Insfrán es un reverendo hijo de su madre

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Gildo Insfrán sintetiza lo peor de la política argentina. El señor feudal gobierna Formosa desde hace 36 años. 28 como gobernador y 8 como vice. Convirtió a esa provincia en una pequeña Venezuela chavista. Se mantiene a flote gracias al trabajo privado y el aporte del resto de los distritos porque reciben cuatro veces más de coparticipación federal de lo que generan y los porteños reciben el 90% menos de lo que producen. Se lo recordó en un tuit Facundo Landívar después del exabrupto del tiranozuelo contra los habitantes de la ciudad de Buenos Aires.

Gildo exhibió su fragilidad intelectual, atropelló el diccionario y eligió el insulto de que “los porteños son unos reverendos hijos de su madre”.

Gildo es uno de los mayores fogoneros de una nueva grieta jurásica como es la pelea entre Capital e interior. Cristina ya atacó varias veces a la capital y el propio presidente, que es porteño, suele despotricar contra la “opulencia” de la ciudad en la que vive.

Formosa, gracias a Insfrán, supera en 6% el promedio nacional de pobreza y tiene el 70% de empleados públicos. Es la primera provincia en mortalidad maternal y la segunda en mortalidad infantil. Sin embargo, sin que se le cayera la cara de vergüenza, el emperador Gildo,

en su momento, calificó de zánganos a los porteños.

Jamás voy a olvidar esta humillación,  terrorífica y fachista. ¿Se acuerda?

Es una nenita de 7 años que termina haciendo la ve de la victoria en un acto político en la pequeña localidad de Tacaaglé.

Ustedes escucharon. La chiquita llama “Mi gran capitán a Gildo Insfran y dice que hay que votarlo porque el genera trabajo e igualdad. Es justamente lo que no hay en Formosa: ni trabajo ni igualdad.

Pocas veces se vió algo tan jurásico y reaccionario. Adoctrinamiento y culto a la personalidad.

Durante la pandemia maltrató a los habitantes que fueron aislados en lo que el senador Luis Naidenoff rebautizó “centros de privación de la libertad”.

Recuerdo que la doctora Elisa Carrió reclamó la intervención federal de la provincia porque denunció que “hay gravísimas violaciones a los derechos humanos” y que ante la queja de los aislados, se apeló a la represión de las fuerzas de seguridad. Carrió aseguró que las condiciones de esos lugares “violan el tratado sobre la tortura y el derecho a circular” y que por eso exigió que representantes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos realicen una inspección en el feudo de quien es conocido como el “Alfredo Stroessner formoseño”, en referencia al dictador que reinó durante 35 años en Paraguay.

Otra cuestión de gravedad institucional es que Alberto Fernández, el presidente decorativo de la Nación, varias veces puso al gobernador Insfrán como “un ejemplo del modelo de funcionario que pretende para toda la Argentina”.

Es uno de los distritos con mayor exclusión, con fuerte presencia narco y con un altísimo grado de clientelismo y autoritarismo. El presidente Fernández abrazó, besó y habló maravillas de Insfrán como gobernante y como ser humano. “El no sabe todo lo que lo valoro, respeto y quiero”, dijo Alberto.

Formosa es un estado policíaco. Insfrán comete delitos de lesa  indignidad.

Gildo se formó en el peronismo derechoso y violento que, en los 70 y hacía caza de brujas contra la Juventud Peronista que Cristina pretende representar. Con Insfran fue sepultada la alternancia. Se siente dueño de la provincia. Es un ejemplo de personaje antidemocrático y nada transparente.

Gildo somete a los medios de comunicación con pauta publicitaria y con látigo y persecución a los que se atreven a hablar. Gana las elecciones por paliza porque la sumatoria de empleados públicos, 7 de cada 10 personas trabajan en el estado, planes sociales que reciben la mitad de las familias y paraguayos que hace cruzar al solo efecto de votar y cobrar un plan, lo hace prácticamente invencible desde el llano. El mismo modelo que los Kirchner instauraron en Santa Cruz. Chavismo antes de Chávez.

Gildo no se privó de nada. Reformó la Constitución para que la reelección fuera indefinida. Es una especie de Francisco Franco del litoral, o un monarca que se hereda a si mismo.

Gildo Dino Insfrán, fue fanáticamente menemista, duhaldista y también se verticalizó ante Néstor y Cristina. Hoy es el emblema del peronismo más retrógrado y violento.

Varios asesinatos de integrantes de la comunidad Qom lo confirman. Cada tanto se descubre una pista clandestina donde bajan aviones con cargas ilegales. Contrabando y crimen organizado, mafias narcos y reducción a la servidumbre de los más humildes.

El caudillo jurásico Insfran es un delincuente que le pagó 8 millones de pesos a Alejandro Vandenbruele para que lo asesorara en la refinanciación de la deuda de la provincia con la Nación. Eso solo ya es delito porque no puede intervenir una consultora privada entre dos organismos públicos. El ministro de Economía que debía favorecer a Insfrán con la refinanciación era Amado Boudou. ¿Lo conoce, no? Otro atorrante y malandra de estado. La factura que Vandenbruele le dió a Formosa era la número 3 y las dos anteriores habían sido anuladas en el formulario. The Old Fund, en ese momento, no tenía empleados ni  experiencia en el tema. Pero mágicamente la refinanciación se hizo. Formosa pagó casi 8 millones pertenecientes a su pueblo. Alejandro, el empleado de Boudou, fue al banco cobró el cheque, lo transformó en dos millones de dólares y se los llevó en una valija. Y de inmediato devolvió como parte del retorno de la coima, dos millones de pesos a Martin Cortes quien en ese momento era presidente del Banco Provincial. La causa está repleta de pruebas. Pero como si esto fuera poco, Vandenbroele, como arrepentido dijo textualmente ante la justicia: “lo primero que hice para Amado Boudou fue cobrar la coima del gobierno de Formosa. En la repartija me tocaron 200 mil dólares”.

No haré más preguntas, señor juez.

Insfrán es el Patrón del mal de Formosa.

Un reverendo hijo de su madre.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre