Independencia y libertad

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Mañana será un día histórico. Comenzará la vigilia del Pacto de Mayo que se firmará durante el aniversario de nuestra Independencia. El símbolo no podría ser mejor: la casa de Tucumán.

Ese contrato histórico entre dirigentes de distintos pensamientos y diversas representaciones tiene diez puntos básicos:

Se propone la inviolabilidad de la propiedad privada, el equilibrio fiscal como innegociable, la reducción del gasto público a niveles históricos, en torno al 25% del Producto Bruto Interno, Una educación inicial primaria y secundaria útil y moderna con alfabetización plena y sin abandono escolar, una reforma tributaria que reduzca la presión impositiva, simplifique la vida de los argentinos y promueva el comercio, la rediscusión de la coparticipación federal de impuestos para terminar para siempre con el modelo extorsivo actual que padecen las provincias, el compromiso de las provincias de avanzar en la explotación de los recursos naturales del país, una reforma laboral moderna que promueva el trabajo formal, una reforma previsional que le de sostenibilidad al sistema y respete a quienes aportaron y la apertura del comercio internacional de manera  que la Argentina vuelva a  ser protagonista del mercado global.

Es cierto que son planteos muy generales. Pero también es verdad que son amplios denominadores comunes que nos pueden servir de plataforma de lanzamiento para salir de una vez y para siempre del kirchnerismo chavista y corrupto que enterró a este país en la más profunda decadencia. Por supuesto que Cristina, Alberto y Massa, los que impulsan el club del helicóptero junto a sindicalistas extorsionadores y mafiosos y piqueteros gerentes de la pobreza, no va a concurrir a Tucumán ni van a firmar este Pacto. La historia los juzgará, aunque a Cristina, Boudou, De Vido, Urribarri, Lázaro Báez, José López y José Alperovich, entre otros, ya los condenó la justicia de las instituciones republicanas.

El Pacto de Mayo es ni más ni menos que un punto de partido. Una expresión de deseo que hay que llevar a la práctica. Y eso depende de la gestión eficiente y de la vocación de consensos del gobierno. Es una esperanza y una ilusión de la mayoría de los ciudadanos que ojaló no se malogre.

En la cuna de la independencia, amanece que no es poco una propuesta de libertad económica.

Independencia, igual que libertad, son palabras benditas para los que creemos en la democracia republicana. Ser independientes hoy es aferrarnos y respetar a nuestra biblia laica que es la Constitución Nacional. Es el corazón de la patria que late.  

Jorge Luis Borges lo sintetizó con su genialidad: Nadie es la patria. Todos lo somos.

La patria es el primer misterio inapelable. Se ama una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas…

Así dice uno de los textos más bellos y profundos que leí sobre la patria y que le pertenece a Julia Prilutzky Farny, una poetisa ucraniana, naturalizada argentina. Dice así: “Allí donde partir es imposible/ donde permanecer es necesario/Donde nunca se está del todo solo / donde cualquier umbral es la morada/ Allí donde se quiere arar y dar un hijo/ Allí donde se quiere morir… allí está la patria”.

A 208 años de la declaración de la Independencia hay una pregunta clave: ¿Qué significa ser independiente hoy? ¿Cuál es el contenido patriótico y ciudadano del día de la independencia nacional? Si nos miramos en el espejo de aquellos hombres hay que decir que el apellido de la independencia es la libertad. Y que hoy más que nunca deben ser los pilares de una sociedad mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Un país mejor, más justo, más igualitario, con menos pobres y desocupados y con más honradez y diálogo. Un país en el que solo queden afuera los corruptos, los autoritarios y los golpistas. ¿Es tan difícil comprender lo simple? Millones de argentinos de buena voluntad quieren construir ese país. Eso es independencia. No depender de nadie, no ser cliente de nadie y no dejarse extorsionar por nadie. No arrodillarse ante nadie y no hacer arrodillar a nadie. Salir a la calle a trabajar, a estudiar, a protestar pacíficamente si es necesario o simplemente a pasear con nuestras familias y que no tengamos miedo de ser asaltados en pleno día o a que desvalijen nuestra casa mientras no estamos. Eso también es independencia. Opinar con respeto absolutamente de todo, con independencia de criterios, sin tutelajes ni censuras y sin que te manden la AFIP, el ejército de trolls o los servicios de inteligencia para castigarte. Hoy le rendimos homenaje a ese Congreso de Tucumán que sancionó nuestra gloriosa y ansiada independencia. Es el día más importante de la patria. El día del parto. El alumbramiento de esto que somos. Es el día más feliz de la historia de los argentinos. Nacimos como Nación. Dimos a luz. Ojalá la patria tenga todos los días felices que le deseamos, cada vez que decimos con orgullo: Feliz día de la patria.

Debemos confirmar todos los días que un hombre que grita hace más ruido que mil que callan, como dijo San Martín. Y sobre todo, comprender que la victoria de los malos es producto de la cobardía de los buenos. En estos tiempos de cólera y disgregación social, me gusta citar un pensamiento de Mahatma Ghandi porque, me parece, es el ADN de la dignidad: “Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”.

Thomas Elliot decía: “No somos eternos. No nos queda otra que se intensos. Solo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos, pueden descubrir que tan lejos pueden llegar”.

Hoy más que nunca tenemos que construir esa patria que soñamos. Sin déspotas ni cadenas. Es decir, sin corruptos ni autoritarios ni golpistas. Oíd Mortales, el grito sagrado: Libertad, libertad, libertad…

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre