El virus del autoritarismo

En sus 100 días como presidente, Alberto Fernández tuvo (y tiene) que enfrentar a tres enemigos muy poderosos: la deuda, la pandemia y Cristina. En esas tres batallas homéricas se define el futuro de todos los argentinos y el futuro político del jefe de estado. Si Alberto logra superar, aunque sea mínimamente, a estas tres terribles acechanzas, es probable que su gobierno empiece a gobernar. Aquí aplica muy bien eso de que lo que no te mata, te fortalece. Si la colosal deuda, la pandemia criminal y el virus autoritario y feudal de Cristina, no lo noquean en los primeros rounds, Alberto podrá sentirse victorioso.

No es nada fácil. Por el contrario, son batallas de una complejidad pocas veces vista. El mundo económico también se hunde y eso, seguramente, hará que esta Argentina en el fondo del mar despierte algún tipo de lástima o comprensión por parte de los acreedores. La peste traicionera comete crímenes de lesa humanidad planetaria pero, como otras pandemias, más temprano que tarde, agotará ese veneno que tiene coronita.

Lo que parece un obstáculo insuperable es Cristina. Ella sí, que como buena peronista, es incorregible. La deuda y el coronavirus le hacen la vida difícil a Alberto. Pero Cristina le hace la vida imposible. De arranque, Cristina se apropió de todos los lugares claves del estado pero ella y su banda no se hacen cargo de ninguno de los dos dramas más graves que sufre este país: la deuda y la pandemia. Sus soldados están estratégicamente atrincherados en donde puedan manejar montañas de dinero, impulsar la venganza y la propaganda y sobre todo, garantizar a impunidad de Cristina, su familia y el cártel de los pingüinos.

Si se mira con atención, podrá verse que casi no hay cristinistas dedicados a atajar los crueles penales de la deuda o del virus. Ellos miran de afuera. Dejan que Alberto se desgaste con su gente. Que pague todos los costos políticos y que Cristina siga invicta.
Alberto no puede decir nada porque el capital político mayoritario, es decir los votos, en su mayoría son de ella. Pero quien sepa mirar, se dará cuenta de sus gestos que demuestran lo insoportable que es gobernar con el feroz fuego amigo que le disparan tanto la vice presidenta como la tropa de fanáticos que la rodea.

Los cristinistas no dejan pasar una para boicotear o sabotear a Alberto. Cristina manda a los gurkas para que hagan el trabajo sucio. Pero en algunas oportunidades no puede con su genio y utiliza sus propias palabras como puñales por la espalda.
Apenas asumieron, mientras estaban festejando en la Plaza de Mayo, Cristina tomó el micrófono y le hizo una advertencia, casi una amenaza: “no se preocupe por las tapas de diario” y le ordenó que “se preocupe por llegar al corazón de los argentinos”, dado que “ellos siempre van a estar con usted”.

Cuando el presidente abrió con su discurso las sesiones ordinarias en el Congreso, Cristina mostró varios gestos de disgusto, mientras abanicaba sus calores y antes de llegar al recinto hizo una actuación antológica frente a las cámaras de la televisión. No se pudo escuchar demasiado, pero la lectura de labios y de gestos ayudaron a comprender la magnitud del reto: “Esto se acabó. No va más”, le espetó Cristina con cara avinagrada. Pero el gesto que hay que observar en ese video imperdible, es el de Alberto. La mira con espanto y disgusto y se queda callado como reconociendo que una respuesta destemplada sería un remedio peor que la enfermedad. Se tuvo que tragar semejante sapo en vivo y en directo. Después, algún albertista negó que esto haya sido así. Sanatearon que fue un tema de que se terminaba el protocolo de la firma de libros. No se lo creyó nadie.

Con el tema de los ex funcionarios delincuentes que están presos por robarle los dineros al pueblo, los tiros vinieron de parte de los que hablan cuando Cristina se los ordena. Bastó que Alberto hiciera una diferencia, cuando planteó que “no hay presos políticos. Son detenciones arbitrarias”. Eso fue suficiente para que una andanada de militantes de Cristina le salieran al cruce planteando lo contrario. Incluso su propio ministro del interior, Wado de Pedro. Por supuesto que Julio de Vido fue el más agresivo y contundente en la defensa de Amado Boudou, Milagro Sala, entre otros. A José López no lo defendió. Por el contrario lo acusó de ser macrista y traidor. López fue su mano derecha y dijo que los 9 millones de dólares que había intentado esconder en un convento se lo había llevado un secretario de Cristina. Tal vez por eso, ella dijo que llegó a odiar a López. Y él contestó que temía por su vida porque Cristina “era muy vengativa”. Por su parte, Oscar Parrilli, quien funciona como un mayordomo de Cristina, también salió a pedir por la libertad de los presos políticos. Todos contra Alberto.

Después de un discurso conciliador de Alberto donde planteó que aspiraba a terminar con la grieta y buscar consensos con la oposición, Cristina salió fuerte contra Macri. En Cuba, hizo una alusión absolutamente discriminatoria contra los calabreses asociando esa condición a la mafia. Habló de los ancestros italianos del ex presidente y su “componente mafioso”. Cristina fue denunciada ante la Oficina Anticorrupción “por su agravio racista”. Achile Variatti el vice ministro del interior, del Partido Demócrata de centro izquierda, se manifestó indignado “por este horroroso e insoportable agravio racista” y Nicola Morra, el presidente de la Comisión Anti Mafia y otros dirigentes expresaron su fuerte condena a esos dichos y le exigieron “formales disculpas”.

Abochornado y con vergüenza ajena, Alberto Fernández respondió recibiendo al embajador italiano y agradeciendo el extraordinario aporte de esa colectividad a la Argentina. ¿Y Cristina? Bien gracias. No pidió disculpas ni se retractó. Mantuvo tozudamente sus palabras y le produjo otro daño a las relaciones internacionales de Alberto. Al decir verdad, Cristina debe estar batiendo un record: debe ser la mujer que jamás pidió perdón por nada, ni reconoció un error. Es un signo de altanería y soberbia creer que uno es perfecto. Los italianos merecían un pedido de perdón. Pero eso es mucho pedirle a Cristina.

Con lo del Fondo Monetario pasó algo similar. Alberto hablaba de negociaciones firmes pero racionales con el Fondo. Se manejaba con respeto de la mano del Papa, Joseph Stiglitz y Martín Guzmán para intentar llegar a un acuerdo beneficioso para la Argentina. Y Cristina salió con los tapones de punta para marcarle la agenda y el territorio a Alberto y de paso dinamitar esas buenas relaciones. También desde Cuba (su segunda patria), Cristina reclamó una quita sustancial de la deuda y el Fondo le contestó a través de su vocero que esa posibilidad no estaba contemplada por el estatuto”. Cristina redobló la apuesta y retrucó que el reglamento también “prohíbe que se den préstamos para permitir la fuga de dinero y sin embargo lo hicieron”. Provocativa finalizó su tuit asegurando que “los argentinos y argentinas sabemos leer”. Dejó en offside a Alberto que no tuvo más remedio que salir a decir que la observación de Cristina había sido muy pertinente. ¿Qué otra cosa podía decir? ¿Contradecir a su vicepresidente? ¿Reconocer que ella se había mandado por las suyas sin siquiera consultar al presidente de la Nación?

El operativo desgaste de la investidura presidencial y el fuego amigo se potenció con el tema de la atropellada para lograr la libertad de Milagro Sala. Alberto buscó una salida legal y prolija diciendo que la Corte Suprema debería expedirse en un tema tan delicado. Pero Gerardo Morales denunció que Cristina le ordenó al senador Guillermo Snopek que presentara del proyecto de intervención de la justicia jujeña. Y en el senado, otra legisladora hiper cristinista, le dio curso. Eugenio Zaffaroni y Horacio Verbitsky son, según el gobernador jujeño, los autores ideológicos de la operación “Impunidad para Milagro Sala”. Es más, el gobernador aseguró que el principal es Verbitsky “quién tiene las manos manchadas en sangre porque entregó a sus compañeros durante la dictadura militar en su condición de doble agente”.

Pero la demostración más grande de Cristina se produjo en estos días. Exhibió la impunidad y la autonomía con la que se maneja, en plena hecatombe por el coronavirus y mientras el gobierno ataja penales terribles y recomienda quedarse en su casa. Sin embargo, ella se fue, entre gallos y medianoche a Cuba. Algunos la justifican porque dicen que fue a ver a su hija. Pero lo cierto es que recién al día siguiente la justicia suspendió el juicio por la corrupción en la obra pública de Santa Cruz donde ella debía comparecer. ¿Qué pasó? ¿Cristina es adivina? ¿Tiene la bola de cristal y se enteró que al otro día iban a suspender el juicio o directamente se fue a Cuba sin que le importe nada como es su costumbre? Ya se lo dijo a los jueces: Ustedes son los que van a tener que responder preguntas.

A mi, me va a absolver la historia. Parece que ya la absolvió porque ni siquiera pide autorización para ausentarse del país. Ella es la que reina en la Argentina. La Reina Cristina parece tener un secretario llamado Alberto Fernández. Los virus de la pandemia y de la deuda son muy difíciles de dominar. Pero el virus del autoritarismo es casi imposible.

Julio Garro: “La sociedad no ha tomado la conciencia que necesitamos para enfrentar al coronavirus”

El intendente de La Plata detalló las medidas de prevención que se tomaron en el municipio, en donde por el momento no se registraron infectados.


En medio de la expansión del coronavirus, el intendente de La Plata Julio Garro informó este miércoles que su municipio “no presenta casos confirmados”, aunque sí fijó máximas restricciones en línea con lo anunciado en Nación para reducir lo máximo posible el circulamiento de personas.

“No hemos tomado la conciencia que necesitamos y por ello decidimos cerrar todos los negocios y espacios de entretenimientos como shoppings, cines, teatros, restaurantes y bares para evitar contagios. El fin de semana largo que se viene puede ser utilizado para ir cenar y distenderse, pero consideramos necesario cerrar todo por 5 días, menos los supermercados, almacenes y farmacias, a quienes le hemos pedido que abran las 24 horas y que se respeten las distancias en las filas.”, explicó el dirigente.

En ese marco, resaltó que “hay mucha conciencia y compromiso en los comerciantes y en los trabajadores de salud”. “Son momentos de reconocerlo y hablarle a la sociedad. Estoy convencido de que el comportamiento que tengamos va a ser crucial”.

Sobre el crecimiento de las consultas médicas y la concurrencia a los hospitales, Garro precisó que “no hay saturación en La PLata pero que sí hay muchas consultas”. “Tenemos 46 centros de salud municipales que sirven de contención para que no se saturen los hospitales. Lo ideal es tratar de no concurrir a un hospital si el paciente presenta un cuadro que realmente no sea de gravedad. Por una tos mínima sin otros síntomas, ir a un hospital puede conllevar otros riesgos”, aconsejó.

Graciela Fernández Meijide: “Ojalá esta muestra de consenso hubiera llegado en otro contexto”

A raíz del coronavirus, la referente de derechos humanos analizó la actitud del oficialismo y la oposición en coordinar las tareas por el bien común.


Graciela Fernández Meijide opinó sobre el rol que tomó la dirigencia política ante una situación de extrema delicadeza como lo es la pandemia del coronavirus.

Estamos recibiendo buena información de parte de quienes son responsables de administrar el ámbito social. El rumbo es el correcto y sobretodo al comparar con lo que sucedió en España y Italia, acá se empezó antes por suerte”, consideró la exministra de Desarrollo Social durante el Gobierno de la Alianza.

Este miércoles, Alberto Fernández recibe a los principales referentes de la oposición en el Congreso para discutir las consecuencias del brote del Covid-19 en el país y las próximas medidas a tomar; actitud que celebró Meijide. “Ojalá ese mecanismo le sirva al presidente para limar o superar las diferencias internas para lograr el bien común y la búsqueda de consensos. Yo me alegro de que el impulso haya sido “señores, este compromiso es de todos”. Ojalá hubiera sido en otro contexto, una lástima que haya nacido con la llegada de una enfermedad, pero bienvenido sea esa unión”.

Martín Tetaz: “Temo que las medidas económicas del Gobierno contra el coronavirus se queden cortas”

El economista evaluó el accionar del Ejecutivo en tiempos de pandemia y con una crisis local que se profundiza cada día más.


El Gobierno nacional lanzó este martes otra serie de medidas económicas destinadas a paliar el efecto de la pandemia del coronavirus, la cual demandará al Estado un costo fiscal de al menos dos puntos del PBI, lo que implicará unos $600.000 millones.

Aunque es una cifra elevada y romperá con todos los moldes de la estrategia económica que mantenía la Casa Rosada en su proyecto de reestructuración de la deuda, la decisión que tomó el presidente Alberto Fernández tiene como objetivo suavizar el impacto a la producción, el trabajo y el abastecimiento, y a los sectores bajos en el futuro inmediato.

Entre los anuncios del Ejecutivo, se destacan entre otros el cobro extra de 3 mil pesos para jubilados que cobren la mínima y beneficiarios de planes sociales; aumentar el presupuesto para Obra Pública en 1000 mil millones de pesos; un nuevo sistema de precios máximos que tendrá vigencia por 30 días, y que incluirá 50 categorías de higiene, alimentos y medicamentos. Además apuntan a atender a los medianos y pequeños empresarios con el pago de contribuciones patronales a los rubros afectados de forma crítica por la emergencia sanitaria.

Entrevistado en Palabra de Leuco, el economista Martín Tetaz aseguró que las medidas anunciadas “van en el sentido correcto”, pero advirtió: “Mi temor es que se quede corto en magnitud y en alcance, porque al bajar a la realidad, aquellas personas que consiguen su plata día a día y a la gran cantidad de autónomos que hay en el país se les corta la actividad. No tenemos cómo financiar todas estas medidas a la espera una recesión inevitable y un Gobierno que está administrando miseria, que no tiene tampoco quién le preste”.

Santiago Kovadloff: “Ahora el prójimo es un organismo sospechoso”

El filósofo analizó la coyuntura actual en medio del avance del coronavirus en el mundo y la concientización que debe fomentar la sociedad en estos momentos. “Se ha generado una posibilidad de atenuar la grieta”, consideró.


El coronavirus sigue expandiéndose con nuevas cifras alarmantes de contagios y víctimas fatales alrededor del mundo. En línea con las medidas de prevención adoptadas en los países más afectados, la sociedad argentina se mantiene expectante del avance del Covid-19 en medio de las nuevas restricciones y la recomendación del aislamiento durante las próximas semanas.

“Esta situación ha generado una posibilidad de atenuar la grieta a través de una solidaridad social evidente. estamos todos de acuerdo o mayormente de acuerdo a cómo proceder. Pero a la vez ha generado un nuevo estatuto para el prójimo“, fundamentó el ensayista Santiago Kovadloff, entrevistado en Palabra de Leuco por TN.

Ya profundizó sobre las cualidades del “prójimo” en este tipo de situaciones: “No cabe duda que ahora el prójimo se ha convertido en un organismo sospechoso. No es una caracterización loable del prójimo, pero él es sospechoso porque puede contagiarnos, porque él es la posibilidad de que yo contraiga lo que yo no tengo. Entonces esa distancia de 2 metros que entablamos con el otro, simboliza además algo que viene de hace mucho tiempo, que es la idea de que con el otro muy cerca no se puede estar”.

Amado Boudou pidió su excarcelación por temor al coronavirus

Sus abogados quieren que la Corte saque un “pronto despacho” para el ex vicepresidente, quien se encuentra preso por su condena en el caso Ciccone. El ex secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi, presentó la misma solicitud.


En medio de la tensión e incertidumbre que convulsiona al país por la expansión del coronavirus, la defensa de Amado Boudou a cargo de Graciana Peñafort y Alejandro Rúa pidió a la Corte Suprema de Justicia un “pronto despacho” para el pedido de excarcelación del ex vicepresidente, ya formulado.

El ex funcionario de Cristina Kirchner se encuentra tras las rejas luego de ser condenado a cinco años y ocho meses en el Caso Ciccone, sanción ratificada por la Cámara de Casación.

Sus abogados habían solicitado la misma medida el mes pasado para revisar el fallo judicial contra el ex ministro de Economía acusado de cohecho y negociaciones incompatibles por la compra de la ex Calcográfica Ciccone, tras la sospecha de que Alejandro Vandebroele -señalado como testaferro del ex vice-, habría recibido dinero para confesar como imputado colaborador en una causa conexa.

Como telón de fondo, este nuevo requerimiento tiene la declaración de emergencia por parte del Estado nacional para evitar que continúe propagándose el Covid-19.

En diálogo con El Destape Radio, el ex vice dijo que “la gran mayoría (de los presos) decidimos ya no recibir visitas”, a raíz de la pandemia. Entre otras cosas, explicó que en el Penal tuvieron “la visita de un médico que nos explicó con mucha seriedad la situación”.

En el escrito, al que accedió Clarín se indicó: “Solicitamos la habilitación de días y horas para tramitar y hacer lugar a la queja de esta defensa en esa incidencia para que con un pronto despacho se lo excarcele, más allá de que en la instancia de origen puedan disponerse otras medidas de resguardo en consonancia con las previsiones” implementadas en el nuevo Código Procesal Penal respecto a las prisiones preventivas.

Otro preso K que pidió salir es Juan Pablo Schiavi -quien se encuentra en el mismo penitenciario cumpliendo condena por la tragedia de Once- y en las últimas horas requirió que se le conceda la prisión domiciliaria a raíz de la expansión del coronavirus. Atento a los problemas de salud que padece, afirma que lo podrían ubicar dentro del grupo de riesgo.

Los pelotudos según Borensztein

El domingo muchos argentinos pudimos leer una columna genial en Clarín. Vale la pena multiplicar su profundidad y su ironía. Por eso, hoy le doy mi palabra a Alejandro Borensztein.

En el medio de la pesadilla que estamos viviendo el dato no le importa a nadie y seguramente pasará desapercibido, pero el calendario indica que este miércoles 18 de marzo se cumplirán los primeros cien días del nuevo gobierno.

Me da cosa por Tío Alberto, sobre todo el Tío Alberto de los miércoles (que es el que más o menos sirve), porque con esta catástrofe nadie se va a acordar de la fecha ni lo van a felicitar ni le van a mandar regalitos ni nada. Y espero que a ninguno se le ocurra hacerle soplar las velitas arriba de una torta porque van a terminar todos en cuarentena.

Los primeros cien días es un período de gracia en el cual los gobiernos intentan hacer muchísimo y la sociedad evita putearlos. Seamos francos, en este caso no pasó ni lo uno ni lo otro. Por suerte para el gobierno, estamos tan conmocionados por la pandemia que nadie va a perder tiempo evaluando los primeros cien días de estos muchachos. ¿Dónde estamos parados con este asunto del coronavirus? No tengo la menor idea, como casi todo el mundo, pero veámoslo con un poco de amplitud.

Si bien toda la atención se la lleva el coronavirus, en la Superliga de calamidades todavía el dengue va puntero, sólo e invicto. Doble mérito porque además de ir primero en el campeonato local, también está jugando la Sudamericana y anda fenómeno. De hecho, en Paraguay y Brasil ganó todos los partidos. Lo sigue de cerca el sarampión, que alguna vez se fue a la B y hoy está otra vez en primera división haciendo una gran campaña.

Por supuesto, mientras tanto las arterias se siguen tapando, las próstatas siguen creciendo y los tumores pululan haciendo estragos por todos lados. Sin embargo, en situaciones extremas como las que estamos viviendo no podemos evitar ser víctimas del mayor de los flagelos que desde siempre nos aqueja como sociedad. Un mal que se suma al tema del coronavirus y lo complica todo: los pelotudos.

Estamos hablando, por ejemplo, de los pelotudos que aún en estos días salen de un baño público sin lavarse las manos o los pelotudos que te hablan encima de la comida en los bares y restaurantes o los pelotudos que salen a la calle con fiebre o los pelotudos que van a laburar con tos o los pelotudos que mandan a sus hijos al colegio con mocos o los pelotudos que vuelven de sus viajes y se van al casino, como el pelotudo ese de Córdoba que lo tuvo que sacar la policía de las orejas, por pelotudo.

Por supuesto están los pelotudos que cuando te los cruzás te siguen abrazando fuerte como si fueras un hermano que no ve hace años. Pero también están los pelotudos que no sólo te abrazan sino que primero te chocan la mano, te besan y te hablan con entusiasmo a 30 centímetros de distancia para no errar ningún microbio. En otras palabras, lo grave de la situación actual es que vamos a tener que enfrentar al coronaviurus con todos los pelotudos que viven en nuestro país. Que son muchísimos. En esto no hay grieta. Está lleno de pelotudos que votaron al Gato y está lleno de pelotudos que votaron a Tío Alberto.

Aunque algunos pueden pensar que hay más pelotudos de un lado que del otro, no hay datos científicos que demuestren que un tipo que votó al Gato es más pelotudo que el pelotudo que votó a Tío Alberto. Aunque son muchísimos los ciudadanos que ya han tomado conciencia de cómo comportarse, las últimas estadísticas indican que el 46% de la sociedad no atiende las normas básicas de protección. O sea tenemos un 46% de pelotudos. Por ejemplo, uno ve pelotudos llevándose de los supermercados más paquetes de fideos de los que podría comerse en 20 años. O pelotudos que se compran todo el papel higiénico porque alguna vez escucharon que escasea en Venezuela, como si la pandemia de coronavirus tuviera algo que ver con el chavismo. Son dos catástrofes completamente distintas. Pero los pelotudos se las confunden. Justamente porque son pelotudos.

Llegado a este punto hay que aclarar que, contrariamente a lo que mucha gente piensa, no hay una pandemia de pelotudos. Para definir una pandemia tiene que haber un brote, un pico, un aumento excepcional de casos. Y acá no hay un brote de pelotudos porque pelotudos hubo siempre. Solo que en estas situaciones se notan mucho más. Yo no tengo dudas de que los pelotudos son, históricamente, nuestro mayor flagelo.

Nuestra decadencia no es culpa del peronismo ni de los radicales ni de los liberales ni de la izquierda. El problema son los pelotudos.
Y lamentablemente hasta ahora los pelotudos no tienen cura. Es muy desalentador volver a descubrir por estas horas que la ciencia no ha encontrado la vacuna contra los pelotudos. Gran deuda con la humanidad. Cuando Israel finalmente confirme que descubrió la vacuna contra el coronavirus todos los nazis y antisemitas van a salir corriendo a vacunarse pero después van a seguir siendo nazis y antisemitas. En cambio el día que Israel anuncie que tiene la vacuna contra los pelotudos se termina el antisemitismo en un minuto.

Algún pelotudo podrá pensar que el problema es argentino, pero no. Es global. Por ejemplo, en todos los baños de los bares y restaurantes de EEUU hay un cartelito que dice “employees must wash hands” (los empleados deben lavarse las manos). ¿Por qué es necesario poner ese cartelito en los baños americanos? Muy simple: porque allí también está lleno de pelotudos que no se lavan las manos.

Obviamente, entre los pelotudos hay distintos niveles de responsabilidad. No es lo mismo el pelotudo que sale del baño subiéndose la bragueta con las manos pringosas que el pelotudo que mantiene las escuelas abiertas en medio de la crisis del coronavirus. Pero ambos son pelotudos y con estos personajes nos la tendremos que arreglar.

Ginés García dijo textualmente que “los chicos no son un grupo vulnerable”. No lo sé, puede ser. Pero los padres y los abuelos sí lo son. Y están todos en las puertas de los colegios peleando por llevarse a sus crías lo más rápido posible. Tal vez no se contagien los pibes pero seguro se van a contagiar todos los padres. Se cerraron las canchas para evitar que, por ejemplo, cien barras de Laferrere se contagien y propaguen el virus pero no hacemos nada con miles de padres y abuelos que se agolpan en las puertas de los colegios. ¡Pelotudos!

El viernes a la tarde Uruguay confirmó sus primeros cuatro casos de coronavirus. A la tarde ya habían cerrado las universidades, eliminado el control de asistencia a clases en las escuelas y suspendido el campeonato de fútbol. Acá River Plate decidió no presentarse a jugar el partido de ayer y los pelotudos que manejan la Superliga lo quieren sancionar. Se suspendieron las competencias deportivas en todos los países del mundo afectados por el virus y nuestros dirigentes sacan un comunicado diciendo “los jugadores pueden desarrollar su trabajo normalmente como lo hacen todos los días miles de argentinos en fábricas, hospitales y tantos otros lugares”. Textual, firmado por Tinelli. Un grande.

Que el fútbol argentino estaba en manos de unos pelotudos que no pueden organizar un campeonato como la gente ya los sabíamos hace rato, pero lo que no imaginábamos es que fueran tan pelotudos. La realidad es que no hay que obsesionarse ni dejarse llevar por los paranoicos. Pero hay que tomar todas las medidas correctas y necesarias, ahora que todavía estamos a tiempo. Para eso es fundamental combatir el virus pero sobre todo es imprescindible neutralizar a los pelotudos. Una tarea ciclópea porque está lleno.

Es una gran oportunidad para la política en general y el gobierno en particular. Lavarse bien las manos, mantener distancia y evitar salir cuando no es necesario. Pero también ya es hora de convocar de una buena vez a todas las fuerzas políticas para sellar ese gran acuerdo que nuestros pelotudos se niegan a hacer desde hace años. Si no lo encaramos así, los segundos cien días van a ser mucho peor que los primeros. Vamos, no sean tan pelotudos.

Dos “cristinistas” comandarán la intervención de los entes reguladores de luz y gas

Por disposición del Gobierno, entre otras medidas revisarán los aumentos de tarifas durante la gestión pasada. Se ordenó la suspensión de las funciones de los actuales miembros de los directorios, sin goce de sueldo hasta fin de año.


Mientras todas las miradas se la lleva la pandemia del coronavirus y la dirigencia política se mantiene abocada a la situación sanitaria con sus máximas medidas de prevención, el Gobierno nacional aprovechó para oficializar la intervención del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE​) y del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), en ambos casos hasta el 31 de diciembre próximo, a través de los decretos 277 y 278/2020 publicados hoy en el Boletín Oficial.

En el ENRE, se designó como interventor a Federico Basualdo, quien ya ocupó un lugar en el directorio del Ente en 2014 como vocal. En tanto, como al frente del Enargas fue nombrado Federico Bernal, director general del Observatorio de la Energía, la Tecnología y la Infraestructura para el Desarrollo (OETEC). Llama poderosamente la atención que se trate de dos “ultracristinistas” que eran resistidos por algunos sectores más moderados de la administración de Alberto.

Ambos personajes son muy críticos de la política tarifaria que llevó adelante la gestión de Mauricio Macri. En el caso de Bernal, reivindica la gestión de Julio De Vido como titular del ministerio de Planificación y es muy elogiado por Cristina Fernández de Kirchner.

Entre las principales acciones que tomarán al mando de las entidades, abrirán una investigación sobre lo actuado por sus predecesores en los cuadros tarifarios vigentes. “En caso de detectarse alguna anomalía, los interventores deberán informar al Poder Ejecutivo Nacional los resultados de la misma, así como toda circunstancia que consideren relevante y deberán aportar la totalidad de la información de base y documentos respectivos, proponiendo las acciones y medidas que en cada caso estime corresponda adoptar”, advierten.

Los interventores deberán, en un plazo de 180 días, iniciar el procedimiento de revisión de los concursos de los actuales miembros de los directorios del ENRE y del Enargas, y en caso de que resuelvan su anulación, o si hubiese concluido el plazo de mandato de alguno de ellos, deberán iniciar el proceso de selección de quienes los reemplazarán”, puntualizan los decretos.

Avanza la reforma judicial K: más jueces se suman a la ola de renuncias y crecen las vacantes

Ya son 30 los puestos vacíos ante las modificaciones en el sistema jubilatorio y se espera que en las próximas semanas sigan formalizándose más dimisiones.


Cada vez son más los jueces que se suman al éxodo de la Justicia y deciden dejar su cargo luego de que el Gobierno presentara un proyecto con polémicos cambios en las jubilaciones de privilegio para beneficiar a miembros del Poder Judicial y diplomáticos.

Tal como lo quería el Frente de Todos -tras no aceptar los cambios propuestos por la oposición- la medida se convirtió en ley esta semana luego de la aprobación en el Senado y dio lugar a la primera arremetida de la nueva reforma judicial K.

En las últimas horas se formalizaron otras siete renuncias de jueces y la cifra total de vacantes aumentó a 30. Los nuevos en abandonar el Poder fueron Floreal Ricardo Daniel De Laurentiis, del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional número 11 de la Capital; Alfredo Justo Ruiz Paz, del Tribunal Oral en los Criminal Federal número 5 de San Martín; Adolfo Raúl Guzmán, del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Catamarca; y Nora María Teresa Cabrera de Monella, del Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Comodoro Rivadavia.

También renunciaron Fernando Gustavo Sanz de Urquiza, del Juzgado Federal de Ejecuciones Fiscales Tributarias número 4 de la Capital; y Eduardo Carlos Fernández, del Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional número 19 de la Capital; Cecilia Yolanda Federico, del Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil número 94, también de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde el anuncio de la norma se advirtió sobre la posibilidad de renuncias masivas teniendo en cuenta que muchos jueces ya tienen otorgado el beneficio de la jubilación, dado que cuentan con los aportes y la edad, pero continúan en el cargo hasta los 75 años y adelantarían su retiro para no ser alcanzados por el nuevo régimen.

Se prevé que en las próximas semanas continúen formalizándose las dimisiones de magistrados. La Casa Rosada salió a defenderse de las acusaciones y aseguró que “el objetivo no es vaciar la Justicia, sino corregir un régimen jubilatorio que es desigual”.

Rubinstein apoyó las medidas que tomó el Gobierno para frenar el coronavirus

El ex secretario de Salud aseguró que “limitar la actividad social es fundamental”, aunque reconoció que “el escenario es dinámico y cambiante”.


A pesar de haber declarado días atrás que el Gobierno del Frente de Todos “subestimó el impacto del coronavirus​ en Argentina”, el ex secretario de Salud nacional, Adolfo Rubinstein, volvió a analizar el accionar del Ejecutivo luego de que el presidente Alberto Fernández anunciara extremas medidas de prevención para detener los contagios en el país, como la suspensión de clases y el cierre de fronteras hasta el 31 de marzo, entre otras.

Entrevistado por Le Doy Mi Palabra en Radio Mitre, el ex funcionario de Mauricio Macri consideró que “el escenario es dinámico y cambiante y por eso hay que estar preparado para tomar decisiones minuto a minuto. Las medidas que se han tomado fueron correctas porque si hay algo que hasta ahora pareciera estar demostrando cierta efectividad para contener la epidemia, son las medidas drásticas de distanciamiento social”.

Al describir la grave situación en Italia, donde ya murieron más de 2000 personas y la cifra sigue aumentando con el correr de las horas, el médico precisó que allí “están enfrentando un crecimiento exponencial de los casos por no afrontar a tiempo el problema”. “Nosotros tenemos la suerte de tener más tiempo y prepararnos. Aún estamos en el principio y nos va a permitir acomodar los servicios de salud para poder tratar todos los casos”, amplió.

“Hay medidas mas individuales y otras poblacionales. En la medida que se pueda, recomendaría que en estas dos semanas nos quedemos en casa el mayor tiempo posible. Limitar la actividad social es fundamental. Hay que concientizar a la gente en serio”, concluyó.

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