Jones Huala convocó a la lucha armada

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El gobierno de los Fernández sigue jugando con el fuego de los falsos mapuches. Y ya se quemó varias veces. Pero esa historia terrorista y nefasta de encapuchados, encendió la peor luz roja de alerta. Una cosa es quemarse con fuego y otra, muy distinta es ser cómplice de los que prometen un incendio social. Es celebrar que se dinamite el principal activo que la democracia argentina tiene desde 1983. Es el contrato que dice: “Nunca más a los golpes de estado y nunca más a la utilización de las armas y el asesinato como instrumento político”.  Pero ocurrió algo grave que casi no tiene antecedentes desde 1983.  Facundo Jones Huala, el comandante de estos violentos antidemocráticos y anti argentinos, mediante un comunicado, convocó a sus soldados a la lucha armada para vengar el asesinato de Elías Garay, que ocurrió en una de sus usurpaciones.

En forma brutal y desde la cárcel en Chile, este repugnante criminal instaló provocaciones intolerables:

  • Que su muerte ni ninguna sea en vano, que la sangre sea vengada y la tierra recuperada, sean más que consignas, que las balas se van a devolver, sea más que un cantito.

Esta locura insurreccional y separatista es el corazón de sus palabras escritas. Insisto, no se trata de una declaración hecha de apuro y con bronca a un móvil periodístico. Es una proclama que llama a la guerra total. “Ya no podemos seguir solo con palos y piedras”, dice en otro párrafo.

La paz social y la democracia no pueden subestimar ni naturalizar estos desafíos. Es grave porque promete más sabotajes, más fuego y más muerte. Pero es mucho más grave porque cuentan con la complicidad del gobierno de Alberto y Cristina.

Aníbal, no se hace cargo de un conflicto que se salió de madre. Magdalena Odarda, protege y les da apoyo logístico a los delincuentes, igual que Horacio Pietragalla. Rafael Bielsa, los defiende en los tribunales chilenos. Los ex Montoneros, Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja, los defienden en los tribunales argentinos. Victoria Donda, los arropa. Elizabeth Gómez Alcorta, fue abogada de Jones Huala. Carlos Zannini y Juan Cabandié, retiraron al estado nacional de los expedientes y entregaron las tierras que son de todos. Y hay toda una administración que se excita y disfruta con cualquier grupo que se inspira o se parece a la guerrilla de los 70. Llegaron a ignorar y a mirar para otro lado ante los atentados explosivos de los anarquistas que son el brazo urbano de los maputruchos. 

Facundo Jones Huala es un peligro. Pero la sociedad todavía no lo registró lo suficiente. Ni siquiera se siente argentino pese a que nació en Bariloche hace 31 años. Alcanza con escuchar aquel audio de su otra arenga extremista para darse cuenta de la calaña de este  personaje. Analicemos lo que dijo.

En ese momento, desde la cárcel de Esquel, identificó al “huinca capitalista y su poder” como “nuestro enemigo” al que hay que “destruir”. Le recuerdo que Huinca significa “hombre blanco” o directamente extranjero o “no mapuche”.

Mientras tanto, un grupo de sus seguidores reventaba a pedradas y palazos a las fuerzas de seguridad que solo ponían sus escudos para defenderse, Huala los incitaba a la violencia colectiva.

Les grita que “por la dignidad de nuestros antepasados hagan lo que tienen que hacer porque no vamos a dialogar más con esta basura asesina, con estos racistas opresores, que les chupan las medias a los gringos y a las multinacionales, a la Sociedad Rural, a esa manga de asesinos”.

¿Y qué es lo que tienen que hacer además de lapidar y apalear policías y gendarmes? Lo dice el mismo sin ningún tipo de disimulo. Les exige “piedra y fuego contra la opresión” y que se defiendan “con todo lo que tengan a mano”. Ya lo vamos conociendo mejor. Pero lo más sustancioso, llegó al final: gritó desaforado, “Viva La RAM, viva la CAM, viva la autodefensa y el sabotaje, hasta la victoria, hasta vencer o morir”.

Frente a la confesión de partes, relevo de pruebas. Solito, con sus palabras, se muestra fuera del sistema y de las leyes de la paz y la convivencia.

Queman camiones, ocupan propiedades privadas y fiscales, destruyen maquinaria vial o agrícola, cortan rutas y atacan a los puesteros de las estancias y a los gendarmes incluso con armas de fuego y toman tierras por la fuerza y no dejan entrar a nadie.

Quieren fundar una nación mapuche, pero son una minoría fanática y agresiva que no representa a la mayoría del pueblo mapuche que es pacífico, trabajador y que está absolutamente integrado a la vida democrática y que repudia el accionar de la RAM a las que califican como terroristas que quieren provocar la represión y deslegitimar su reclamo legal de tierras.

Los verdaderos representantes del pueblo mapuche condenan todo tipo de violencia contra las personas y daño contra la propiedad y siguen reclamando por sus derechos. Ellos no quieren a los de la RAM. Rompen fuentes de trabajo al atacar a cualquier empresa que quiera invertir bajo la excusa de defender el medio ambiente. Atemorizan y alejan al turismo y la paz que son dos motores de la Patagonia productiva.

Su saludo de despedida, “hasta la victoria, hasta vencer o morir” es otra caricatura de los grupos guerrilleros castristas o guevaristas de los años 70.

Facundo Jones Huala, una especie de subcomandante Marcos del subdesarrollo, una caricatura de combatiente propuso a lucha armada para construir un estado dentro de la Argentina. No hay más lugar para lavarse las manos. Y este gobierno está ausente y es cómplice a la vez Quien quiera oír que oiga.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre