Los traficantes de vacunas en la mira de la justicia

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Hace 50 días, los definí como los traficantes de vacunas. Porque eso es lo que son. Delincuentes que le robaron las dosis a los más necesitados. Y encima, con el agravante de que lo hicieron desde el poder. Pensaron que iban a zafar como lo hacen siempre con una impunidad eterna. Pero se encontraron con una Cámara Federal que ordenó reabrir la causa por el escandaloso vacunatorio vip.

En su momento, Alberto Fernández que por acción u omisión también es responsable, quiso cerrar el tema y le cortó la cabeza a su gran amigo Ginés González García. Es que fue el jefe de operaciones de la vacunación de privilegio. Ginés se enojó, habló de traición y falta de códigos y ahora padece un feroz castigo social que lo persigue a sol y a sombra. Lo escracharon en España, en bermudas y ojotas, tomando un vinito en un barcito de Madrid y lo expulsaron con insultos gravísimos de dos restaurantes, uno de Puerto Madero y otro de San Telmo. Ginés termina su larga carrera como sanitarista peronista en un pozo negro de desprecio que nunca imaginó.

El peronismo más autoritario y chavista se cree dueño y no inquilino del estado. Se sienten propietarios de la Casa Rosada, de la patria, del sexo placentero y hasta de la verdad. También se auto perciben dueños de las vacunas y por eso no sintieron ni culpa ni vergüenza a la hora de apropiarse en forma ilícita de esas inyecciones que eran para los que más riesgos tenían. Y se la pusieron los que más poder tenían.

La Cámara Federal le ordenó a la jueza María Eugenia Capuchetti que profundice la investigación que cerró a la velocidad de la luz. O mejor dicho, a la velocidad de la oscuridad.

Es una noticia pésima para el gobierno de los Fernández. Para Alberto peor todavía, porque la decisión de los camaristas deja sin argumentos la defensa que hizo el presidente del cumpleaños clandestino que organizó en Olivos. El jefe del estado, en su escrito pidió ser sobreseído y utilizó como argumento el fallo de Capuchetti que ahora fue demolido.

Pero para Cristina también son muy malas noticias. Porque exponen acciones muy negativas y cero solidarias de sus funcionarios, a pocos días de las elecciones. Y sienta de nuevo en el banquillo de los acusados a gente de su más amplia confianza como Carlos Zannini, Jorge Taiana, Eduardo Valdés, Jorge Devoto y Horacio Verbitsky, entre otros.

El tsunami de escándalos que produjo y padece el gobierno no debería ocultar la hecatombe económica, el fracaso sanitario y la inseguridad galopante. Y ahora, se sume esta situación que, junto con el cumpleaños ilegal de Fabiola, produjo una gran indignación entre la gente menos politizada.

Este expediente inquietante deja al desnudo uno más de los privilegios de una casta que se cree superior a todos los mortales. Y que se burla y ofende el dolor de más de 111 mil familias que perdieron a sus seres queridos.

Hay que seguir profundizando la investigación. Eso ordenaron los camaristas. Es que los delitos que cometieron los traficantes de vacunas pueden ser varios: abuso de poder y malversación de fondos y documentos públicos, entre otros.

Gran parte de los argentinos ya juzgaron esta actitud aberrante, insolidaria e inhumana. Se trata de una de las humillaciones más repugnantes que los funcionarios, que se creen reyes, cometieron contra los plebeyos, ciudadanos comunes. Fue una provocación que en muchos casos se exhibió en forma desafiante con fotos de chicos y chicas de La Cámpora con los dedos en “ve” y el hombro vacunado.

La resolución de los camaristas dio un paso importante contra  la impunidad de los que le robaron a padres, abuelos, médicos y enfermeros la posibilidad de salvar su vida. Se salvaron solos y condenaron a otros a la muerte.

Es imperdonable que fanáticos que se llenan la boca hablando del pueblo y de la igualdad, a la hora de la verdad, se hayan apropiado de los salvavidas y arrojaron del barco a los demás. Los empujaron a un mar repleto de tiburones. Y encima, se creen revolucionarios y esa traición es de una mezquindad y salvajismo pocas veces visto.

Ginés fue el autor intelectual y material de la estafa moral. Pero está clara la complicidad de la actual ministra Carla Vizzotti. Parte de la vacunación vip se hizo en un despacho que estaba al lado del suyo, mintió cuando minimizó todos los casos y encima inmunizó a sus padres cuando tampoco les correspondía.

Hablo de Carlos Zannini y su esposa, de Horacio Verbitsky, de Hugo Moyano, su esposa y su hijo de 20 años, de la familia Duhalde, de Eduardo Valdés y Jorge Taiana, entre otros monarcas y malandras de estado.

Cuando un barco se hunde, el grito es “las mujeres y los niños primero”. Estos salvajes gritaron en silencio: “Primero nosotros, los kirchneristas”. Esta concepción estalinista de la superioridad moral sobre el pueblo ignorante que debe ser conducido, la confeso el propio Zannini. Retó a Verbitsky porque sentía culpa y había pedido tibias disculpas. “Vos sos una personalidad que la sociedad debe proteger”, le dijo el jefe de todos los abogados del estado al jefe informal del espionaje cristinista.

Falta mucho por investigar y condenar.

Buscan la impunidad de rebaño.

Este gobierno de mediocres y no de científicos, está desarrollando un plan de impunidad para Cristina y no logra establecer un buen plan de vacunación.

Es imposible olvidar cuando, desde el gobierno, se dijo que si hubiera estado Mauricio Macri de presidente, los fallecidos hubiesen llegado a 10 mil. Eso se llama escupir sangre para arriba. Eso se llama triunfalismo vacío.

Todo esto es grave. Pero lo más terrible fueron los traficantes de vacunas. Ni olvido ni perdón.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre