Las catástrofes que produjo Alberto

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Casi, casi que lo bautizó Cristina. Alberto es el presidente que no preside. El más alto funcionario que no funciona. Es el balance de un año de desgobierno que produjo una verdadera catástrofe sanitaria, económica, moral e institucional. No hay un solo indicador que haya mejorado. Los opositores en las redes sociales instalaron el hashtag “#el peor gobierno de la historia”. Pero hay otras voces más independientes o directamente peronistas que lo definen con conceptos muy similares. Joaquín Morales Solá escribió que “Alberto está a un paso de la rendición” y advirtió sobre un golpe palaciego. Fue muy a fondo al afirmar que en el peronismo se preguntan en que momento estallará todo esto.  Se refiere al gobierno como “inoperante e inepto” con un gabinete, “esencialmente malo y de escaso valor político e intelectual”. Jorge Lanata dice que Alberto es el secretario de Cristina. Carlos Reymundo Roberts habla del “tercer gobierno de Cristina”. Pepe Nun dijo que “Cristina es la presidenta de facto”. Pero lo más grave es lo que ha dicho Eduardo Duhalde. Nadie puede acusarlo de gorila ni de oligarca. Es peronista hasta los huesos. Duhalde no anduvo con eufemismos. El ex presidente, ex gobernador y ex íntimo asesor de Alberto fue demoledor: “El presidente no está en su sano juicio”. Eso dijo. Sostiene hace tiempo que Alberto, acosado por Cristina y por su propia ineficiencia, está “groggy”, sin reacción, contra las cuerdas, tambaleante y se parece cada vez más a Fernando de la Rúa.

El honesto y valiente fiscal José María Campagnoli dijo que estamos frente “a un abismo institucional”, porque el gobierno, se siente cercado por la justicia y está dispuesto a patear el tablero.

Le recuerdo que apelando a la metáfora y terminología de la época yo le dije que Cristina le había expropiado el sillón de Rivadavia a Alberto y que le habían tomado la Casa Rosada. Miguel Wiñazki, filósofo y compañero de radio Mitre lo dijo casi poéticamente: “Alberto Fernández ejerce un poder que no tiene. Dice lo que no hace. Hace lo que no dice. Descubre lo que no ocurre y ocurre lo que no dice”. Desde el humor, editorializa Nik, también con la metáfora del megáfono que tanto impacto tuvo.

 “Cristina, con cada tema importante del país yo siempre te voy a escuchar primero a vos…, dice Alberto. Pero su jefa política, con la banda presidencial colocada, le contesta: “Igualmente, Alberto, con cada tema importante yo también me voy a escuchar primero a mi…”. Ironías y realidad que Gaturro, vestido de gaucho remata: “Don Segundo Sombra. Segundo y a la sombra de ella”.

Un tuit decía que Alberto no tiene nada para celebrar en este primer año en el gobierno, pero no en el poder. Alberto está en el “no poder”. Es Cristina la que dirige la batuta.

Los bandazos de la gestión chocan contra el nacional populismo chavista por un lado y por el otro contra el intento de hacer los deberes con el Fondo Monetario con un ajuste feroz. Por eso hay declaraciones tan contradictorias y tantos errores de instrumentación. Por eso la administración va un día para un lado y enseguida para el otro. El papelón que hizo Alberto en el tema jubilatorio fue tremendo. Trabajó 5 meses para encontrar una fórmula que agradara al Fondo y fue hundida en cinco minutos y de un plumazo por Cristina. ¿Qué hizo Alberto? Salió alegremente a decir que la idea de Cristina era mejor.

¿Qué otro camino tenía? ¿Alberto tiene el coraje y la capacidad política como para enfrentar a Cristina? ¿Tendría el apoyo de varios gobernadores e intendentes o lo dejarían solo contra la reina, como ocurre ahora?

Los resultados puros y duros hablan de un fracaso patético, prácticamente en todos los rubros.  Dijo que había que elegir entre la salud y la economía y chocó las dos.

Lo sanitario fue doloroso y humillante para nuestro país. Filminas que no eran ciertas, errores groseros, declaraciones inoportunas y frívolas, peleas con varios países y como si esto fuera poco, superamos los 40 mil muertos, con un millón y medio, estamos entre los diez países con más contagios de la tierra, en el marco de la cuarentena más larga y con menos clases del mundo y con una cifra entre las más altas de la cantidad de muertos por millón de habitantes.  Altanero e irresponsable, el gobierno había dicho que con Macri hubiéramos llegado a los 10 mil muertos. Hoy sin Macri y con Alberto, estamos a punto de superar los 40 mil.

En lo económico, estamos viviendo una verdadera hecatombe, pese a los 16 impuestos que puso o aumentó este gobierno. Las cifras de pobreza en general, y entre los niños en particular, son de terror: más de 20 millones de compatriotas padecen ese drama. La destrucción de casi 3 millones y medio de puestos de trabajo en un año es imperdonable. Y ni hablar de los comercios y las pequeñas y medianas industrias destruidas. Con meses y meses de cuarentena y consumo casi congelado, la inflación sigue siendo una amenaza brutal. En octubre fue del 3,8 % y nada indica que el año que viene estemos lejos del 50%. Compartimos el podio con los países más atrasados del mundo. El riesgo país de Argentina es de 1.422 puntos, el de Uruguay, apenas 146. Eso hace que nuestros hermanos pueden tomar deuda al 5% y que nosotros, en el caso de que nos permitieran algún prestamos no pagaríamos menos del 16% de intereses.  Datos duros matan relato.

Nos va a llevar años salir de semejante pantano que multiplicó todos las malas noticias.

Pese a esta contundencia aritmética, Alberto tiene la cara de acero como para decirle a los empresarios que nadie pasa hambre en la Argentina. Un informe de la UCA hoy asegura que más de dos millones de chicos sufren hambre al que científicamente llaman insuficiencia alimentaria severa y hay otros dos millones y medio que no alcanzaron a recibir las cuatro comidas diarias. ¿Cómo se llama eso? El horror del hambre. En el país que puede producir alimentos para más de 400 millones de personas. Por eso le digo que Alberto no quiere ver la pobreza, no quiere ver el ajuste. No quiere ver lo que no le conviene que es su imagen ante el espejo de la opinión pública. Su gran amigo, Claudio Moroni llegó a decir que estaba contento con el desempeño del salario real. Desde marzo, cayó el 7,4%. ¿Qué le produce alegría, ministro?

Y ni hablar de la catástrofe moral e institucional. De liberar presos y de darles siempre privilegio a los delincuentes y desprotección y ninguneo a las víctimas de la inseguridad y el narcotráfico. En el rubro inseguridad, el retroceso fue asombroso. Ni hablar de la complicidad que muchos funcionarios tienen con los grupos violentos que se auto denominan mapuches, pero que son delincuentes comunes. La ministra de Inseguridad, Sabina Fréderic, cada vez que puede, justifica, apaña y protege a los delincuentes. Hasta Sergio Berni salió a diferenciarse y a criticarla pese a que ambos juegan para Cristina.

El intento permanente por conseguir impunidad para Cristina y su banda y el “Operativo venganza”,  avanzan a toda marcha. El pliego de condiciones que le puso la vice a la Corte Suprema no tiene antecedentes por su virulencia. Un mini golpe de estado como dice el doctor Daniel Sabsay. Un golpe palaciego.

Cristinistas ya coparon gran parte de los lugares claves de la justicia pero todavía están en operaciones para destituir al procurador Eduardo Casal y poner a un soldado de Cristina y para ampliar los miembros de la Corte y diluir el poder de la actual generando una mayoría automática como en los tiempos de Menem.

Desde lo cultural, la glorificación de los barras brava, los presos y la guerrilla setentista es irracional. Ayer mismo, en la ex ESMA ante una mención de Lita Boitano, todos aplaudieron cuando ella dijo que las víctimas de ese campo de concentración eran “todos peronistas y montoneros”. Aplaudieron todos, incluso Cristina y Alberto.  No se puede obviar el lavado de cerebros y adoctrinamiento de los estudiantes, desde la primaria y hasta la universidad. Hemos asistido a espectáculos típicos del fascismo educativo.

Pero también es desolador el silencio frente al fraude de la narco dictadura de Venezuela.  El que calla, otorga. Quedamos del lado de Rusia, Cuba, Nicaragua e Irán. Se violan los derechos humanos, hay terrorismo de estado y el gobierno de Cristina no dice una palabra. Pero para el presidente formal, debe ser muy triste que nadie de su gobierno ni de su partido lo defienda o salga al cruce de dictadorzuelos de cuarta como el chavista Diosdado Cabello. El poder detrás de Maduro ya lo castigó varias veces a Alberto. Lo maltrata y nadie le contesta. Hace unos días le dijo “tibio, fío, tonto y pendejo”.

Es increíble porque más allá de su gestión decadente y sin rumbo, Alberto, es el presidente de la Nación. Pero el oficialismo no cuida su investidura. Todo lo contrario, Cristina en poco tiempo, lo vació de poder y lo dejó hecho un muñeco de torta. Se masificó mucho la figura del títere producto de las propias palabras de Alberto. ¿Se acuerda?

Pero la realidad es que más que títere, se parece a Chirolita, el instrumento de una ventrílocua. Esta palabra viene del latín y significa “el que habla con el vientre”. Y eso es lo más parecido a la realidad. Cuando Alberto dice sin convencimiento alguno o resignado que Cristina y el son lo mismo, y que nunca se va a pelear con ella, en realidad es hablado por Cristina. Solo falta que lo siente sobre sus rodillas. Sería el máximo símbolo de la sumisión a la que fue sometido. De hecho, los primeros vestigios de ventriloquía se han encontrado en el arte egipcio. ¿Tendrá algo que ver con la arquitecta egipcia?

Más allá de las chicanas, hay imágenes que son pesadillas. La implosión de la educación, producto del record mundial de aulas y días sin clases por orden de los jerarcas sindicales y la incapacidad de organizar el velorio de Maradona que terminó como una metáfora de los peligros que se vienen. Un año nefasto. Por culpa de la pandemia, pero también de un gobierno desastroso que produce mentiras y catástrofes.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre