Un gobierno en caída libre

834

Este domingo los argentinos vamos a decidir gran parte de nuestro futuro. Votaremos a los candidatos que van a pelear por la presidencia de la nación. La batalla principal es entre un oficialismo autoritario y populista que destruyó el país con una mala praxis sin antecedentes y una oposición republicana y popular que intentará reparar tanto daño. Esa expectativa de cambio profundo, de refundación de la Argentina, tal vez nos tiene anestesiados y nos hace naturalizar que el gobierno está en caída libre. Han transformado a la administración en un avión a la deriva.

Es una situación de extrema gravedad institucional porque por momento se asoma el vacío de poder. Nadie controla nada. Ni el dólar ni la inflación ni la inseguridad ni la huida de las empresas.

Nadie sabe dónde está el piloto. O peor aún, Alberto Fernández, el presidente decorativo de la Nación hizo abandono de tareas y se le podría iniciar un juicio laboral por eso. Fue el peor presidente de la democracia y ahora es un espantapájaros patético que se dedica a responder preguntas por las redes y a planificar junto a su querida Fabiola, una gira mundial de despedida donde va a gastar fortunas que los argentinos no estamos en condiciones de gastar. Nadie lo quiere ver ni en figuritas empezando por el candidato ministro y presidente a cargo, Sergio Massa. Alberto no aparece en ningún acto de campaña. Es un fantasma que anda flotando por la quinta de Olivos. El humorista Fernando Sendra retrató con un dibujo semejante delirio. Dice que hasta Alberto fue a San Cayetano a pedir un trabajo porque últimamente no hace un “sorongo”.

Si seguimos la línea sucesoria nos encontramos con Cristina, la mariscal de la fuerte derrota electoral que se viene. Ella está borrada. No emite ni un sonido gutural y duda de participar en el acto de cierre de campaña de Sergio Massa pese a que será en el Teatro Argentino de La Plata tan caro a sus sentimientos.

En el peronismo kirchnerista dudan incluso si le conviene a Massa tener a Cristina a su lado. Es cierto que su presencia consolida el voto ideológico más fanático que se siente mejor representado por Juan Grabois pero, simultáneamente espanta al resto de los ciudadanos. Cristina tiene dos objetivos: ayudar a Kicillof a que gane las elecciones para convertir a la provincia de Buenos Aires en un aguantadero y ponerle su camiseta a la justicia para lograr la impunidad que tanto la desespera. La vice presidenta condenada a 6 años de prisión por corrupción, acaba de pedir la nulidad de la causa de los cuadernos de las coimas K. No hay estafas en la historia que tengan tantas pruebas, documentación, y testimonios de los arrepentidos como esa. Es imposible zafar de semejante cleptocracia sin colonizar a la justicia.

Sergio Massa es el otro integrante del Triángulo de las Bermudas. Insisto en llamarlos así porque en ese espacio oceánico se hundieron los mejores sueños de progreso de los argentinos. La gestión de Massa está en el horno. Y su cuerpo lo sabe. Por eso se enoja con periodistas que le hacen preguntas muy simples y atinadas respecto de la inflación o el dólar. En lugar de contestar, agrede a los colegas. A uno le dijo que era fácil hacerse el picante con un micrófono en la mano. Y ayer, a otro le dijo mentiroso que editorializaba con las preguntas.

Tanto el cordobés Néstor Ghino como nuestro compañero de radio Mitre Rolando Barbano son dos profesionales valientes y rigurosos que no se dejaron intimidar y que merecen el reconocimiento y la solidaridad de todo el colectivo de periodistas.

Massa condena a la Argentina al masoquismo de un dólar que merodea los 600 pesos y de una súper inflación que se acerca al 140%. La remarcación de los precios es tan acelerada que ahora no hay precio. Los proveedores prefieren no vender y faltan muchos productos en los comercios. Eso paraliza la economía.

 Massa frente a ese mamarracho, ordenó ocultar el índice de precios de este mes porque sabe que viene alto y cree que sin el número oficial la gente no se da cuenta que el dinero se lo come la maldita inflación como dijo el arzobispo de Buenos Aires pese a que García Cuerva es su amigo desde hace años.

Cristina lo definió como fullero, es decir tramposo. Macri le dice “ventajita” y se lo acusa de ser un vendedor de humo y de tener una credibilidad cercana a cero. Su imagen negativa en las encuestas es muy alta. Ni siquiera los gobernadores o intendentes o los brigadistas de La Cámpora salen a respaldar sus declaraciones o a defenderlo de las críticas. Máximo, el príncipe heredero está clandestino y en silencio absoluto. Es insólito. Por portación de apellido, Máximo encabeza la lista de candidatos a diputados nacionales y no sabe no contesta. No hace declaraciones. No participa de los actos ni las caminatas. Tiene estallado el estado mayor de su agrupación. Sus bases quieren votar a Grabois y eso, a Massa lo hacer perder la calma. Por eso apela a la sanata y a las falacias a cada rato. En una entrevista, como si fuera un experto, dijo que la sequía tenía algo positivo: que los nutrientes se potenciaban y quedaban más en la superficie de la tierra.

Los productores agropecuarios se reían para no llorar. Viralizaron ese mamarracho cargado de audacia y de irresponsabilidad. Paola Campitella, una verdadera experta en la recuperación de suelos, la ingeniera agrónoma y doctora en Ciencias Agropecuarias explicó que el ministro Massa demostró su total desconocimiento por lo que dijo.

Llega a tanto el macaneo serial de Massa que el actor Pablo Alarcón lo demolió en menos de un minuto diciendo que iba a dar una conferencia sobre física cuántica de la no sabe nada. Pero el actor asegura que ver a Sergio Massa hablar de tantos temas que ignora lo alentó para ese desafío.

Cristina, Alberto y Massa son igualmente culpables de este país a la deriva, de este gobierno en caída libre. Son los victimarios de este crimen de lesa irresponsabilidad. El avión está en caída libre. Lo más grave es que todos los argentinos estamos adentro y no tenemos ni cinturón de seguridad ni paracaídas. 

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre