El patético marxismo de Guzmán

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“Estos son mis principios. Pero si no le gustan, tengo otros”. Una leyenda urbana le atribuyó esta frase al genial humorista Groucho Marx. El volantazo que el ministro Martín Guzmán pegó en su discurso, debe analizarse bajo la lupa de ese patético marxismo tragicómico.

En su desesperación para evitar ser el primer eyectado del gabinete la noche del 14 de noviembre, Martin, cambió sus principios porque no le gustaban al chavismo cristinista. Igual que Amado Boudou en su momento, de pronto, pasó a ser el más revolucionario de los revolucionarios. Este muchacho, está chapaleando sobre arenas movedizas. Por eso, mientras más se mueve, más se hunde. Guzmán aseguró que no va a devaluar, pero acaba de devaluar su palabra hasta el límite de perder la credibilidad. Y eso lo coloca más rápido de la puerta de salida del gabinete. A él lo trajeron para que jugara en otro puesto. Lo compraron como arquero, para que atajara los penales del Fondo Monetario. Pero fracasó gracias a todos los goles en contra que le hicieron sus propios compañeros. ¿Qué hizo, entonces? Dejó el arco y se fue a jugar de centro delantero.

Grave error de un principiante en la política. Era el único que tenía cierta pátina de profesional prudente, racional y capitalista. Era el único arquero de este equipo que está perdiendo por goleada. Para jugar de nueve, Cristina tiene gente mucho más radicalizada y con más trayectoria que Guzmán. Feletti sin ir más lejos. O Boudou, que está en el banco de suplentes y entra en cualquier momento.

Así fue como Guzmán rifó el poco crédito que le quedaba. Hizo un papelón en el papel de izquierdista. Si es peronista, debería saber que el general dijo que “De todos lados se vuelve, menos del ridículo”. Ayer batió todos los records aunque hace varios días  que viene sobreactuando camporismo para tratar de que después de las elecciones no lo tiren por la ventana.

Defendió a rajatabla el indefendible control de precios, casi que amenazó a los empresarios con meterlos presos. “Al que no colabore, adentro”, dijo convertido en comisario. Y, en línea con los más totalitarios de sus compañeros castigó al periodismo diciendo que “ladran los perros de la derecha”.

Fue too much, diría Cristina. Pero, jugado por jugado, el ministro calificó a Juntos por el Cambio y a María Eugenia Vidal, de ser “anti argentinos porque están en contra de los intereses del pueblo”.

Ya venía cuesta abajo en su rodada. Como en la batalla naval, lo habían tocado sin hundirlo cuando La Cámpora le dijo que nadie se iba del gobierno sin su autorización y bancaron a Federico  Basuado. Fue el comienzo del final. Un ministro como Guzmán no pudo echar de su equipo a un subsecretario de energía eléctrica. Fue desautorizado groseramente. Debería haberse ido en ese momento. Pero se quedó y todo el tiempo fue cayendo más bajo. Pone la cara con el Fondo Monetario y dice que quieren cumplir con los compromisos y todo el elenco estable del cristinismo dinamita esa posibilidad todo el tiempo. Desde Hebe de Bonafini hasta los soldados de Máximo Kirchner, la guardia de Hierro de Cristina.

Triste, solitario y final será la síntesis de paso de Guzmán por la función pública. Salvo que profundice su giro al nacional populismo cleptocrático y  patee el tablero con el programa que sueña Cristina. Esto es una reforma agraria, la expropiación de los medios de  comunicación (la de los perros de la derecha, sobre todo) y la nacionalización de los depósitos o la estatización de los servicios públicos para controlar tarifas. ¿Estará Guzmán dispuesto a llevarlo adelante si se confirma la derrota electoral que parece que se viene?

Está jugado. Rebautizó el “Salón Rojo” del ministerio de Economía como “Abuelas y Madres de Plaza de Mayo”. Y les hizo un homenaje a Estela Carlotto y Taty Almeida y firmó convenios con ambas agrupaciones cristinistas.

A tono con la situación, Guzmán dijo que “Nunca más a los endeudamientos insostenibles” y recibió un pañuelo de Carlotto que le recomendó que lo saque cuando esté preocupado y le pida ayuda a ellas.

El profesor de Columbia y discípulo del premio Nóbel, Joseph Stiglitz, repitió el insólito argumento de que el “Fondo Monetario financió la campaña de Mauricio Macri”. ¿Con esas falacias pretende frenar la inflación, la pobreza y el desempleo?

Hasta el  ex ministro Juan José Llach, reaccionó con un tuit que lo descalifica: “Deplorables las declaraciones de Martín Guzmán, erigiéndose en juez de la argentinidad y acusando a dirigentes de la oposición. Mejor sería para todos, empezando por los más pobres, que Guzmán tuviera un plan económico coherente, del que carece”.

Martín Maximiliano Guzmán todavía no tiene 40 años. Se recibió en la Universidad de La Plata y rápidamente hizo dos doctorados en universidades norteamericanas. Su marxismo patético de cambio de principios, confirmó su ignorancia política que lo lleva a otra frase de Groucho: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”

Así de grave es la situación. A esos infiernos podemos caer.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre