Un año sin Vargas Llosa

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Este lunes se cumplió un año de la muerte de Mario Vargas Llosa. Apenas me enteré de su muerte, recordé su clarísima posición política en defensa de Argentina y contra Cristina. Sus hijos escribieron que “gozó de una vida larga, múltiple y fructífera y que su obra lo trasciende y por eso estará siempre presente en la conciencia de los latinoamericanos. Es que Vargas Llosa tenía razón. Histórico combatiente contra el diablo del nacional populismo, el Premio Nobel de Literatura dio en la tecla. Apuntó con precisión a Cristina, como la máxima culpable de gran parte de los problemas de la Argentina. El exquisito escritor dijo que: “Argentina es rehén de un grupo de autoritarios encabezados por Cristina Kirchner”.

Su deseo permanente era que los ciudadanos con su votos, le extendieran el certificado de defunción política a la nefasta experiencia kirchnerista y que eso sirviera como impulso para las reformas de mayor necesidad y urgencia. En su riguroso diagnóstico, Vargas Llosa definió a nuestro país como “un total sinsentido” porque “tiene todos los recursos naturales y humanos para ser líder en lo económico” pero el cristinismo nos “mantiene en el atraso, la inflación y la pobreza, haciendo flamear un anti capitalismo obsoleto y deshilachado”. Las impactantes declaraciones fueron difundidas hace cuatro años por Gerardo Bongiovanni, titular de la Fundación Libertad en cuya cena anual participó muchas veces el intelectual peruano radicado en España y fallecido en Lima.

La reflexión de Vargas Llosa lo llevó a decir que: “Me resultó tan triste como difícil de creer que los argentinos le hayan dado otra oportunidad al kirchnerismo en el 2019. Los resultados, tristemente, eran esperables. Argentina sigue sin encauzarse en un sendero reformista y mantiene el mismo hiper estatismo que ha marcado su historia en el siglo XXI”. Vargas Llosa confesó su afecto por nuestro país porque “cuando era chico lo miraba con admiración por haber derrotado el analfabetismo y por haberse convertido en un faro cultural y económico”. Aplaudí en aquel momento a Vargas Llosa. Comparto que Cristina es la persona que más daño le hizo a la Argentina y la que más daño le sigue haciendo. Podría hablar horas para argumentar esto. Pero ahora está presa en su domicilio, con una tobillera electrónica y tiene prohibida de por vida ocupar un cargo público. Eso no significa que su brigada de fanáticos se haya jubilado.

Todavía tienen capacidad de daño y movilización y aprovechan los errores no forzados del presidente Milei para seguir en carrera. Los ejes centrales del cristinismo son y fueron, la codicia por el poder eterno y el dinero ajeno que convirtieron sus gobiernos en cleptocracias cargadas de un nacional populismo agresivo contra la República. Pero Cristina también es la responsable de utilizar al estado como botín de guerra y agencia de colocaciones para sus militantes. Tenían todos los ministerios y las cajas más millonarias sembradas de soldados de La Cámpora, muchos de los cuales ni siquiera tienen los requisitos correspondientes.

No es casual que durante el cuarto gobierno kirchnerista de Alberto Fernández, las cifras de la pobreza y la indigencia, la inflación galopante, la desocupación y la inseguridad, fueron atroces y no pararon de crecer. Siempre encuentran culpables pero gobernaron 14 de los últimos 18 años, con casi la suma del poder público. Cristina se asoció y es cómplice de las peores dictaduras y las autocracias que más violan los derechos humanos, como Rusia, Irán, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Encontró en el chavismo más primitivo y reaccionario la justificación de sus odios, resentimientos y mezquindades más profundas. Batió todos los records mundiales porque todos los empresarios amigos, socios, cómplices y testaferros se enriquecieron en forma ilegal y colosal. Nunca nadie robó tanto y durante tanto tiempo.

Tengo 100 argumentos más para explicar porque soy tan duro en mi crítica política a la reina Cristina. Pero el valor que tienen las palabras de Vargas Llosa, lo dice todo. Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, fue indomable, como buen intelectual. Pero si tuviéramos que asociar a Vargas Llosa con una sola palabra, esa palabra sería libertad. Es que su lucha política siempre ha sido contra todo tipo de dictaduras y autoritarismo. Desde Hugo Chávez a Jorge Rafael Videla. Desde Stalin a Hitler. Eso solo, más el genio literario que lo llevó a ser Premio Nobel, lo coloca en un altar de admiración. Esa libertad y ese combate contra todos los prejuicios, fanatismos y las pacaterías de catedrales, contrasta con muchos de sus enemigos que no le llegan ni al tobillo.

Vargas Llosa es uno de los que mejor trató al idioma que hablamos más de 570 millones de personas en el planeta. Mario, desde 1993, también tiene la nacionalidad española y el título de Marqués que le otorgó el rey Juan Carlos. Dice que lo más importante que le ocurrió en la vida fue aprender a leer a los 5 años, en la clase del hermano Justiniano en el colegio Lasalle de Cochabamba, Bolivia. Su madre, Dora Llosa Ureta que lloraba con los poemas de Amado Nervo y Pablo Neruda, le contó que sus primeros escritos eran una continuación de los libros de aventuras que había leído. Ya sea para prolongarlos en el tiempo o para cambiarle los finales a Los Tres Mosqueteros o al viaje del capitán Nemo, por ejemplo.

Hablo de sus libertades personales. De permitirse ponerse de novio y luego separarse, a los 83 años, con una estrella del glamour como es la bellísima Isabel Preysler (la ex mujer de Julio Iglesias) y que le importe un comino lo que la gente comente. Dijo que su fórmula para disfrutar es tratar de que la muerte lo encuentre vivo. Que lo sorprenda lleno de proyectos, de ilusiones, de batallas, de amores y esperanzas. Jamás hay que entregarse mansamente a la muerte ni esperar sentado que la parca llegue. Y eso es lo que le ocurrió. A los 89 años, la muerte lo encontró vivo. Radiante. Eso habla de su amor a la vida y a la libertad. Pero como era un francotirador que no tenía patrones ni dogmas, no tuvo problemas en tener varias definiciones políticamente incorrectas. Hay que tener coraje para meter los dedos en todas las llagas. O para utilizar calientes escenas de sexo explícito para describir el clima de época del final de Fujimori y en muchos de sus grandes libros.

Sentí una gran vergüenza ajena cuando el kirchnerismo le quiso prohibir que inaugurara la Feria del Libro. Era la primera vez que lo iba a hacer un premio Nobel y encima, latinoamericano. El talentoso peruano recordó amargamente aquel trago amargo. “En algún momento soñé con vivir un tiempo en Buenos Aires. Pero tengo un triste recuerdo de las últimas veces que fui. Un grupo de escritores encabezados por el director de la Biblioteca Nacional me quiso prohibir que hablara por mis ideas políticas. ¡Escritores! ¡El director de la biblioteca en donde estuvo Borges!”, dijo con asombro, Vargas Llosa. Parecen salidos de la Inquisición. Hay una forma clara de definir a estos talibanes del chavismo K: son fachos de izquierda.

Algo ha cambiado, pero falta muchísimo. Ya pasó un año de la muerte de Vargas Llosa y la pelea por la libertad en todos los rincones del planeta sigue vigente. León Felipe decía que el día que los pueblos sean libres, la política será una canción. Brindo por eso y en homenaje y recuerdo de un guerrero de la libertad como Vargas Llosa. Sus libros y textos periodísticos son una bandera estética y ética de un mundo mejor.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre