Aníbal, un patotero de estado

667

La amenaza del ministro Aníbal Fernández contra el dibujante Nik fue brutal. El único dato positivo es que produjo un tsunami de repudios y pedidos de renuncia. La reacción de la parte más democrática de la sociedad fue inmediata y contundente. La caricatura que hizo Nik, con un Gaturro enojado, de ceño fruncido y triste exigiendo al “Ministro, con nuestros hijos, no” fue el mejor resumen del estrépito que generó Aníbal con su intimidación en la que involucró a las hijas de Nik y al colegio al que concurren. Detrás de Gaturro aparece un nenito al que se le escapa una lágrima.

Fue un retrato de lo que en realidad ocurrió después de la salvajada y del patoterismo de estado de un ministro que debe garantizar paz y seguridad y solo transmite pánico y provocación. El propio Nik, sacudido por la emoción y al borde del llanto, comentó que sus hijas habían llorado y que estaban obviamente impactadas. Una de ellas no quiso ir a la escuela. Fernández que trabaja de guapo y lenguaraz, esta vez cruzó un límite que jamás hay que cruzar. Los hijos son lo más importante que tenemos en la vida y ellos no tienen nada que ver con lo que hacemos ni pensamos. Siempre hay que protegerlos y preservarlos.

Hubo cientos de repercusiones institucionales e individuales. La de la Academia Nacional de Periodismo que calificó de obsceno al texto apretador y exigió que el Presidente diga si está de acuerdo con su ministro o no. También repudiaron el Foro de Periodistas, la Asociación de Entidades Periodísticas, la DAIA, la mesa nacional y el interbloque de Juntos por el Cambio que exigió que el ministro de la Inseguridad presentara su renuncia.

Entre los rechazos de alto impacto elijo el del brillante periodista franco argentino Alejo Schapire que se preguntó en Twitter “¿Esto es para ganar el voto de Biondini?” O el del prestigioso constitucionalista Daniel Sabsay: “un patotero, mentiroso, expresión del peor fascismo antisemita. Abuso de poder, incumplimiento de los deberes de funcionario público, extorsión, discriminación, intimidación. Que pasa que ningún fiscal lo denuncia. El Inadi, que espera para actuar”.

Florencia Arietto agregó que este caso aplica para que Nik “pida asilo político. Ese es el nivel de gravedad institucional. La Convención  sobre el estatuto de los refugiados establece que quien sufra persecución del Estado, por sus posiciones políticas, puede pedirlo”.

Del lado del gobierno y sus fanáticos, poco y nada. Algo tibio de Manzur o de Santoro y pará de contar. Omertá. Complicidad. En febrero de 2015, en el diario La Nación, el actual presidente Alberto Fernández, en su ya histórica columna contra Cristina por el tema Amia y el encubrimiento de los terroristas que la volaron, utilizó la imagen del silencio como fantasma perpetuo. Y hoy podríamos decir lo mismo sobre la forma en que se lavó las manos y miró para otro lado ante la semejante brutalidad de Aníbal. Que el silencio erice la conciencia de Alberto. Que su propio silencio lo aturda.

¿Tendrá la dignidad de renunciar? Aníbal, un guarda espaldas todo terreno está ocupando el cargo número 21 en el estado. Tiene una de las imágenes más negativas de la argentina junto a Hugo Moyano y Luis D’Elía. Ayer con el arma de la ironía, varios críticos sin partido decían que para Juntos por el Cambio era preferible que Aníbal no renunciara, porque era el mejor jefe de campaña de la oposición. Veremos.

Nik ya tomó la decisión de presentar una denuncia penal por amenazas ante la justicia. Es en defensa propia y de todos los padres que aman y protegen a sus hijos. “Tengo miedo, estoy triste y preocupado”, dijo Nik que atravesó este episodio escalofriante asombrado del manejo de la información privada de los ciudadanos y de la asimetría entre un poderoso funcionario y un ciudadano de a pie. Como si esto fuera poco, uno se pregunta cómo es posible que Fernández tenga tiempo para ir patrullando las redes y contestando con palabras despreciables. Como si no tuviera trabajo por hacer. Como si la multiplicación de los narcos no fuera un drama que lo interpela, como si los robos y crímenes cotidianos, ocurriera en otro país. ¿Hace unos días convocó a que victimarios, delincuentes encapuchados, violentos e incendiarios y falsos mapuches se sentaran a negociar con las víctimas, pacíficos propietarios de las tierras usurpadas. ¿Ese es un ministro de Seguridad o es un cómplice de los delincuentes? Si hay un muerto en esas batallas sin reglas y sin razones, ¿Quién se hará responsable?

Aníbal, incluso mintió al decir que la escuela ORT cobraba subsidios del estado, cosa que fue desmentida de inmediato. Abatido por la reacción masiva en su contra, al final del día Aníbal intentó pedir disculpas a medias pero en eso también fracasó. La soberbia y la impunidad suelen ser malas consejeras. Nik rechazó el tono burlón y muchachista con el que lo llamó el vocero del ministro. Y después calificó de horrible un mail que el funcionario le envió y un mensaje escrito por teléfono en el mismo sentido.

En una de esas supuestas disculpas, Aníbal seguía disparando contra Nik con acusaciones sobre su tarea profesional absolutamente falsas inventadas por colegas mediocres y fracasados. “Él vive agraviándonos y nadie dice nada”, contraatacó el ministro todavía en funciones. Nik ejerce el periodismo crítico a través de sus editoriales con caricaturas y humor. Es la libertad de prensa, estúpido. Nik jamás hubiera informado a que colegio van las hijas de Aníbal. Pero no lo entienden porque no creen en la democracia ni en los disensos. Por eso, Aníbal representa lo peor de la política. El patoterismo de estado. Y eso no puede ocurrir nunca más en la Argentina. La inmensa mayoría de la sociedad no quiere matones. Quiere libertad para opinar y trabajo digno para ganarse la vida. ¿Será mucho pedir?

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre