Alfonsín, el apellido no se mancha

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Propongo que por ahora, en esta columna, lo llamemos simplemente, Ricardito. Así es conocido en el mundillo político. Ricardito es un modesto dirigente del radicalismo bonaerense que será el embajador del cuarto gobierno kirchnerista en España. Alberto Fernández se lo anunció a las autoridades de ese país. Pero como dijo anoche, Jorge Fernández Díaz, su nueva jefa política será Cristina. ¿O alguien duda de eso? Semejante decisión levantó una gran polvareda y un debate muy caliente en su partido que como lema de Leandro Alem, supo tener aquello de que “se rompa pero que no se doble”. Eso habla de firmeza de las convicciones. De no transar con ladrones ni golpistas.

Hubo repercusiones de todos los colores. El presidente de la UCR, el ex gobernador mendocino Alfredo Cornejo, aclaró mediante un comunicado formal, que se trata de una decisión personal de Ricardito y que, de ninguna manera eso involucra al partido de Yrigoyen.

El presidente del interbloque de Cambiemos de diputados, Mario Negri dijo que “el que se quiera ir del radicalismo, que se vaya. No estoy de acuerdo con las expulsiones, pero para estar incómodo en un lugar, mejor que se vaya”

El presidente de la Juventud Radical bonaerense, Martín Borrazas, fue mucho más implacable. Directamente pidió la expulsión del partido. “Ricardo fuera de la UCR”, fue su tuit. Anoche, en mi programa de TN, el senador Julio Cobos expresó una postura más flexible y comprensible. No lo tomó dramáticamente ni creyó conveniente condenar esa decisión de alguien con quien compartió la idea de no participar de Cambiemos ni de aliarse a Mauricio Macri. Hace un tiempo que Ricardito viene tirando centros para que cabecee Alberto. Algunos dicen que estaba buscando un conchabo, pero yo no lo creo. El tema que me parece grave es que Ricardito es el hijo de don Raúl Alfonsín y ese apellido, a esta altura de la historia, es un patrimonio de todos los argentinos. Salvo los extremistas que no quieren a nadie, la inmensa mayoría de nuestro pueblo tiene a Alfonsín en un pedestal porque representa cuestiones sagradas: es el padre de la democracia y la libertad recuperada después de la noche tenebrosa del terrorismo de estado y también, como la mayoría de su partido, expresa a quienes creen en la honradez, en las manos limpias y las uñas cortas, en la austeridad republicana y en el diálogo democrático que evite cualquier tipo de autoritarismo y violencia. Eso representa ese apellido. Los valores de Alfonsín son casi la contra cara de los disvalores del cristinismo. Cristina, sus hijos y su cartel de los pingüinos, en el mundo y, por lo menos para diez millones de argentinos, son sinónimo de cleptocracia y de la corrupción más colosal de la historia democrática, y de una apuesta al chavismo criollo, hegemónico y generador de la grieta más profunda que vivimos en este país después de la pelea entre los seguidores de Perón y sus opositores.

¿Es positivo para nuestro futuro político que alguien que tiene como apellido Alfonsín sea la cara ante España de los Lázaro Báez, los Cristóbal López, los José López, los Luis D’Elía, los Boudou y los Esteches. Pregunto: ¿Ricardito cree que en Venezuela hay democracia? Lo digo porque en su explicación asegura que va a apostar con su gestión a la “no restauración de los tiranos”. Por eso sería bueno conocer su opinión sobre Maduro, Raúl Castro y compañía y el nicaragüense, Daniel Ortega. ¿Son tiranos o líderes democráticos?

¿Está de acuerdo, Ricardito, en que los 9 procesamientos y 7 elevaciones a juicio oral y los pedidos de prisión preventiva de Cristina son una campaña armada por la embajada de Estados Unidos, ciertos jueces y los medios de comunicación hegemónicos? ¿Eso cree Ricardito? Lo pregunto porque pidió respeto por una decisión que tomó, según dijo, “desde la más profunda honestidad y con el mayor sentido patriótico”. ¿Lo hizo por la patria? ¿O por un interés personal acomodaticio?

Por supuesto que le agradeció a Alberto Fernández “por su confianza” y por el ejemplo de  amplitud”. Después aclaró que no va a asumir una responsabilidad partidaria, sino de Estado y abogó para que eso en el futuro sea un “deber”. Parece que nos quiere hacer creer que no se trata de una lujosa zanahoria para cooptarlo sino de una obligación y de un sacrificio que hace  por todos nosotros. Nadie le pide tanto, Ricardito.

Pregunto: ¿Está feliz con la darle la libertad a los ladrones de estado que este gobierno llama presos políticos? Lo digo porque Ricardito, va a tener que poner la cara por todo esto. Los empresarios y los periodistas españoles le van a preguntar sobre estos temas y muchos más. ¿Usted, Ricardito, compartió el pacto tenebroso que Cristina firmó con Irán? ¿Cree que Nisman se suicidó o fue asesinado?

El revuelo que se armó fue tan grande que Ricardito se vió obligado a emitir un comunicado tratando de explicar lo inexplicable. Sus excusas y justificaciones fueron de una fragilidad notable. Dijo que su padre, también designó a embajadores de otros partidos como el peronismo. No puedo creer como (justo él) pudo hacer semejante comparación. Para cualquier dirigente del justicialismo o de otro partido, era un orgullo, una medalla ética representar esa lucha por los derechos humanos contra todo tipo de dictadura que fomentó Alfonsín. El gobierno de los Fernández no tiene ni punto de comparación con aquella administración alfonsinista. Son el día y la noche. Un tempo de las ideas y los consensos y un prostíbulo de las mafias y los chanchullos. No creo que Ricardito defienda en España la libertad de Julio de Vido. Ni el tribunal de ética para juzgar a los periodistas que Eduardo Barcesat va a llevar a cabo precisamente en Madrid.

Como si esto fuera poco, levanta el dedito y para defenderse ataca a los que tienen una mirada crítica con los K. Dice que hay una peligrosa fractura en la  sociedad y que hay dirigentes que “no hacen más que estimularla con posiciones irreductibles”. Ricardito quiere cerrar la grieta. ¿Con quién se quiere abrazar? ¿Con Ricardo Jaime? La grieta se cierra con el respeto a la Constitución y a la división de poderes. Con los corruptos de estado y los chavista K, afuera. De lo contrario es sumisión.

Ricardito se preguntó en algún momento porque motivo lo eligió Alberto. ¿Cuál es el objetivo del presidente? ¿Seguir dividiendo al radicalismo y a la oposición? Eso lo viene fogoneando Leopoldo Moreau que quedará como un triste recuerdo en el radicalismo. Cuando fue candidato a presidente, hizo un papelón de padre y señor nuestro. Sacó la menor cantidad de votos de la historia. Cuando Ricardito fue candidato a presidente, en el 2011, llevó de candidato a gobernador a Francisco de Narváez que, ideológicamente, nunca fue muy distinto de Macri. Obtuvo el 11% de los votos contra el 54% de Cristina y dividió a la socialdemocracia porque Hermes Binner fue separado y consiguió el segundo puesto con casi el 17 % de los sufragios.

¿Entonces porque lo eligió Alberto? ¿Por qué Ricardito es un pensador innovador de la política que escribió varios libros de ensayos sobre la caída de las certezas o la fragilidad de las democracias o acerca de las nuevas formas de la comunicación política? No. De ninguna manera.

¿Alberto lo eligió porque tiene un armado organizativo que moviliza y convoca a multitudes? No. De ninguna manera.

¿Alberto lo eligió porque su carisma y su discurso enamoran desde los medios de comunicación? No. De ninguna manera.

Entonces, ¿Por qué lo eligió? Por portación de apellido. Seamos sinceros. Si Ricardito se llamara Pérez, o González, hoy no sería embajador en España. Anoche Luis Juez dijo por televisión que le parecía un espanto la decisión de Ricardito y que era algo horrible que “los perjudicaba a todos”.

El apellido Alfonsín, es un patrimonio de todos los argentinos. A esta altura define mucho más que una familia. Por suerte y a pesar de todo, el apellido Alfonsín, no se mancha.