Maradona, entre Dios y el diablo

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Hoy, Diego Maradona está cumpliendo 60 años. Yo sé que en una villa nació, fue deseo de Dios, crecer y sobrevivir a la humilde expresión. Enfrentar la adversidad con afán de ganarse a cada paso la vida.

Yo sé que en un potrero forjó una zurda inmortal con experiencia sedienta ambición de llegar. De cebollita soñaba jugar un Mundial y consagrarse en Primera, tal vez jugando pudiera a su familia ayudar… Yo sé que, por lejos, fue el más grande jugador que vi en mi vida. Y lo vi muy de cerca porque yo era periodista deportivo en sus momentos de gloria. A ese Diego no tengo nada que reprocharle. Repartía felicidad a las multitudes en los estadios con sus pies alados y su cabeza creativa y mágica. Ese Maradona lo disfruté como quien disfruta a un artista descomunal. Ese Diego que admiré tanto me llevó incluso a ponerle su nombre a lo que más quiero en la vida: a mi hijo. Aquel Maradona no me lo quita nadie. Ni el mismísimo Maradona con ese personaje nefasto, oportunista y descontrolado en el que se convirtió.

Comprendo que hay excusas. Que nadie de tan abajo llegó tan arriba y que tantas tentaciones y millones de dólares hacen que sea difícil ser Maradona aún para Maradona. Pero quiero hablar del Maradona ciudadano, de sus contradicciones insólitas, del que vivía en Dubai y merodeó por Bielorusia, entre el lujo de los jeques árabes que nadan en petrodólares y su apoyo a regímenes dictatoriales que violan los derechos humanos y hambrean a su pueblo como la Cuba castrista y la Venezuela chavista.

Muchas veces me pregunto, ¿cuál es el verdadero Maradona? El que tiene tatuado al Ché Guevara en su piel o el que en 1978 cuando la selección ganó el mundial juvenil le dijo al genocida de Jorge Videla que “era un orgullo” tener las felicitaciones “de nuestro presidente. Este triunfo es para usted y para todos los argentinos”.

Es verdad que Diego era un pibe y todavía no conocía demasiado el mundo de la democracia. Pero lo cierto es que no recuerdo que se haya autocriticado de aquella efusividad con el jefe de los terroristas de estado. En realidad, todas las opiniones de Diego estuvieron cargadas de conveniencia y oficialismo permanente. Expresó su apoyo a todos los presidentes que tuvimos. En 1986 con Raúl Alfonsín y después levantando la copa en el balcón de la Casa Rosada, por ejemplo.

Pero su devoción y entrega total la tuvo con Carlos Menem. Hasta en la tapa de El Gráfico salieron juntos después de un partido en el que ambos vistieron la camiseta celeste y blanca. Diego llegó a decir muy suelto de cuerpo: “Si Menem me lo pide acepto ser su compañero de fórmula”. ¿Se imaginan lo que hubiera sido Maradona como vice de Menem? Vade retro. Menem hizo muchas macanas pero esa la gambeteó. Hay cientos de fotos en los archivos de ambos en todas las circunstancias imaginables.

Simultáneamente Maradona ya comenzaba a expresar por su admiración primero por Fidel y luego por el comandante Chávez y nunca se dio por enterado que era como ser hincha de River y de Boca al mismo tiempo. Mientras tanto, disfrutaba del calorcito y de los privilegios que le daba la cercanía al poder. Hay que decir que la cuestión fue un ida y vuelta. Que Maradona usó a los políticos y que los políticos lo usaron a él. Intercambio de servicios, se llama eso. Tomála vos, dámela a mí.

Diego también expresó públicamente su respaldo electoral a Fernando de la Rua. “El chupete es mi preferido, es un hombre muy creíble” dijo antes de sacarse una foto con la camiseta de Boca y los hijos del ex presidente radical. Eso no le impidió ponerse la camiseta del equipo de los Kirchner pero también meterles un gol en contra cuando menos lo esperaban. En plena guerra del gobierno contra el campo, en el debate parlamentario por la 125, Diego se despachó con un respaldo inesperado al vicepresidente Julio César Cobos.

Después de aquel legendario voto no positivo de madrugada, Maradona lo llamó por teléfono para felicitarlo. Maradona le confesó a Cobos que su voto, el que le asestó una derrota tremenda a Cristina, él lo había “gritado como si hubiera hecho un gol. Lo grité por mi país y por mi bandera. Porque desde el día anterior la gente había dicho basta. Cobos nos enseñó a ser argentinos y si decía que sí, el kirchnerismo nos iba a seguir empomando”. Son todas declaraciones textuales tomadas de archivos que cualquiera puede certificar.

¿En qué quedamos, Diego? Apoyaba a los Kirchner pero celebraba el triunfo de lo que los Kirchner habían definido como “la oligarquía golpista”. Otra vez jugando para Boca y River simultáneamente. El colmo del doble discurso fue con Julio Grondona. Igual que su amigo Víctor Hugo Morales apoyó la estafa propagandística de Fútbol para Todos pero después calificaron a Julio Grondona de mafioso. ¿En qué quedamos? Maradona estuvo en aquel acto al lado de Cristina, Aníbal y el mismo don Julio de siempre?

En el mundial pasado hizo un programa llamado “De Zurda” con el relator del relato y ambos le cobraron fortunas a Telesur el canal chavista mientras el pueblo de Venezuela no tenía ni tiene para comer. Por algo Diego participó de la campaña electoral de Maduro, bailó en los escenarios para Nicolás y le regaló un reloj que cuesta alrededor de 60 mil dólares.

Si aman tanto al socialismo bolivariano, por lo menos podrían trabajar gratis o donar sus sueldazos a los hospitales que no tienen ni algodón. La contradicción y el oportunismo es una constante en Diego. En su vida personal no me quiero meter. Pero su adicción a las drogas le generó un infierno a su vida familiar. El descontrol y la lengua pesada lo llevaron a decir que su ex mujer, Claudia y sus hijas a las que tantas veces dijo adorar, eran unas ladronas y que estaba dispuesto a meterlas presa si no le devolvían su dinero”.

Tiene varios hijos que fue reconociendo con el tiempo. Pero no estuvo en el casamiento de su hija. Hace un par de años, Diego sacó a relucir toda su furia cristinista y su odio al ex presidente Macri. Hay un video en el que está rodeado de pibes de La Cámpora donde canta “vamos a volver” con algún insulto en el medio que, muchos medios, decidimos no pasarlo por pudor. Está tan descontrolado que no puede coordinar sus movimientos ni sus palabras. Es una imagen patética y triste.

Es raro porque hace un tiempo, supo jugar en la quinta de Macri y en su equipo. Eran tiempos de buenas relaciones entre los dos. Hoy Diego habla pestes de Macri. Hay fotos de Maradona abrazado a Macri en el centenario de Boca Juniors cuando lo distinguieron con una medalla. Pero luego, superó todos los records. Junto a Hebe Bonafini, el Diego se convirtió en el crítico más despiadado de Macri. Le dijo de todo, Que no sabe leer. Que el con segundo grado del comercial lee mejor que el ingeniero. Que fue el peor presidente de la historia y que por su culpa el país estuvo de rodillas y, finalmente, dijo que Macri “me haga lo que me haga, voy a ser cristinista hasta los huevos: ya nos vienen robando desde Franco Macri”.

Eso está por verse. Dio tantas vueltas Maradona que nunca se sabe. Hizo tantas gambetas que nunca es la última. De hecho calificó de traidor al intendente de Ezeiza, Alejandro Granados cuando él y su familia lo protegieron en sus momentos de crisis y hasta le dieron casi la dirección técnica de Tristán Súarez, el equipo de los Granados.
Hace un tiempo se reconcilió con su histórico amigo Guillermo Cóppola. Pasó de acusarlo de ladrón, de que le había robado su dinero, a abrazarlo en Rusia. En los estadios rusos hizo papelones y dio vergüenza ajena. Fumó un habano pese a que está prohibido. Festejó el gol de Rojo haciendo fuck you con ambas manos para insultar a los sencillos y pacíficos nigerianos. Después lo de siempre: pérdida del equilibrio en todo el sentido de la palabra y la demostración de que no se murió como falsamente dijeron algunos medios truchos, pero que se va a morir pronto si sus amigos no lo ayudan en forma urgente. La pregunta es si le quedan amigos de verdad. O solamente los rodean quienes le comen la billetera.

Con Guillermo Moreno son tal para cual. Agresivos, puteadores, groseros. Hay un video en donde juntos cantan la marcha peronista en el Vaticano con una bandera que dice: “Clarin, la tenes adentro”. El Papa Francisco lo recibió varias veces y él lo llama “Francisquito”.

Todos estos Maradona fueron y serán Maradona. Llegó a decir que Menem era inocente en el contrabando de armas y ahora mira para otro lado. Utilizó una remera que decía: “Aguante Mingo”, en defensa de Cavallo. Maradona amaga por izquierda y sale por derecha. Con la pelota en los pies era imparable. Un genio. El Dios de los estadios. Pero afuera de la cancha, a esta altura, es un señor que representa lo peor de nosotros, un diablo. Diego Armando Maradona. Aquel futbolista merece la gloria. Esta caricatura decadente merece la tarjeta roja. ¿No le parece?

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre