Menem, entre Dios y el Diablo

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Carlos Menem fue el presidente más corrupto de la historia democrática hasta que llegaron los Kirchner y lo dejaron como un bebe de pecho. Menem robó para la corona de Anillaco. Pero Cristina y Néstor, perpetraron una cleptocracia e instalaron un plan sistemático de coimas, retornos y lavado más grande que la Patagonia. Así nos fue y así nos va.

Entre ambas dinastías de caudillos feudales de La Rioja y Santa Cruz, gobernaron este país, por casi 23 años y en 2023, cumplirán 27 años al frente de una Argentina que con ellos, se hizo más pobre, mas autoritaria y más decadente.

Fueron las caras más visibles del pragmatismo del Partido Justicialista que con tal de aferrarse al poder y a los negociados, defendió tanto al populismo de derecha como al de izquierda. Para la tribuna, decían ser enemigos ideológicos pero, en la realidad, se ayudaron y se votaron mutuamente. Los Kirchner compartieron en 7 ocasiones las boletas electorales con Carlos Menem. Hoy se está viralizando el famoso discurso de Néstor en el que dice que solo Juan Domingo Perón fue mejor y escuchó más a los patagónicos que Menem. Fueron tan chupamedias sus conceptos que hasta el propio presidente Menem agachaba la cabeza con cierto pudor y vergüenza ajena. Al lado, estaba Cristina, exultante y con sus cabellos al viento. Cualquiera lo puede ver en You Tube. Néstor, de campera de gamuza beige dice “el pueblo se siente muy honrado por vuestra visita y orgulloso de acompañar el proceso de transformación y cambio”. En esa época no criticaba al “neoliberalismo entreguista” de Menem.

 Néstor fue el gobernador predilecto de Domingo Cavallo, apoyó con euforia y codicia la privatización de YPF cuyo miembro informante en diputados fue Oscar Parrilli. Néstor se benefició con una fortuna que recibió la provincia por regalías petroleras mal liquidadas pero que, el gobernador se guardó en su bolsillo. Fueron los tristemente célebres fondos de Santa Cruz.

Una de las escuchas telefónicas que más le molestan a Cristina es el diálogo con Oscar Parrilli donde defiende a Carlos Menem por encima de Antonio Cafiero. Dice que el justicialismo de Cafiero era “viejo y choto” y que la verdadera renovación progresista era de la Menem. Confiesa que ella estaba con Menem pero que tuvo que votar a Cafiero por disciplina partidaria a su esposo. Increíble. Quien quiera oír que oiga.

En los últimos tiempos, Carlos Menem, fue siempre funcional con su voto en el Senado a las necesidades del matrimonio Kirchner. La sesión de la 125 es apenas un ejemplo. Pese a estar enfermo fue a votar positivamente en contra el campo y a favor de Cristina.

Por supuesto que no celebro la muerte de Menem. No celebro la muerte de nadie. Pero no me parece justo que el fallecimiento de una persona haga que nos olvidemos de quien fue en vida. La muerte no limpia prontuarios. Envío mis condolencias y respetos a la familia de alguien que casi no perdió ninguna elección en su vida. Fue dos veces gobernador, dos veces presidente y senador nacional. Su carisma, su astucia táctica y su olfato para subirse a los vientos de la revolución conservadora que soplaban en el mundo, le permitieron triunfar con el voto popular.

Soy muy crítico tanto de Menem como de los Kirchner, pero reconozco que los que llegaron del sur fueron mucho más dañinos, perversos e hipócritas. Mientras Carlos Menem sufrió la cárcel durante la dictadura militar, los Kirchner se dedicaban a hacer fortunas en Río Gallegos y se quedaban con las casas de los que no podían pagar las cuotas. Jamás levantaron un dedo por un detenido o por un desaparecido, ni siquiera bien entrada la democracia.

Menem estuvo preso en el buque los “33 Orientales” y después en el “Penal Militar de Magdalena”. Los dictadores  se  ensañaron tanto con el riojano que no le permitieron darle el último adiós a su madre, Mohibe Akil. Cuando salió fue confinado en Las Lomitas, el lugar más caluroso de la Argentina. Ahí, tuvo una relación con Marta Massa, de la que nació uno de sus hijos, Carlos Nair.

Hebe de Bonafini no quiso disimular su odio ni su parcialidad fanática en las definiciones. Dijo que no lamentaba la muerte de Menem, ni deseaba que descansara en paz “porque había indultado a los asesinos” de sus hijos. Es cierto que es repudiable que Menem haya decretado los indultos para el terrorista  de estado Jorge Rafael Videla y otros comandantes militares como Luciano Menéndez o Leopoldo Galtieri. Pero Hebe no dice que también indultó a Mario Eduardo Firmenich, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Perdía y otros jefes guerrilleros.

Menem dinamitó el ferrocarril en la Argentina con su frase “ramal que para, ramal que cierra”. Los liquidó, en lugar de modernizarlos, como hizo con los teléfonos. Alberto Fernández y Felipe Sola fueron funcionarios de su gobierno.

La ciudad de Rio Tercero se negó a cumplir con los tres días de duelo porque lo consideran el principal responsable de la voladura de la Fábrica Militar que produjo 7 muertos, heridos y destrozos terribles. La corrupción mata. Todo fue para ocultar el escandaloso contrabando de armas por el que fue condenado, al igual que por los sobre sueldos a los funcionarios. La Corte Suprema de Justicia jamás trató las apelaciones y la causa durmió por más de 25 años. Su banca en el Senado le dio los fueros necesarios como para mantenerse lejos de la prisión pese a que, por poco tiempo, en el 2001, fue el primer presidente preso de la democracia.

Ni que hablar de la grave complicidad y encubrimiento de todas las investigaciones sobre los atentados terroristas a la embajada de Israel y la sede de la AMIA que ocurrieron bajo su gobierno.

Hace 32 años, junto a José Antonio Díaz, escribimos una biografía no autorizada que titulamos “Menem, el heredero de Perón. Entre Dios y el Diablo”. Denunciamos barbaridades de su gobierno pero, coqueto y farandulero, lo que más le molestó al Presidente de ese momento, fue que revelamos su verdadera edad. Después de nuestro libro, ya no pudo seguir mintiendo que había nacido en 1935. Se sacaba 5 años. Tuvimos que ir a buscar los documentos de su bautismo a la catedral de La Rioja para probar que Menem había nacido en 1930. Esa falsedad la repetía en todos los reportajes e incluso en la biografía oficial que le escribió Gustavo Béliz.

En ese texto contamos con mucho detalle su relaciones con los Montoneros en 1973, la entrevista que Jorge Antonio le consiguió con Perón en Madrid y el enamoramiento de Zulema, en las calles de Yabrud, el pueblo en donde vivían sus familias, en Siria. La relación con Zulema fue tormentosa y volcánica. Menem la desalojó de Olivos en una de las situaciones más novelescas de su vida de novela. La mala relación, estalló con la muerte de su hijo mayor, Carlitos mientras piloteaba un helicóptero y hacia maniobras absolutamente imprudentes. Había aprendido de su padre a transgredir todas las reglas. Nadie olvida que tripuló la famosa Ferrari Testa Rosa a más de 200 kilómetros por hora.

El incomprensible casamiento con Cecilia Bolocco terminó en conflicto y con un hijo llamado Máximo. Al final, según su hija Zulemita, Carlos Menem se fue de este mundo mientras tomaba de su mano a Zulema.

Uno de sus grandes logros fue subirse al avión de Alitalia que trajo a Perón de regreso a la Argentina. Compañeros de ruta y de butaca fueron Vicente Saadi y Ricardo Obregón Cano, quienes luego fueron gobernadores de Catamarca y de Córdoba. Más adelante estaban ubicados Leonardo Favio, José Francisco Sanfilippo y Marilina Ross, entre otros. Los caprichos de la historia hicieron que Antonio Cafiero, también fuera pasajero de ese avión histórico. Cafiero y Menem protagonizaron aquella elección interna que fue un punto de inflexión en el justicialismo. Todo el aparato le respondía a Cafiero. Pero el peronista común y silvestre se dejó seducir por las patillas tipo Facundo Quiroga del caudillo riojano y por promesas como el salariazo y frases de contenido religioso como “Siganmé, no los voy a defraudar” o “Argentina, levántate y anda”.

Carlos Menem, como presidente, obligó a censurar un programa de televisión llamado “Sin Límites” que hacíamos con Marcelo Longobardi, Luis Majul y Román Lejtman. Ese drama, en América TV, fue producto del enojo que le produjo la investigación sobre lo que se conoció como “La Pista de Anillaco”. Después, en una acto dijo que los periodistas del programa éramos “ladrones y pagados por la oposición”. Yo le inicié un juicio por eso. Pero desistí de la querella varios años después, cuando Alberto Kohan con amabilidad, me lo propuso para convencer a Menem de que participara de un programa que yo conducía y al que llevé a todos los presidentes desde 1983.

No fue una persona rencorosa. Tal vez fue el primero que se dio cuenta que los deportistas y los artistas de la tele, le transferían un baño de popularidad que de otro modo, le hubiera costado mucho conseguir. Los encuentros con los Rolling Stones, Madonna, Charly García, Antonio Banderas, Diego Maradona, Moria Casan, entre otras vedettes que siempre intentó seducir, le dieron un nivel de conocimiento público único en épocas donde no existía la internet y mucho menos el Twitter o el Facebook.

Sus corbatas importadas y coloridas, sus anillos y relojes, el amor por lo bizarro y lo dorado y la forma de disfrutar el poder que tenía, transformó a su apellido, en una estética y un sello cultural de la frivolización de la política. Menem lo hizo. Mucho tiempo antes, que Donald Trump.

Álvaro de Lamadrid, el diputado radical de Juntos por el Cambio  dijo que Menem “tiene que ser el último político impune, el último que se escape de la justicia”. Ojalá que así sea. Que logremos no repetir la historia. Sin odios ni venganzas. Pero con verdad, justicia y castigo a todos y todas las culpables.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre