A
cinco años de su asesinato en Puerto Madero, hay que decir que el fantasma de
Alberto Nisman va a perseguir toda la vida a Cristina. Porque ella es
responsable de su asesinato. Por acción o por omisión. Cada vez que la justicia
avanza, el cerco se cierra más sobre Cristina. Mientras las investigaciones se
acercan a la verdad, Cristina se aleja de la posibilidad de lavarse las manos.
Hay
una gran demanda social de juicio, castigo y condena para los autores,
materiales e intelectuales del crimen de Alberto Nisman, un magnicidio al que
muchos consideran, el tercer atentado después de la voladura de la AMIA y la
Embajada de Israel.
Hay
que tener presente que la Cámara Federal, confirmó que el balazo en la cabeza
de Nisman fue producto y consecuencia de la denuncia que el fiscal hizo cuatro
días antes sobre Cristina y su banda. Estamos hablando del más grave de los
delitos: el de haber encubierto a los iraníes autores del peor atentado
terrorista de la historia argentina.
Insisto:
esto no es una opinión de un legislador opositor o de un periodista
independiente. Esto son los camaristas que confirmaron las conclusiones del
juez Julián Ercolini y el fiscal Eduardo Taiano.
En
su resolución, el magistrado asegura que Cristina “impartió órdenes para
beneficiar a los iraníes que asesinaron en forma masiva a 85 personas” y por
eso la procesó, la embargó en 50 millones y le pidió al Congreso que le quiten
los fueros para poder aplicar la prisión preventiva.
Estas
son las consecuencias más brutales del tenebroso pacto que firmó Héctor
Timerman con Irán por orden de Cristina. El ex canciller falleció y por eso
prefiero no cargar las tintas pero, hasta su ex jefa política, Elisa Carrió lo
acusó de haber “traicionado a su pueblo”.
Otro
cachetazo judicial para Cristina es que la Cámara avaló el informe pericial de
la Gendarmería que confirma que Nisman fue asesinado en el baño por dos
victimarios, uno manipuló el arma y el otro movió el cuerpo. Dicen que hasta
por la morfología de las gotas de sangre es posible establecer que hubo otras
personas. Lo golpearon y le fracturaron el tabique nasal y lo drogaron con
Ketamina para vencer su resistencia”.
Es
esta pericia minuciosa y certera la que el presidente Alberto Fernández quiere
voltear. Por eso dijo sin que se le cayera la cara de vergüenza, que ese
trabajo carecía de todo rigor científico” y que “era ridículo”.
Una
mentira tan grande como el crimen. En la pericia, hicieron su aporte más de 40 expertos
en criminología, en medicina legal, balística, acústica, video, planimetría,
rastros y expertos en microscopios electrónicos y cromatógrafos. Y fue firmada
por los dos más grandes maestros de la criminalística nacional: Osvaldo Raffo y
Julio Ravioli. Puro prestigio profesional.
El
balazo de la pistola Bersa explotó en el cerebro de Nisman el domingo 18 de
enero de 2015 a las 2:46 hs de la madrugada. Nisman no tenía rastros de pólvora
en sus manos, el tiro entró por una zona donde no se disparan los suicidas,
borraron sus registros del celular y alguien ingresó a su computadora después
de su muerte.
El
doctor Pablo Lanusse nos dijo que los restos de pólvora no estaban en la mano
de Nisman, porque quedaron en la mano del asesino. Y de paso hizo dos
presentaciones lapidarias contra el presidente de la Nación denunciando su
intromisión en una causa penal en trámite y eso no lo puede hacer porque la
Constitución Nacional se lo prohíbe. Lanusse, abogado de Sara Garfunkel, la
madre de Nisman consideró esto de “gravedad institucional” porque el jefe del
estado “ejerce una clara presión sobre la causa y amenazó con nombre y apellido
a los jueces Irurzun, Ercolini, Geminiani y Hornos que (nada casualmente) son
los que intervinieron en el pacto tenebroso firmado con Irán y en el asesinato
de Nisman. Y agregó que encima se postuló como jefe de todos los fiscales al
juez Rafecas que “intentó sepultar la denuncia de Nisman cuando su cadáver
todavía estaba tibio”.
Todos
recordamos aquella patética cadena nacional que Cristina ofreció toda vestida
de blanco y en una silla de ruedas como apostando a victimizarse.
En
este tema Cristina fue y vino, varias veces. Dijo que fue un suicidio y después
un asesinato. Dijo que se enteró por uno pero después por otro. Un verdadero
chiquero declarativo igual que el que Sergio Berni protagonizó en el escenario
del crimen.
Cristina
no fue capaz ni de darle el pésame a la familia del fiscal. Cero condolencias.
Todo lo contrario, ordenó demoler su prestigio y matar nuevamente al muerto
pero esta vez con mentiras, y con presunta información de su vida privada.
Aníbal Fernández fue el jefe del “Operativo basura” de toda la maquinaria
estatal que incluyó el pedido de que metieran presa a la madre del fiscal
Nisman.
Los esbirros de Cristina utilizaron todos los insultos y
descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman:
“corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un
espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e
idiota”. Más o menos lo mismo que dijo Leopoldo Moreau que batió todos los
records de antisemitismo al vomitar brutalidades que ni fachos históricos como
Alejandro Biondini, se atrevieron a decir. Escribió el siguiente tuit, digno de
un tacuara musoliniano: “El invento del asesinato de Nisman fue una de
las operaciones de marketing mejor concebida a nivel global. La empujaron el
Estado de Israel, la derecha norteamericana, los fondos buitres y los socios
locales de ese club”.
Quisieron instalar que Nisman era
imprevisible, un tiro al aire, pero fue un tiro en su cabeza.
El
peor escenario para Cristina fue cuando la Cámara confirmó que Nisman fue
asesinado por la denuncia que hizo sobre ella. Los jueces aseguraron que
“Nisman no se suicidó ni fue inducido al suicidio. Que no estaba loco ni tenía
miedo”. Al contrario, estaba eufórico y contento porque en unas horas iba a
exponer toda su investigación ante el Congreso de la Nación.
Las
escuchas telefónicas, sobre todo entre Jorge Yussuf Khalil, Luis D’Elia y
Fernando Esteche demuestran sus reuniones en la Casa Rosada con Carlos Zannini
y Oscar Parrilli.
Ojalá
estas palabras sirvan de consuelo para la familia del fiscal, sobre todo, para
sus
dos jóvenes hijas, Iara y Kala.
Todas estas son muy malas noticias para
Cristina y su gente en la causa que más la asusta. Cristina comete errores,
entra en pánico y actúa como culpable cada vez que este tema vuelve al
escenario público.
En
el caso de Carlos Zannini salta a la vista que, según Antonio Stiuso, fue el
encargado de comunicarle a Nisman la orden de Cristina: “dejá de investigar a
Irán”. Orden que, dicho sea de paso, Nisman no cumplió y por eso terminó como
terminó.
Julio
de Vido tendrá que dar explicaciones sobre el posible intercambio de petróleo
con Irán o la triangulación con Venezuela para abastecer el plan nuclear de
quienes aún hoy niegan el holocausto. Muchos creen que esta transa repugnante
de impunidad por apoyo nuclear es lo que explica el inexplicable viraje de 180%
de Cristina en este tema. Pasó levantarse de las sesiones de Naciones Unidas
cuando hablaba el representante de Irán a firmar un pacto tenebroso y secreto
con ese gobierno.
Delia
Sisro, coautora con Waldo Wolff del libro “Asesinaron al fiscal Nisman. Yo fui
testigo”, dijo en el acto de Entre Ríos que “Cuando borraban las huellas de su
casa, nos dejaban las marcas a todos los argentinos” y que “En un país en el
que nos enorgullecemos de la lucha por la justicia y no de la venganza, en el
que no pedimos la pena de muerte ni para el mas nefasto de los dictadores, ni
para los probados torturadores, el fiscal Nisman murió en cumplimiento de su
función”. Y finalmente aseguró que “Toda la sociedad argentina sigue sangrando
por la herida de su bala”.
Es
que los K, nunca entendieron que la mentira siempre
despierta sospechas. La verdad siempre resucita, por más profundo que la
entierren. La verdad no se suicida ni se puede sepultar. Por eso Nisman es una
bandera de lucha contra la impunidad. Es un faro de luz contra la oscuridad.
Nisman presente: hoy y siempre.