Brandoni, se fue el mejor

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El féretro de Luis Brandoni se depositó en el Panteón de Actores, al lado de Alberto Olmedo. En medio de los aplausos de despedida que Beto escuchó miles de veces en el teatro, Guillermo Francella me dijo: “Se fue el mejor”. “Como actor y como persona”, le respondí. El cementerio de la Chacarita era una escenografía de profunda congoja.

Amigos de gran prestigio como el mismo Francella, el Puma Goyti, Mauricio Dayub, Mariano Cohn, Fernando Bravo, Roberto Antier y Carlos Rottenberg, entre otros, se abrazaban para atenuar el dolor. Facundo Arana rescató la amistad de Brandoni con Robert de Niro y dijo que Beto era nuestro “Marlon Brando o Marcelo Mastroiani”. Ahora volará por esas alturas.

Se ganó ese cielo por ser un actor gigantesco y un ciudadano ejemplar, en la ética y la estética.

Con 86 años recién cumplidos en la terapia intensiva, seguía dando cátedra sobre las tablas. Emocionaba y dejaba semillas de pensamiento siendo absolutamente fiel a sus convicciones democráticas.

Beto estaba un poco frágil al caminar y escuchaba menos de lo que quería. Pero se abría el telón del teatro y se iluminaba como un pibe de 20 años. La obra que hacía con Soledad Silveyra batía records de elogios y de taquilla.

Después de actuar, disfrutaba cenar en Edelweiss, donde comimos por última vez con él y su amor todo terreno de los últimos 13 años: Saula Benavente.

El encuentro fue para agradecerle, una vez más su talento, su humanismo cívico y su participación en el documental “Bibas, asesinados por ser judíos”.

Apenas le comenté la idea me dijo que sí. Igual que todos nosotros, trabajó sin cobrar un peso. Solidaridad en estado puro. Brandoni fue de una generosidad tremenda. Se convirtió en el primer relator de la película porque compartía el objetivo de contar la verdad y combatir todo tipo de terrorismo y antisemitismo.

Todo el mundo se estremecía al escucharlo. Junto a la versión cinematográfica de “Parque Lezama”, fue su última aparición en la pantalla grande. Esa joya que filmó Juan José Campanella, mostró a Beto en toda su dimensión de actor. Una clase magistral que debería darse en todas las escuelas de arte.

Su autobiografía se llama “Antes que me olvide” y es realmente maravillosa. Uno de los prólogos lo escribió Sergio Renán, quien lo dirigió en “La tregua”, la primera película argentina nominada como mejor extranjera para un premio Oscar. Y el otro prólogo es de Campanella, que con “El secreto de sus ojos”, ganó el Oscar.

Campanella escribió que “este hombre logró hacerlo llorar de risa en un programa de televisión y de emoción en una película. Es el truco del mago. Te arranca carcajadas y te pone un nudo en la garganta en un lapso de segundos”.

Un dato sobre la ética de Beto. Era diputado y no tenía un peso. No había aceptado un trabajo en televisión por el que le pagaban fortunas porque no quería descuidar su trabajo legislativo. Muchos amigos le tuvieron que prestar dinero.

Supo y quiso defender en las calles las instituciones democráticas y la honradez republicana. Brandoni, le puso el cuerpo y la cara a los banderazos.

No se vendió ni se calló. Despreciaba todo tipo de autoritarismo y corrupción. Tenía convicciones profundas, y unos huevos del tamaño del Congreso de la Nación. ¿Se acuerda?

Esa actitud, le multiplicó el amor de las multitudes pero, simultáneamente, el odio de los fanáticos. Con tristeza, confesó que la fractura social expuesta del kirchnerismo le hizo perder amigos de toda la vida.

No tuvo un gramo de especulación. Su protagonismo no tuvo ningún interés personal. Podría haberse quedado en su casa a disfrutar las mieles del éxito que tuvo hasta el último suspiro y en todos los planos. Pero eligió ser más ciudadano que nunca y comprometerse por sus ideales aunque eso no le haya aportado ningún beneficio personal. Patriotismo puro.

Beto Brandoni, a esta altura, es un prócer de la cultura y la libertad. Es un canto a la honradez republicana y a la democracia.

Luis Brandoni celebraba porque decía que su actividad, es una de las pocas artesanales que quedan. El teatro se hace igual que hace 3.000 años.

Brandoni, se ganó largamente la condición de ciudadano ilustre de la República y la democracia. Y no lo digo solamente por esos videos que con su emoción, ayudó a movilizar a tantos argentinos preocupados el avance de la cleptocracia y el chavismo K. Lo digo por su trayectoria impecable como Actor de la Nación, como dirigente sindical

valiente y perseguido por la dictadura y como ex diputado del radicalismo que hizo honor a la honradez de presidentes como don Arturo Illia o Raúl Alfonsín.

Adalberto Luis Brandoni nació en el Dock Sud, en el empedrado y con los sonidos de bandoneón arrabalero de los conventillos. Por eso era tan tanguero y miembro de la Academia del Lunfardo.

Dedicó su vida entera a dignificar el oficio de actor. Instaló para los tiempos en la memoria colectiva personajes y películas que son parte de nuestra identidad como pueblo.

“Esperando la carroza”, es una película de culto que hoy se ve más que nunca a través de las redes. Todos repiten esas palabras de Antonio Musicardi, su personaje, el hijo de Mama Cora, cuando dice, falsamente compungido: “Me partieron el alma. Que miseria. ¿Sabes lo que tenían para comer? Tres empanadas… tres empanadas”.

Eso dice mientras va saboreando como si nada, una de esas empanadas. Una escena memorable del grotesco criollo costumbrista de Alejandro Doria. No hizo otra cosa que meterse en el corazón de la gente con sus personajes y de ser un ejemplo de vida. Cada uno elige: La Tregua, por ejemplo. Por ese trabajo, la Triple A, lo condenó a muerte y lo obligó a exiliarse por un tiempo en México.

Era una organización terrorista de ultraderecha que nació al amparo del estado peronista y de su jefe el ex ministro José López Rega.

La Triple A criminal (Alianza Anticomunista Argentina) tuvo su contracara con la Triple A luminosa, la Asociación Argentina de Actores de la que Brandoni fue secretario general de 1974 hasta 1983. Había que tener la valentía del tamaño de la catedral cuando los fachos de López Rega y los criminales de lesa humanidad de Videla perseguían, secuestraban y asesinaban a mansalva. Brandoni fue reelecto en su gremio, incluso estando en el exilio. Y eso muestra su lealtad con sus compañeros de trabajo, su pluralismo y su valentía a prueba de balas en todo el sentido de la palabra balas.

El terrorista de estado Aníbal Gordon secuestró a Brandoni y su esposa de entonces, Martha Bianchi. Los “chuparon” como se decía en aquellos tiempos macabros. Fue llevado a “Automotores Orletti”, un campo de concentración donde fue torturado y donde salvó su vida de pura casualidad.

Aunque suene increíble, durante los tiempos de cólera con K, “ algunes muchaches” adoradores de Cristina, fueron crueles en sus críticas cuando Brandoni renunció como afiliado a lo que definió como “Asociación Kirchnerista de Actores”.

A un prócer que deberían reverenciar lo trataron como un traidor.

Otros compatriotas llevan en sus neuronas para siempre, obras maestras como “La Patagonia Rebelde”,

“Made in Argentina”, el “Cuento de las Comadrejas” y el súper éxito de “La odisea de los Giles”, dirigido por Sebastián Borensztein.

¿Quién no disfrutó con Mi Cuñado o Buscavidas? Brandoni es por lejos el actor que hizo más obras de autores nacionales y es el único que no trabaja los primeros de mayo aunque pierda una gran recaudación. Su horizonte en la vida fue la ética de las convicciones.

Consideró a Raúl Alfonsín como su padre político. El día de su muerte, vino invitado a mi programa y contó una anécdota con la madre del ex presidente.

Fue su asesor en el tema cultural y un día inolvidable, en ese carácter tuvo una charla deliciosa con Jorge Luis Borges.

Hincha de River, su máxima felicidad fueron Florencia y Micaela, sus hijas del alma. Y sus nietas, Olivia, Catalina, Macarena y Tomás, por orden de aparición.

Y por supuesto, Saula que con amor y sabiduría estuvo a su lado, pese a los 40 años de diferencia que tenían y contra todos los prejuicios.

Brandoni es un argentino inmenso y ejemplar. Brandoni no se vende ni se alquila. Se puede romper, pero no se dobla, según el testamento de Leandro Alem, justo el nombre de la calle en donde nació, en el Dock, con el corazón mirando al Sur…

Brandoni fue, es y será uno de los más grandes actores de la nación. Y un gran tipo. Se fue el mejor.