Ginés no pega una

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El oportunismo y la actitud permanentemente acomodaticia de Ginés González García lo empuja a hacer evidentes papelones de magnitud. El actual ministro de Salud, seguramente, hablará de disciplina partidaria o de verticalismo peronista, pero dos veces le ordenaron retroceder en chancletas y lo hizo a toda velocidad.

La última fue televisada y todavía no se le cayó la cara de vergüenza. Por ese motivo, Jorge Lanata le dio el título del boludo de la semana. Lo escuchamos al principio. ¿Qué pasó? Estaba en el Senado de la Nación explicando doctoralmente que había que rechazar la ley de cobertura de una terrible enfermedad llamada fibrosis quística. Ginés decía que los objetivos de la norma que se estaba tratando eran incumplibles y que iba en contra de los tratados internacionales y que bla y bla. El ministro argumentaba que ese proyecto, no se podía aprobar. En ese instante, apareció en escena Anabel Fernández Sagasti, la senadora mendocina de la Cámpora y mano derecha de Cristina. Sin ningún preámbulo fue derecho al grano y dijo que el presidente Alberto se había comunicado con la vice Cristina y ordenaban que el proyecto saliera aprobado en forma inmediata.

La cara de Ginés fue un mapa de la humillación. Tragarse semejante sapo en vivo y en directo. Su mandíbula casi golpea contra el escritorio. Orden de Alberto y de Cristina que desautorizaron a la vista de todos a Ginés. Tal vez, el ministro desairado habrá pensado: “Me hubieran mandado un mensajito de texto al teléfono y me evitaban este papelón”. Ginés agachó la cabeza y se fue a su casa. Y el proyecto, por supuesto, se convirtió en ley.

Con el tema del aborto, pasó algo igualmente grave. Digno de Groucho Marx. Estos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros. Ginés siempre estuvo, como sanitarista del justicialismo, a favor de la despenalización del aborto. Un tema de salud pública, decía. Eso lo llevó a confrontar con la iglesia y Cristina que en ese momento estaba en contra, lo mandó a un exilio dorado como embajador en Chile. A partir de ese momento, Ginés, siempre tan charlatán con los medios, se quedó mudo. Disfrutó de las mieles y los privilegios de la diplomacia y no dijo una sola palabra de su bandera de la despenalización. Metió violín en bolsa para no hacer enojar a Cristina y para no perder su puesto. Recién cuando Cristina cambió su opinión, al parecer convencida por su hija Florencia, el inefable Ginés recuperó la voz pública y volvió a poner sus propuestas sobre la mesa.

La dignidad es como el embarazo. No se puede estar medio embarazada. Se está o no. No hay término medio. Con la dignidad, pasa lo mismo. No se puede ser medio digno. Conveniencia y especulación, siempre mata ideas.
Gé Ge Gé, como se conoce a Ginés por sus iniciales, batió todos los records de metidas de pata y bloopers durante esta cuarentena extra large. Habló hasta por los codos y dijo barbaridades. Eso le quitó credibilidad para criticar al ex ministro Adolfo Rubinstein a quien ayer fustigó por el campeonato del mundo. Ge Ge Ge está preocupado porque están creciendo mucho los contagiados y los muertos por el coronavirus. Y está abriendo el paraguas igual que Alberto y el ministro y vice bonaerense, Daniel Gollan y Nicolás Kreplak.

Todos buscan culpables en lugar de encontrar soluciones. No quieren hacerse cargo de la ineficiencia y la ineptitud que demostraron en muchos planos. Los funcionarios de Axel Kicillof, otro que no está a la altura de la responsabilidad, se la pasaron mirando a la Ciudad de Buenos Aires. A medida que fue mejorando la situación de Horacio Rodríguez Larreta y el ministro Fernán Quirós, más se ensañaron con sus críticas. Que los porteños y los runners eran los que diseminaban el virus. Los chetos que viajaron. Los comerciantes. Los periodistas que incitan a que la gente salga a la calle. No se hicieron cargo de nada. Ellos son perfectos. Cero autocrítica. Lo cierto es que todas las encuestas muestran que Quirós es el ministro del área mas valorado en todas las encuestas y que en muchas aparece el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, en el primer lugar en imagen positiva de gestión. Eso los descolocó. Empezaron a decir que estaban habilitando al mejor candidato de la derecha y ese tipo de pavadas cargadas de agitación ideológica carente de sentido común.

Los momentos más insólitos del deporte “Disparen contra Larreta”, fueron cuando Cristina quiso estigmatizarlo como un represor de manifestantes pacíficos. ¿Se acuerda? En realidad, la Policía de la Ciudad actuó con todas las garantías contra unos salvajes que con bombas molotov intentaron prender fuego a una sede de la Gendarmería. Los videos de las cámaras de la ciudad, son una prueba irrefutable. La realidad hizo callar a Cristina. Pero después, sus soldados camporistas del PAMI le hicieron decir a Alberto una mentira grande como la Patagonia: que en la ciudad no había más lugar para los adultos mayores. Todo el tiempo van contra Larreta que en su estilo y su táctica solo les contesta con más y mejor gestión.

Pero lo de GGG, superó todos los límites. El que peor actuación tuvo en este combate contra el virus, levantó el dedito y le dio con todo al doctor Rubinstein que siempre fue prudente y cuando hizo críticas, fueron responsables y moderadas. Rubinstein nunca tuvo un exabrupto. Dijo lo que muchos médicos dicen en voz baja. Que no están enamorados de la cuarentena. Que están entrampados en la cuarentena y no saben cómo salir. Vamos hacia los 5 meses en la cuarentena que bate todos los records mundiales. Y nada indica por ahora que hayamos pasado el pico de contagios.

GGG dijo que Rubinstein había sido un mal ministro y un peor ex ministro. Lo responsabilizó por el aumento fuerte de casos en Jujuy y por haber dejado al país sin vacunas (otra falacia). Ginés dijo que Rubinstein hizo mucho daño y que se atreve a decir barbaridades porque tiene 6 causas ante la justicia. Y que por eso se hace la víctima.
GGG dijo cosas terribles que no son para reírse.

Pero si lo confrontamos con el archivo, las cuestiones terribles son las suyas. Para empezar, no pegó una en diez definiciones que tuvo ante los medios. Desde aquel histórico día 23 de enero, cuando dijo que no había ninguna posibilidad de que el coronavirus llegara a la Argentina. El médico de este gobierno de científicos hizo diagnósticos absolutamente equivocados. Insisto: no pegó una. “Me preocupa más el dengue que el coronavirus”, planteó sin que se le moviera un músculo, ni pidiera disculpas por semejante pifia. El 3 de marzo dijo, “uy, me sorprendió el virus, yo no creía que iba a llegar tan rápido”. Hay que recordar que vaticinó que en julio iba a bajar la curva y que la gripe era mucho peor que el covid 19. Están todos los audios y los videos. Tardó en usar barbijo y al principio no fue contundente para recomendarlo. Dudaba en público sobre si era efectivo ese tapabocas que es fundamental.

GGG dudaba del barbijo. Pero no dudó en llevar a todos sus socios comerciales al Ministerio. Muchos no tienen nada que ver con la salud. Pero cobran un sueldo y tienen un cargo en el ministerio. Uno de sus socios en la bodega sanjuanina, Eugenio Zanarini maneja la caja. Está a cargo de una fortuna que se distribuye entre las obras sociales. Es la Superintendencia de Servicios de Salud. Una oficina clave en la relación con el dinero y los gremios. En ese lugar estuvo el amigo de Alberto que recaudaba para el Justicialismo. Hablo de Héctor Capaccioli y los aportes que hicieron las droguerías y la mafia de los medicamentos a la campaña de Cristina.

Pero eso no es todo. Daniel Alejandro López, otro socio de la bodega es director nacional del ministerio. Marcelo Guille socio en el criadero de chanchos que tiene en Baradero, figura como experto entre los infectólogos y es chofer y amigo de GGG. Por lo menos dos de sus emprendimientos cobraron el aporte del tesoro para los salarios. Un informe riguroso que se hizo en el programa de Lanata demostró que muchos funcionarios vienen de la actividad privada: de los negocios de GGG. Lisandro Bonelli, sobrino del ministro también es su socio en el emprendimiento porcino y el arquitecto Hernán Barbalace tienen su cargo importante y fue el que supervisó los hospitales que se construyeron en Cañuelas y en Chubut recomendados por la auditoria del doctor Ginés Mario González García.

Hay mucha más información en el mismo sentido. Pero no quiero cansar a los oyentes. Solo argumentar porque creo que Ginés no pega una y levanta el dedito para dar cátedra. Su oportunismo verticalista no siempre le da resultados. Pero al ministro le importa poco. El ministro se ríe: GGG. ¿De qué se ríe ministro?

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre