El peligroso engendro de la justicia

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La reforma judicial y la segura ampliación de la Corte, anunciada por el presidente Alberto Fernández, conforman un peligroso engendro de extrema gravedad institucional. Varias opiniones utilizaron la metáfora del alumbramiento. Eduardo van der Kooy, en Clarín, tituló “Reforma mal parida, sin consenso y hecha a medida”. Mario Negri, el jefe del interbloque de diputados de Cambiemos, dijo que la comisión asesora nacía muerta por la presencia de Carlos Alberto Beraldi, el abogado de Cristina y de Cristóbal López.

Sigo en la misma línea y trato de proyectar hacia el futuro el análisis. Ayer se produjo el parto de un engendro, es decir de una criatura deforme o de gran fealdad, según el diccionario de la Real Academia. Hay que decirlo sin dar más vueltas: en la Casa Rosada, Alberto colocó la piedra fundamental del operativo más formidable de búsqueda de impunidad y venganza del que se tenga memoria en democracia. Semejante esperpento fue concebido a la luz del día, entre barbijos, con una orfandad política fenomenal y con un discurso cargado de falsedades e hipocresías. Si miramos la historia y la geografía de las tiranías, siempre comienzan por reducir a la servidumbre a la justicia y dinamitar todo vestigio de independencia.

Desde ese castillo donde reinará Cristina, van a iniciar el resto de la demolición del régimen democrático tal como lo conocemos. Irán por la ley de medios, tal como prometió Gabriel Mariotto, para silenciar las críticas, van a eliminar las elecciones primarias y si les conviene, también los comicios parlamentarios, con la excusa de la pandemia. La consagración será el asalto a la Corte Suprema y luego, la reforma de la Constitución Nacional. Por eso hablo de este engendro peligroso. No solo porque es un mamarracho desde lo técnico o el sentido común. Básicamente porque es la puerta de entrada a un infierno antidemocrático.

Hace poco le dije que el pacto espurio que firmaron los Fernández es de cumplimiento imposible dentro de las normas republicanas, tal como la conocemos. No se puede ocultar semejante nivel de cleptocracia y latrocinio sin violentar la división de poderes y la Constitución. No hay manera. Cristina y sus secuaces no se robaron un vuelto o cobraron una coima en una licitación. La magnitud colosal del saqueo al estado la demuestra que hasta los secretarios privados del matrimonio, murieron nadando en dinero ajeno y con patrimonios de jeques árabes. Cristina tiene que estar en el banquillo de los acusados pese a que según ella, ya la absolvió la historia, como dijo emulando a Fidel Castro. Hay cantidad y variedad de pruebas documentales y decenas de testimonios de ex funcionarios y empresarios coimeros arrepentidos.

Por eso esta inquietante movida se hizo en plena cuarentena, mientras la gran mayoría de los argentinos está ocupado, preocupado y asustado por los muertos del coronavirus, los heridos graves de hecatombe económica y los robos y asesinatos de la pandemia de inseguridad. Todo el mundo habla de que no hay un peso y de la austeridad que debemos tener como regla. Se calcula que el déficit del PBI va a ser del 10%, el mayor desde la recuperación de la libertad en 1983. Pero nada detiene a Alberto cuando Cristina le sopla la nuca y le coloca un puñal simbólico en el cuello. Según Hernán Capiello y Candela Ini, el despropósito que se presentó ayer en sociedad, incluye la designación de 323 nuevos cargos en los tribunales con sueldos promedio de 400 mil pesos.

No había momento más oportuno para Cristina y más inoportuno para la mayoría de los ciudadanos. Con semejante situación la ex presidenta aceleró la colonización del Poder Judicial y hasta se dio todos los lujos en una clara ostentación de su poder. Ni siquiera fue a la ceremonia del Salón Blanco. No fue ella ni su hijo Máximo. Ella es la mano que mece la cuna y la que maneja por control remoto y desde su casa a Alberto. Por eso puso a su abogado en la comisión. No era necesaria esa provocación. Era demasiado evidente. Podría haber puesto a otro jurista amigo menos conocido y que no fuera su abogado. Pero esa una de las formas que Cristina tiene de ejercer la crueldad de su poder. Le refriega en la cara a toda la sociedad y al propio presidente, la gran capacidad electoral, de movilización y de daño que tiene. Beraldi es el apellido del sometimiento de la jefa política del jefe de estado.

Todo esto pone en tensión al sistema constitucional. La oposición lo advirtió a tiempo y huyó de ese lugar a toda velocidad. Los miembros de la Corte Suprema tampoco quisieron quedar manchados y no fueron al acto. Solo lo hizo la doctora Elena Highton de Nolasco, que es la que está más cerca de su jubilación. El resto, brilló por su ausencia.
Fernández tuvo la cara bien dura para hablar en contra de la utilización de la justicia para premiar amigos o castigar enemigos. Y de la manipulación de los servicios de inteligencia para extorsionar y tirarle carpetazos a los magistrados para arrodillarlos a voluntad.

Hace mucho tiempo que eso se practica en la Argentina con distinta intensidad según sea el gobierno de turno. Pero no hay duda que el matrimonio Kirchner llevó al éxtasis, ese tipo de maniobras fachistoides. Sus muchachos integran la selección de los peores monstruos de los tribunales como Norberto Oyarbide, Rodolfo Canicoba Corral, Jorge Ballestero y Eduardo Freiler, entre otros. Todos se fueron a sus casas con los bolsillos llenos, jubilaciones jugosas y un desprestigio pocas veces visto.

La buena noticia es que gran parte de la sociedad está muy alerta y pese a todas sus preocupaciones cotidianas, sabe que estos temas no son cuestiones teóricas o abstractas que no los afectan. La defensa de los valores republicanos se ha incorporado a todos los reclamos. Parece que ese republicanismo popular llegó para quedarse. El fuerte y extendido cacerolazo de anoche, organizado en horas y en forma espontánea e independiente, es la muestra más clara. Es más, por internet ya está girando una convocatoria patriótica y sanmartiniana para el 17 de agosto con todas las banderas desplegadas en las calles.

La voz potente de los ciudadanos movilizados ya sea en las plazas o en las redes, frenó la liberación de más delincuentes. No obstante, soltaron a 4.500 ladrones, violadores y criminales que de inmediato volvieron a sus tareas y multiplicaron la inseguridad en pocos días. La exigencia multitudinaria de los banderazos, le puso límites a la expropiación jurásica e insensata de Vicentín y a otro tipo de atropellos. En eso, los dirigentes de los partidos opositores van a la cola, corren detrás de los acontecimientos y en lugar de liderarlos, se transforman en algunos casos, en meros comentaristas de la realidad.

Pero sin dudas, la palabra de Alberto está más devaluada que nuestra moneda. Casi casi en todos los temas hizo giros copernicanos y está diciendo y haciendo todo lo contrario a lo que sostuvo, sobre todo en los años en los que estuvo enfrentado a Cristina. Dijo que le manejo de Cristina de la justicia era “deplorable”. Aseguró que la Corte tiene que tener 5 miembros y que todo lo demás es una fantasía. Incluso criticó a Eugenio Zaffaroni por su propuesta de dividir en salas al máximo tribunal. Es muy probable que finalmente, Alberto quede en la historia como el que hizo todo esto que dijo que no iba a hacer. Para empezar fue el vocero de la creación de este engendro jurídico cuya autora intelectual es Cristina, la que tiró la piedra y escondió la mano.

Y como si esto fuera poco profanó dos palabras y un concepto que debería estar reservado para los momentos sagrados y no para la exposición de falsedades. Utilizó el “Nunca Más”, como latiguillo para plantear que nunca más debe haber “una justicia influida por los poderes mediáticos, fácticos o políticos” mientras es exactamente eso, lo que está implementando.

En ese mismo camino de violentar la realidad y al hacer historia, habló de los habeas corpus que presentaron durante la dictadura militar y que los jueces rechazaban. Varias aclaraciones. Fernández, Alberto no presentó un solo habeas corpus. Incluso, era muy joven y ni siquiera era abogado al comienzo del golpe de Videla, pero ya hacía sus primeros pininos en los despachos de un par de jueces ligados a los militares. Y Fernández, Cristina tampoco presentó ningún habeas corpus al igual que su esposo Néstor Kirchner. Si lo hicieron otros abogados peronistas de Santa Cruz, como Rafael Flores, por ejemplo. Hace poco le dije que Alberto Fernández tiene dos enemigos feroces: Cristina y el archivo. Y todos los días demuestra que no los puede superar.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.