Cristina, la presidenta de facto

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Pepe Nun no es un gorila ni un oligarca. Néstor Kirchner lo designó Secretario de Cultura de la Nación, cargo en el que estuvo durante 5 años. Es un abogado recibido con honores, un politólogo que llegó a investigador superior del Conicet, un intelectual muy respetado que completó su formación en Paris, Nueva York y Canadá. Si fuera un gorila o un oligarca, Kirchner no lo hubiera sumado a su gestión y Nun, tampoco hubiera aceptado.

Hoy, sus opiniones, son reproches durísimos contra Cristina y su gobierno. Pepe dijo que estamos viviendo una “autocracia absolutista” y calificó a Cristina como “la presidenta de facto que maneja el Senado a su antojo”. Muchas veces, utilizamos gobierno de facto como sinónimo de dictadura. En realidad,” facto” es un término latino que significa “hechos consumados”, o “por la fuerza de las circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado.

A Alberto, Pepe, le reservó el mismo lugar de antes: jefe de gabinete de Cristina. Yo apunto a lo mismo, pero lo digo de otra forma. La llamo la jefa del jefe del estado. Estoy convencido que es la principal anomalía que estamos viviendo. Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto: vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia. Tiene razón, Pepe Nun: no hay un doble comando como algunos ingenuos o transas, creían. Hay una usurpación del cargo por parte de Cristina que es la única que manda en el gobierno. Daniel Sabsay, tal vez el constitucionalista más importante definió el gobierno como un “régimen vice presidencial” y aseguró que esa es la principal violación de la Constitución, en el artículo 87 que define como “unipersonal” al Poder Ejecutivo: “Acá e han invertido los roles”.

Tal vez ese sometimiento a cielo abierto y delante de todo el mundo, conmueva tanto el ánimo de Alberto que no pueda encontrar una plataforma de gobierno para ponerse de pié. Cristina pone de rodillas a todo el mundo. Es su estilo, su forma de vivir y de gobernar. Les mete pánico a los tímidos para el coraje o a los flojos de personalidad. Cuatro gritos y listo. Así construyó esta actualidad que podríamos llamar “Cristinato”. Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos. Estos niveles de opresión parieron la “Revolución del Parque”, conducida por la naciente Unión Cívica de Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen, Marcelo T de Alvear, Bartolomé Mitre y Aristóbulo del Valle, entre otros.

El Cristinato, no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y deja a Alberto, “groggy”, mareado, contra las cuerdas, como dijo Duhalde. Por eso Alberto aparece lento, sin iniciativa y comete errores muy elementales. No tiene lugar. No tiene espacio. Ella ocupa todo. Es asombrosa y casi inédita, la cantidad de errores y torpezas que cometió en tan poco tiempo. Incineró su capital político en el altar de Cristina. No tiene rumbo. Ni él, ni su gobierno. Como decía Séneca: no hay viento que lo favorezca porque no sabe a dónde va. Últimamente, además de repetir ese mensaje agresivo y patotero contra medio mundo, no encuentra la ruta de su gestión. Apela al voluntarismo, a la magia, como si fuera un curandero que quiere curar de palabra. Le dice a los argentinos que tenemos que acostumbrarnos a ahorrar en pesos y les pide a los jóvenes que no se vayan del país.

Actúa como un comentarista que encima, tiene su palabra devaluada. Para salir de esa encrucijada, solo tiene una puerta: debería generar hechos concretos. Generar desde el gobierno las condiciones económicas necesarias para que la gente ahorre en pesos y para que nadie se quiera ir. Hacen falta gestos. Medidas. Planes. Que se baje el sueldo y obligue a ministros, funcionarios y legisladores a que hagan lo mismo. Que deje de hostigar y perseguir a Horacio Rodríguez Larreta, un posible candidato a presidente de la oposición. Que respete la opinión del periodismo y de la oposición. Que demuestre que no se entromete en la justicia y estimule que todos sean iguales ante la ley para que no haya impunidad ni para Cristina ni para sus hijos o sus cómplices del Cártel de los Pingüinos. Pero pasa todo lo contrario. Cristina tiene cada vez mas poder sobre los tres poderes. Por eso le hablo de Unicato. Ya casi no quedan presos de la mega corrupción K. Están a punto de hacer caer la causa de los cuadernos de las coimas y voltear todas las pruebas que aportaron los arrepentidos. Con eso dinamitan la idea de justicia independiente.

La única forma que tiene Alberto de intentar recuperar la presidencia que le usurpó Cristina es demostrar autonomía. Debería asegurar la vigencia de la propiedad privada y que no va a expropiar Vicentín. O que va a cerrar las puertas de las cárceles para que no salgan miles de delincuentes peligrosos con tanta facilidad. Se debería comprometer públicamente y cumplir a no fortalecer a los que se apropiaron de terrenos que no les pertenecen o que queman cabañas en la Patagonia. Todo eso podría hacer el gobierno y Alberto si es que sabe, puede y quiere. ¿Podrá? No creo. ¿Se atreverá? No creo. ¿Le dará el cuero? No creo. ¿Hasta cuándo el peronismo mantendrá su verticalismo obsecuente con Cristina?

Si Alberto no gira 180 grados, estará condenado a ir de papelón en papelón. No habrá ficha limpia ni se cambiarán las listas sábanas y seguirán ingresando legisladores de la calaña de Juan Ameri, cuya lista fue apoyada por Roberto Navarro, el para periodista y pauta traficante. En un spot de campana, aparece diciendo que Cristina le dijo que el Oso Leavy era su candidato. Leavy fue al senado y la banca libre que dejó fue ocupada por el patotero y acosador de Ameri.

Cristina no hace otra cosa que espantar inversores y empresas con su actitud vengativa y anti capitalista. Alberto dice que quiere ser como Noruega o Suecia. Cristina dijo, hace tiempo, que quería ser como Alemania. Pero nos llevan derechito a Venezuela o a Santa Cruz.

Carlos Raimundi, en la OEA nos somete a una vergüenza internacional y respalda a una narco dictadura. La respuesta del gobierno es tibia y formalota. Y Alberto le hace decir a sus periodistas chupamedias que está enojado y que no piensa como Raimundo. Si eso fuera cierto, le sacaría tarjeta roja a Raimundi. Pero a Raimundi, lo puso Cristina.

La ministra Sabina Fréderic se está ahogando en el mar de su ineficiencia y, encima, levanta el dedito para enseñarle a nadar a la policía de la Ciudad. Es patética y nadie explica como continúa en su cargo.

La economía se cae a pedazos. Más pobreza, más indigencia, más desocupación y menos empresas. Solo dos países de la región aumentaron su pobreza en la última década: Venezuela y Argentina.

Todos los indicadores hablan de un país que se hunde y al que solo le tiran salva vidas de plomo. Por eso Alberto se derrumbó en todas las encuestas. Cristina lo deglutió. Lo puso en el lugar de un actor de reparto. Casi, casi que no importa lo que Alberto diga o quiera. Sus ministros de más confianza están colgado del pincel. Cristina les pasará por encima más temprano que tarde. Que se preparen Santiaguito Cafiero, Marcela Losardo, Gustavo Béliz, Matías Kulfas, Miguel Pesce, María Eugenia Bielsa y siguen las firmas. Hasta Guillermo Moreno, otro peronista de la patota, que Cristina ya desprecia, dice que Alberto va a fracasar porque no es peronista: es socialdemócrata. Esta costumbre de apuntar quien es y quien no es peronista también afectó a Fernando Espinoza, el intendente y patrón del mal de La Matanza, conocida como la capital del peronismo. Sin embargo, el capo sindical de los municipales, el Cholo García, le hizo una marcha en el municipio y además de insultarlo, le decía que no era peronista.

Si Alberto y Espinoza no son peronistas, no sé quién es peronista, entonces. Menemistas, duhaldistas, kirchneristas, cristinistas, todos peronistas. Crece la bronca, y la tensión en todos los rincones. En la granja del peronismo hay varias rebeliones en ciernes, y en el anti kirchnerismo, los banderazos son cada vez más masivos como explosión del descontento de más de medio país.

En menos de dos semanas, se viene el 12 de octubre, y en el día de la diversidad, se prepara una concentración con la diversidad de reclamos sectoriales. Casi no hay grupo en la Argentina que esté conforme con lo que está pasando y con lo que no está pasando. Los problemas son múltiples y sumamente graves. El diputado Fernando Iglesias dice que este es el gobierno de la reina y el virrey. Y que sus enemigos son los integrantes de la clase media.

Pero el eje del mal, la patrona del mal, es la presidenta de facto, o el Cristinato, que no es lo mismo, pero es igual.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.