Profundizar la grieta con corruptos y golpistas

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De entrada, quiero aclarar que tengo un profundo respeto y admiración por Esteban Bullrich. Lo considero un ejemplo de vida y de lucha dedicada a construir una sociedad con mayor libertad, honestidad e igualdad de oportunidades. Esteban está dando una batalla colosal contra una maldita enfermedad llamada ELA y eso nos obliga a que elijamos con mucho cuidado las palabras si vamos a hacer una crítica.

Su prédica para intentar cerrar la grieta tiene las mejores intenciones. No hay ninguna duda de eso. Pero quiero ejercer la mayor honestidad posible para decir que hasta ahora, los resultados producen confusión sobre con quiénes hay que cerrar la grieta y con quiénes hay que profundizarla. En su reunión con los jerarcas sindicales de la CGT y con Hugo Moyano en particular, Esteban dijo una frase maravillosa en un ámbito equivocado: “lo que nos une es más fuerte que lo que nos separa”.

Esa expresión de deseo aplica para la inmensa mayoría de los argentinos. Es un canto de esperanza. Un rezo laico. El objetivo más loable es que el ex ministro de Educación quiere avanzar en su convocatoria a un gran acuerdo nacional para cerrar lo que definió como “la maldita grieta que nos ha hecho tanto daño”.

Pero confieso que cuando ví la fotografía, sentí que fue como predicar el evangelio en el infierno.

Coincido absolutamente con los diez puntos básicos que Esteban presentó en San Nicolás. Pero tengo la convicción de que hay comportamientos y personajes que encarnan esos comportamientos con los que no se puede cerrar la grieta, sino que hay que profundizarla. Estoy hablando de los corruptos y extorsionadores, de los delincuentes que le roban al pueblo pobre de la patria y de los que siempre están fomentando violencia, hablan de sangre y toma de tierras y ejecutan usurpaciones.

¿Se entiende?

Para decirlo más gráficamente: no creo que la inmensa mayoría de los argentinos quiera cerrar ninguna grieta con Hugo Moyano, Juan Grabois o Cristina Fernández de Kirchner, para poner tres ejemplos bien contundentes.

Porque son los responsables de haber generado la grieta y porque no demuestran ningún interés en apostar a la cohesión social. Todo lo contrario, todo el tiempo tiran nafta al fuego porque impulsan modelos económicos vinculados a las dictaduras o a las cleptocracias autoritarias. No hay nada que hablar con ellos. No hay nada que pactar. Tienen que hablar los tribunales para que haya verdad, juicio, castigo y condena para los que violaron la ley y se convirtieron en millonarios con el dinero ajeno. Tienen que hablar las urnas para sacarse de encima a los señores feudales que ensucian la democracia con trampas y aprietes de la peor calaña.

Una cosa es la unidad nacional tan necesaria para avanzar en un país con más justicia social y desarrollo productivo y otra cosa es mezclar a las personas honestas, republicanas y pacíficas con los ladrones, autócratas y violentos. Ese amontonamiento oscurece en lugar de aclarar. Debemos fomentar que este país se parezca más al Uruguay dialoguista y menos a la Venezuela chavista.

Todos tenemos que tirar para el mismo lado y no ventear la energía en peleas fraticidas.

En eso estoy de acuerdo.

Son necesarios los acuerdos de estado. Pero no todos pueden participar de ese proceso de reparación de las heridas. La condición previa es que queden afuera los corruptos y los golpistas. El cierre dela grieta no puede hacerse sobre la base de la impunidad. No se puede hacer borrón y cuenta nueva sobre los que cometieron graves delitos. Eso sería edificar la realidad sobre pilares de barro.

¿Se puede cerrar la grieta con quienes se hicieron ultra millonarios en la función pública como los Kirchner y los Báez? Yo no quiero cerrar ninguna grieta con ellos. No hay nada que hablar con los integrantes del Cártel de los Pingüinos Millonarios. No pueden tener un lugar en la mesa. Cerrar la grieta con los ladrones de estado es igual a impunidad y a libertad para robar y enriquecerse ilícitamente. La señal sería nefasta para la sociedad. Si no hay premios ni castigos no hay país posible.

Con estos delincuentes no hay grieta que cerrar. Hay que cerrar bien las puertas del calabozo para que paguen por sus delitos. Son culpables de crímenes de lesa indignidad. Yo con ellos no cierro la grieta. Cierro la puerta y me cuido los bolsillos.

Con Amado Boudou, Julio de Vido y Milagro Sala, no hay que cerrar ninguna grieta. ¿Hay que cerrar alguna grieta con delincuentes condenados y de esa calaña? Repito: cerrar bien la puerta del calabozo para que no se escapen.

¿Hay que cerrar alguna grieta con los magnates sindicales mafiosos? Los que bloquean y los que extorsionan.

Con los fanáticos autoritarios e integrantes del Ministerio de la Venganza no quiero cerrar ninguna grieta. Rodolfo Tailhade, Gregorio Dalbón,Tristán Bauer y Luis D’Elía, entre otros, se cansaron de insultar y amenazar a muchos jueces, fiscales, opositores y periodistas independientes.

¿Hay diálogo posible con los que quieren cambiar la Constitución y la Corte Suprema para ponerlas al servicio de una camiseta partidaria pingüina y de la impunidad para Cristina y su banda? ¿Se puede dialogar con los que se sublevan contra la división de poderes? ¿Y con los que quieren censurar periodistas y someterlos a la esclavitud como intentaron hacerlo durante tantos años?

Hay una grieta política y social que debemos cerrar en forma urgente. Pero hay una grieta moral que debemos profundizar. Con los corruptos y golpistas nos separa un abismo. 

Entre estos tipos y yo hay algo personal, diría Joan Manuel Serrat.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre