El fin de ciclo de Cristina

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Es la gran pregunta para analizar el futuro de la Argentina. ¿Se termina el ciclo de Cristina? ¿Este 14 de noviembre, las mayorías en las urnas marcarán el comienzo del final del proyecto nacional populista autoritario que lleva el apellido Kirchner? Nadie lo sabe con precisión. Es muy difícil medir el humor de las sociedades en tiempos de cólera o de covid. Si se puede afirmar que el cristinismo nunca estuvo tan débil y cuestionado.

Un resultado electoral por abajo del 30% en el país y otra derrota en la provincia de Buenos Aires, podría desatar una crisis de liderazgo y una reformulación del mapa político. El peronismo que gobierna provincias y municipios ya registró que ni Alberto ni Sergio Massa tiene votos propios. Y si  alguna vez si los tuvieron, los prendieron fuego en el altar de Cristina. Los que prometieron combatir la cleptocracia y el chavismo K, finalmente, fueron sus aliados en el regreso al poder. Eso liquidó sus aspiraciones. Axel Kicillof es un fantasma que deambula por una provincia que no supo gobernar. Y Máximo Kirchner, obligado a mostrar su capacidad organizativa, su formación teórica y su carisma, fracasó en todos los rubros. Todos, incluida Cristina, tienen una imagen negativa superior al 70%, según la universidad San Andrés.

Por lo tanto, por antecedentes, solo queda Cristina más o menos en pie. Si ella se convierte nuevamente en mariscal de la derrota,  tal vez el justicialismo que quiere renovarse, se atreva a liberarse de esa mochila de piedras. Hoy Cristina tiene secuestrado al peronismo que, cada día le tiene menos miedo. Si el voto popular la vuelve a castigar, es probable que se acelere el parto de un peronismo más republicano y sin Cristina.

Nunca antes en la historia el peronismo unido había sacado tan pocos votos. Si la situación se repite o aumenta el caudal opositor, el peronismo, y Cristina, por primera vez perderán el quorum propio en el Senado de la Nación. Esta posible nueva realidad, produciría un mayor control democrático y serviría como contención republicana ante cualquier salto al vacío que Cristina quiera pegar en su radicalización.

Cristina, como decía Cooke del peronismo, es el hecho maldito del país burgués. Mas por resentimiento, voracidad por el poder y por el dinero que por ideología.

Es imposible que Argentina avance hacia un país más justo, desarrollado, moderno y ético, frente a la potencia tóxica que tiene la exitosa abogada que nunca ganó un juicio pero que lo perdió varias veces. Sus acciones vengativas, maltratadoras y de búsqueda desesperada de la impunidad, son un dique de contención para la refundación de la Argentina.

El gobierno de Alberto se desplomó en todos los sentidos y transita su agonía. Está a tiro del golpe palaciego que impulsan los cristinistas más duros como Fernanda Vallejos. Ellos acusan a Alberto de ocupa y mequetrefe y dicen que después de las elecciones, no solamente hay que poner a Roberto Feletti en lugar de Martín Guzmán. Sostienen que hay que empujar a Alberto para que se vaya, con la excusa de una enfermedad y para que Cristina gobierne con sus talibanes hasta el 2023. La Campora, la guardia de hierro de Cristina, está lista para apoderarse de todos los ministerios. Están convencidos que Alberto fue vaciado de contenido y no puede hacer bien ni siquiera el mal.

¿Se atreverá Cristina a asaltar el poder de esta manera? ¿Tendrá las energías suficientes? Está casi obligada a hacerlo si se guía por sus instintos y trayectoria. Y sobre todo, porque ella como presidenta por tercera vez, piensa que podría evitar ir a la cárcel o ser condenada por el latrocinio más grande que recuerda la patria en democracia.

El justicialismo no tiene líderes. Hoy carece de candidatos a presidente que sean competitivos. Y eso también es producto del cristinato. A su sombra no creció ni el pasto. No florecieron las mil flores que soñaba Néstor. Cristina con su centralidad y mano de hierro, pisoteó todos los brotes. El casting que hizo, siempre fue desastroso: apostó mal a Boudou, Axel, Alberto y Máximo. El resto, de sus acompañantes son sirvientes y no dirigentes. El sometimiento obsecuente es casi una condición esencial para ingresar al círculo más cercano a la Reina.

Joaquín Morales Solá la llamó la vice imperial de una monarquía electiva. Ya perdió 5 elecciones en 12 años. Y está a punto de perder la sexta por una diferencia mayor, según la mayoría de las consultoras.

¿Qué pasará el lunes 15? ¿Renunciarán otra vez los cristinistas? ¿Será el comienzo del intento destituyente contra Alberto con Wado de Pedro como autor material y Cristina como autora intelectual?

Jorge Liotti reveló que hay obispos que andan preguntando qué pasaría si Alberto no pudiera seguir gobernando.

¿Habrá un repliegue ordenado del peronismo o un estallido del sálvese quien pueda? ¿Se potenciará el liderazgo de Cristina o entrará en el ocaso de su reducción a una fuerza testimonial? Las urnas tienen la palabra.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre