Alberto, el presidente que no preside

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El gabinete está lleno de funcionarios que no funcionan. Gobierno de mediocres más que de científicos. Pero lo que realmente tiene extrema gravedad institucional es que Alberto es un presidente que no preside. Nos estamos acostumbrando pero se trata de una anomalía que no permite que el gobierno gobierne. Más allá de su contenido ideológico, que es profundamente jurásico. Cada vez más aceleradamente, Cristina lleva al país a un terrible nacional populismo, autoritario y chavista. Y eso no es gratis. Por eso no tenemos vacunas. Por eso no tenemos inversiones, ni crédito ni credibilidad en el mundo.

Por eso los países democráticos y desarrollados miran con rechazo que Argentina sea aliada y cómplice de Venezuela, Cuba, Irán y Rusia, entre otros. Estamos mal y vamos peor. Con mucha preocupación hay que decir que a esta altura importa poco lo que haga o diga Alberto. ¿Se da cuenta a lo que hemos llegado? Nada de lo que haga o diga el presidente tiene valor hasta que sea ratificado con rechazado por Cristina. Las últimas imágenes del naufragio de Alberto lo mostraron como un lastre tanto para Cristina como para una inmensa mayoría de los argentinos.

Es que no se cansa de hacer papelones y de erosionar su propia investidura. Le tomó juramento a Martin Soria y quiso calmar su culpa por haber tirado por la ventana a su amiga y socia de toda la vida, la ex ministra Marcela Losardo. ¿Qué dijo? “Ella hizo exactamente lo que yo le pedí”.

Primer dato: Losardo no fue al acto. Tal vez estaba preparando la valija para irse al exilio dorado en la embajada de la Unesco en Paris. Segundo dato: ¿Alberto no se da cuenta que dijo un sincericidio? Una confesión de su propia debilidad. Si la ministra hizo lo que el Presidente le pidió, ¿Por qué ya no es más ministra? Elemental, Watson. No aclares que oscurece. Cristina ya vació de poder a Alberto y ahora lo vació de sentido común. Por momentos, Alberto parece una persona tambaleante, con la mirada perdida y contra las cuerdas. “Groggy”, como anticipó Eduardo Duhalde.

El presidente que no preside tuvo la misma torpeza autodestructiva en la entrevista que le concedió a Horacio Verbistsky. Es un personaje que resume lo peor del kirchnerismo. Segundo jefe de la inteligencia de Montoneros, doble agente durante la dictadura, entregador de sus compañeros, operador de Cristina en la justicia y jefe informal de los espías del oficialismo. Y como si esto fuera poco, traficante de vacunas para los privilegiados Vip. Verbitsky pidió disculpas suaves y formales, se escondió 15 días y enseguida consiguió otra radio para inocular sus venenos provocativos. ¿Qué hizo el presidente frente a semejante personaje “pianta votos” y de alta imagen negativa? Le dio una larga entrevista donde, juntos, se burlaron de Mauricio Macri? ¿Se lo ordenó Cristina o Alberto a esta altura hace cosas por las dudas, para agradarle a su jefa política? Alberto, ¿Ya es más cristinista que Cristina? Y como si esto fuera poco, durante el reportaje reveló algo que también podría ser un tiro en sus pies. Acusó al juez Julián Ercolini de haber procesado a Alejandra Gils Carbó por presión del gobierno anterior. ¿Aportó alguna prueba? ¿Hay un video o un audio o aunque sea un testigo? ¿Es su palabra contra la palabra del juez? ¿Por qué Alberto no denunció antes ese delito? Semejante denuncia no puede quedar así. Si es cierto, Ercolini tiene que renunciar e irse a su casa. Y si no es cierto, debe denunciar al presidente por injurias y por haberlo difamado ferozmente. Veremos. Cero ganancias y todo pérdida para Alberto que se mete solo en esos pantanos.

Sus ministros confiesan que están confundidos y a la deriva. No saben para dónde ir. Todo el tiempo Alberto dice algo, Cristina asegura lo contrario y al minuto, Alberto recoge el barrilete y se subordina a lo que dice y manda Cristina. En La Plata, en aquel acto, lo confesó con todas las letras: “Cristina, hice todo lo que me mandaste”.

Quedó como el chico de los mandados y ahora lo está confirmando ampliamente.

Ya se dijo casi todo al respecto. Editores que contaron que Alberto le tiró la renuncia a Cristina. Jorge Liotti, en La Nación, escribió que ella confesó en la intimidad que “se había equivocado al elegir a Alberto” y que dio señales de “soltar amarras”. Pepe Nun antes de morir, la caracterizó como “La presidenta de facto”. Daniel Sabsay habla de régimen vice presidencial. Nadie puede decir que no estaba avisado. Hubo decenas de advertencias. Quien quiera oír que oiga.

La gran pregunta que estremece al sistema es ¿Hasta dónde llegará Cristina? Ya lo convirtió en el títere que Alberto no quería ser? ¿Lo dejarán sentado en el sillón de Rivadavia? ¿O luego de usarlo para llegar al poder lo van a tirar a la basura? Si recurrimos a la historia reciente, veremos con inquietud que los Kirchner pusieron en lugares de poder a un par de testaferros y luego los sacaron de un plumazo. Hicieron eso con dos gobernadores de Santa Cruz como Sergio Acevedo y Carlos Sancho. Como si fueran muñecos, los colocaron en la gobernación y cuando ya no les servían, los decapitaron. No tienen piedad. ¿Serán capaces de voltear a Alberto? ¿Llegaran a semejante locura? ¿Lo convencerán de que pida licencia por sentirse agobiado? Sería un precipicio institucional sumamente peligroso. Pero tratándose de Cristina, de su poder, de su dinero, de su impunidad y venganza, yo no descartaría nada.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.