El chavismo K asaltó el poder

667

Estamos ante un nuevo gobierno en el que la única que decide es Cristina, y el que acata, es Alberto. Cristina volteó a Martín Guzmán y designó a Silvina Batakis. Esta es la verdad. Alberto fue vaciado completamente de poder y Cristina simbólicamente ya está sentada en el sillón de Rivadavia. Hemos asistido en vivo y en directo y a cielo abierto a un golpe palaciego que sacó de la cancha a Alberto. Ese títere que arrancó, luego fue convertido en espantapájaros y ahora, directamente es un holograma. Alberto a lo único que puede aspirar es a sacarle el puesto a Gabriela Cerruti y a convertirse en vocero de lo que ordene la jefa del jefe del estado: Cristina. Eso se llama golpe palaciego. Malversación del resultado electoral, asalto o copamiento del gobierno por parte del cristinismo más extremo que podemos definir ideológicamente como chavista K. El Cuervo Larroque puso en palabras la decisión de Cristina: “Se acabó la fase de la moderación”. Y por lo tanto empieza la fase de la radicalización.

Los empresarios pechos fríos

y chupamedias que viven de la teta del estado van a tratar de engañarse y encontrar alguna decisión racional.

Los periodistas presuntamente equilibrados y prudentes, podrán apelar a eufemismos y gambetas del lenguaje. Pero la verdad es que se viene una mayor intervención del estado en la actividad privada, más cepos, más impuestos y el intento de disciplinar a las empresas. Más temprano que tarde van a intentar estatizar muchas empresas y colonizar la Corte Suprema de Justicia con militantes que le den la impunidad que Cristina tanto espera y la desespera.

Martín Guzmán fue el último salvavidas que mantenía más o menos a flote en el hundimiento de Alberto. Silvina Batakis es el certificado de defunción política del presidente que ya no preside. Lo sintetizó Eduardo van der Kooy en Clarín: “Los K preparan el velorio de Alberto”. Lo condenó Hebe de Bonafini cuando dijo que “si hay un entierro, Alberto quiere ser el muerto”.

Hay otro gobierno en la Argentina. Cristina es la presidenta en ejercicio, como cantaron el sábado en Ensenada y Alberto, por ahora, sigue atormentado porque tiene ganas de renunciar, pero no se atreve.

Fue tan destituyente y golpista la actitud de Cristina que para hablar con Alberto y ordenarle que designara a Batakis, tuvo que recurrir a la mediación de Estela Carlotto. ¿En qué te han convertido, Estela?

El horizonte es tormentoso e inquietante. En la cabina de mando de este país están dos desquiciados, pero uno de ellos se rindió incondicionalmente. Lo resumió en forma brillante Miguel Wiñazki “nos gobierna una enajeno cracia, la insensatez, la locura en el poder”.

Se terminó ese jueguito frívolo de cómo debe utilizarse la lapicera. Nada está mejor ni más tranquilo que el viernes. Todo está peor y con mayores turbulencias. Como dijo Martín Tetaz: “La única renuncia que podría llevar cierta tranquilidad al país sería la de Cristina”.

La nada exitosa abogada avanzó a paso redoblado y tambor batiente. Ya no tiene demasiado tiempo para dinamitar una justicia que la puede llevar al calabozo. Ahora va por todo. Está envalentonada porque comprobó que Alberto le entregó sin luchar todas las cabezas que ella le pidió. Empezó por su amiga y socia Marcela Losardo y no paró hasta darle jaque mate.

Alfonso Prat Gay lo dijo con todas las letras:” Cristina orquestó un golpe de estado en cuotas”.

Luis D’Elía, un kirchnerista de la primera hora fue por el mismo camino: “Cristina quiere que Alberto renuncie y negociar el programa económico por su impunidad”. ¿Renunciará Alberto? Pegará un portazo como Guzmán. Por ahora no. Pero no lo descarto en un futuro inmediato. Aun los hombres más indignos en algún momento sienten vergüenza de ser un felpudo.

Hay un nuevo gobierno en la Argentina. Sin timidez, van a fortalecer las relaciones carnales con las dictaduras de la región. Van a intentar llevarse por delante las instituciones republicanas y la división de poderes. Ya lo hicieron en Santa Cruz y lo van a hacer ahora. Se viene el “Batacazo” de Cristina como dicen los camporistas en las redes. Solo la oposición unida y con mucha responsabilidad y firmeza le puede poner algún límite.

Sergio Massa quedó girando como una calesita y Capitanich está esperando sacar la sortija.

Esta vez es cierto que la patria está en peligro y que la democracia entró en un pantano. El infantilismo chavista K y jurásico asaltó el poder y nos lleva a un abismo institucional.  

Nunca tan pocos hicieron tanto daño en tan poco tiempo.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre