. Eso significa que estamos entrando, más temprano que tarde en la instalación del Cristinato. 

Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos. Estos niveles de opresión parieron la “Revolución del Parque”, conducida por la naciente Unión Cívica de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Bartolomé Mitre y Aristóbulo del Valle, entre otros.

El Cristinato, no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y tambor batiente. A eso también se le puede llamar nacional populismo o autocracia, como prefiere el presidente Joe Biden.

Algunos teóricos, incluso hablan de monarquía absolutista, al estilo de Luis XIV de Francia, que fue el que pronunció la frase “El estado soy yo”.

Ella misma alguna vez se definió como la reina Cristina y muchos ven a Máximo como el príncipe heredero de esa dinastía.

Hay una incautación del cargo por parte de Cristina que es la única que conduce en el gobierno. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más importante del país, definió el gobierno como un “régimen vice presidencial” y aseguró, repito, que esa es la principal violación de la Constitución, en el artículo 87 que define como “unipersonal” al Poder Ejecutivo.

Tal vez ese inocultable sometimiento a cielo abierto y delante de todo el mundo, conmueva tanto el ánimo de Alberto que no pueda encontrar una plataforma de gobierno para ponerse de pié. Cristina pone de rodillas a todo el mundo. Es su estilo, su forma de vivir y de gobernar. Les mete pánico a los tímidos para el coraje o a los flojos de personalidad. Cuatro gritos y listo. Así construyó esta actualidad que podríamos llamar “Cristinato”. Ojalá Dios y la patria se lo demanden.

Creo firmemente, como dijo San Martín, que el grito de una sola persona se escucha más que el silencio de miles y que a todo puede renunciar el hombre sin dejar de ser hombre, a todo puede renunciar, menos a la libertad.

EDITORIAL DE ALFREDO LEUCO EN LE DOY MI PALABRA POR RADIO MITRE