Andahazi: “Cuarentena y procrastinación”

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Estamos atravesando una “cuarentena” que se extendió casi al doble de lo que indica su nombre. Por supuesto, esto genera múltiples consecuencias que van más a allá de lo sanitario.

Hagamos un breve racconto de estos últimos meses y de cómo se han ido modificando nuestras expectativas: el gobierno asumió en diciembre de 2019, durante los meses de verano estuvimos pendientes de conocer el plan económico de la flamante administración, pero nunca fue anunciado.

“Hay que terminar las negociaciones con los acreedores”, decían los funcionarios con pocas ganas de aclarar el futuro poco prometedor de la Argentina.

Muchos opinan que en marzo empieza realmente el año y allá fuimos, expectantes, a ver qué definiciones nos traería el otoño. Pero en marzo el coronavirus ya estaba entre nosotros, se impuso la cuarentena y las definiciones de un plan económico quedaron en meras ilusiones.

Para muchos, incluido el gobierno, las decisiones comenzaron a ser minuto a minuto. Este estilo le calzó muy bien al gobierno; tomó diversas decisiones por DNU, que de otra forma hubieran sido difíciles de aprobar en el Congreso, y otras tantas medidas las pateó para más adelante.

Las negociaciones de la deuda siguen en suspenso, los tiempos se dilatan pero las consecuencias en nuestra resentida economía son gravísimas. “Cuando esto pase”, se volvió la frase de cabecera de esta época. Y no es para menos.

A la mayoría de los argentinos les quedó un proyecto trunco, un emprendimiento en carpeta, trámites por la mitad, definiciones imposibles de resolver: una especie de “stand by” masivo como nunca se vio.

Las personas naturalmente expeditivas y prácticas se sienten terriblemente abrumadas porque encuentran en la acción la verdadera realización personal, su forma de mostrarse y de interactuar con los demás. Son personas a las que un proyecto las lleva a otro, se relacionan formado grupos de trabajo en los que prima la eficiencia y les produce mucha ansiedad sentirse frenados.

Quienes se sientan identificados con esta descripción me dirán: “yo logré seguir trabajando en forma remota”, “tuve que reinventar parte de mi trabajo”, “ocupo mi tiempo arreglando y pintando mi casa” o comentarios que demuestran una gestión más o menos eficaz de esa energía de creación o trabajo, que de pronto hay que hacer fluir de una manera distinta a la acostumbrada.

Pero hay otro tipo de personalidad que encuentra en este “stand by” una forma bastante natural de vivir la vida. Se trata de las personas acostumbradas a retrasar las tareas, las decisiones, la concreción de proyectos; todo se puede “dejar para después”.

La procrastinación es el hábito de posponer o retrasar las tareas prioritarias y reemplazarlas por actividades secundarias y no necesariamente placenteras. En esta circunstancia en la que estamos viviendo, en nuestra cuarentena que se encamina a ser la “más larga del mundo” la procrastinación se nos impone a todos, aunque vaya en contra de la propia naturaleza.

La diferencia es que muchos intentan seguir en acción, avanzar en lo posible y no se resignan a sentir que la vida se detuvo. Muchos logran cambiar los focos de concreción de proyectos y descubren nuevos intereses, nuevas habilidades y una apertura en sus áreas de acción.

Pero los procrastinadores de siempre encuentran en este momento las condiciones dadas para auto justificarse ad infinitum. Porque hay que tener en cuenta que la procrastinación puede ser síntoma de otros trastornos como la depresión y genera en sí misma una gran incomodidad.

Hay un momento en el cual el procrastinador advierte que hace seis horas está dando vueltas y no logra terminar lo que tiene que hacer, entonces lo embarga una especie de angustia mezclada con frustración, se siente culpable y esto lastima su autoestima. Oscila entre el enojo consigo mismo y la autocompasión. Las excusas, por supuesto, están a la orden del día. Veamos los distintos tipos de procrastinadores:

1-Pueden ser personas inmaduras que ven en el hecho de tomar compromisos y cumplirlos algo que les provoca rechazo porque no se sienten capaces. Están instalados en un lugar de cierta dependencia.

2-Hay cierta sintomatología del estrés llamado “burn out”. Es un desgaste profesional que provoca dificultad de concentración y de valoración sobre qué es lo más importante. Las personas con estados agudos de estrés suelen apilar trabajo y decisiones porque no logran abordar las tareas, se sienten superados por las circunstancias, olvidan cosas importantes y viven el paso del tiempo como algo que los acecha y los condiciona.

3- Por más que suene paradójico también hay personas muy perfeccionistas y con alta autoestima que sufren la procrastinación. Esto se da por el miedo al error, a fracasar, a defraudar. Los perfeccionistas temen tanto a realizar un trabajo por debajo de lo esperado que esta sensación los lleva a postergar su concreción.