Yo me quedo en casa

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Bajo la consigna mundial que circula en las redes sociales, el periodista conduce su programa Le Doy Mi Palabra en cuarentena, para evitar el circulamiento del coronavirus.


El maldito coronavirus y su pandemia criminal también pueden generar milagros positivos. Hoy se produjo una situación inédita. Doscientos treinta diarios de la Argentina aparecieron en los kioscos con la misma tapa. Todos, codo a codo, con el mismo mensaje:” Al virus lo frenamos entre todos. Viralicemos la responsabilidad”.

A esa verdad irrefutable le agregaron el hashtag “Somos responsables”. Me sumo con todo entusiasmo y alegría a esa señal de convivencia y mancomunión ante un poderoso enemigo común. Ver a Clarín y Página 12 o a La Nación y Crónica con una tapa en la que solo se diferenciaban con el logo, me pareció muy esperanzador. Es la demostración que se puede cerrar la grieta, por lo menos hasta que termine esta guerra contra la peste y a favor de la vida de todos los que habitamos el suelo patrio. Esto lo organizó ADEPA (La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) y nos marca a todos el camino que hay que seguir. También nos informaron una serie de definiciones de lo que significa ser responsables a esta hora de la historia.

Son consejos muy sencillos pero absolutamente necesarios. Ahí van:

• SomosResponsables quedándonos en casa, salvo fuerza mayor. No son vacaciones.
• #SomosResponsables lavándonos bien y frecuentemente las manos con agua y jabón, o en su defecto con alcohol en gel.
• #SomosResponsables evitando tocarnos la cara con las manos.
• #SomosResponsables ventilando los ambientes.
• #SomosResponsables manteniendo distancia social.
• #SomosResponsables aislándonos 14 días en caso de haber estado en un país de riesgo o en contacto con un potencial contagiado.
• #SomosResponsables denunciando a quien incumple una cuarentena.
• #SomosResponsables consultando al médico ante fiebre más tos, dolor de garganta o dificultades respiratorias.
• #SomosResponsables difundiendo información que provenga solo de fuentes confiables.

Este es nuestro rol. Como dice esta querida radio Mitre: “contra el corona virus, lo mejor es la información” Dar a conocer datos serios, rigurosos, confiables de las autoridades sanitarias, de los expertos médicos y de las organizaciones especialistas en el tema. Y por un tiempo dejar de replicar las pavadas que dicen algunas personas frívolas que no han tomado conciencia de la gravedad de lo que está ocurriendo.

Hicieron bien desde lo político los jefes de los bloques parlamentarios de la oposición. En otros temas no, pero en esta guerra debe haber tácticas y estrategias diseñadas por un poder centralizado. Y lo hayamos votado o repudiado, el comandante de esta batalla es constitucionalmente el presidente Alberto Fernández. Eso dijo el propio Mario Negri, jefe del bloque de diputados de Juntos por el Cambio y un duro crítico del kirchnerismo.

No es tiempo de ventear energía en tonterías. Hay que concentrar el tiempo y las neuronas en todas las actividades que contribuyan a cuidarnos a nosotros mismos y a nuestra familia que es la mejor forma de cuidar a todo el país y todos los países. Es una curiosa paradoja que en esta batalla en la que tenemos que estar juntos, no podemos juntarnos y debemos quedarnos en casa. Y según todo indica más temprano que tarde el gobierno anunciará una cuarentena obligatoria.

Horacio Rodríguez Larreta dijo esta mañana que es inminente la circulación social del virus. La coincidencia entre los hombres de ciencia es que, mientras más tiempo y más gente no salga a la calle, menos podrá circular ese bichito que nos carcome los pulmones y las certezas. Un genio argentino como el doctor Fernando Polack se lo dijo a nuestro amigo Jorge Fernández Díaz por estos micrófonos: “La única vacuna es el aislamiento social y debemos aprender de la disciplina que tiene Oriente”. Y por eso propuso ser más drásticos y veloces en las medidas a tomar. Polack sabe lo que dice. Es profesor en pediatría, microbiología molecular e inmunología, premiado por su investigación en Estados Unidos, estuvo diez años en la prestigiosa escuela de medicina Johns Hopkins y hoy es asesor de la Organización Mundial de la Salud.

Mientras tanto está comenzando una nueva era histórica. Todavía no sabemos cómo va a ser, pero seguramente que todo se va a recetear, nuestras relaciones laborales y económicas se van a reformular, con las nuevas prioridades que estamos recuperando. Por ahora el mundo está al revés en muchos casos. Patas para arriba. No solo porque hablamos de unidad y nos tenemos que aislar. También porque los lugares turísticos que viven de esa actividad, ruegan que no vayamos, cierran todo y nos ponen todo tipo de trabas para llegar. Sin embargo, miles de compatriotas hacen cola en la entrada de Villa Gesell o Pinamar para tomarse unas mini vacaciones. La estupidez no se toma vacaciones. Y no tiene límites. Me asombra ver tanto boludo suelto que arriesga a su familia y nos arriesga a todos.

Unas gotitas venenosas de saliva que quedan flotando en el aire han puesto en cuarentena al planeta que está perdiendo montañas de dinero y todavía no sabe de qué manera las va a recuperar. Y eso que la tasa de mortalidad es baja. Como promedio, es apenas (entre comillas) el 4%. Pero hay países como Italia que están llegando al diez por ciento de muertos entre los contagiados. Es terrible. Esa Italia que tanto amamos. Forza Italia. Aguanten queridos tanos. Los aviones no vuelan y por eso no tienen lugar en los aeropuertos para quedarse en tierra. Es que fueron diseñados para volar.

Los argentinos deberíamos imaginar juntos un mecanismo para homenajear a los médicos, a los enfermeros y a todos los agentes sanitarios que le ponen el pecho a esta guerra. Son la infantería, la cabecera de playa. En algunas ciudades de Europa, todos los días a las 21 la gente sale a los balcones o abre sus ventanas y les regala un sonoro aplauso. Es una manera de abrazarlos sin abrazarlos. De colocarle una medalla a su heroicidad de jugarse la vida para defender nuestra vida. Los servicios esenciales tienen que seguir funcionando. Los supermercados y las empresas que producen esos productos alimenticios y de limpieza, los sanatorios y hospitales, las estaciones de servicio y los camiones que trasladan todo lo que necesitamos para que no cunda el pánico por el desabastecimiento. Los medios de comunicación y los periodistas también tenemos responsabilidades irrenunciables y estaremos aquí firmes al lado del cañón. En ese sentido, yo tengo algo para contarles. Hace varios días que estoy haciendo el programa desde mi casa. No lo quise contar porque pensé que podría generar una exagerada inquietud. Solo por prevención y para cumplir con la orden de aislarnos y circular lo menos posible.

La radio generosamente me instaló una pequeña consola en mi domicilio y así voy a seguir hasta que derrotemos al virus con corona. Tengo que agradecer también a todos mis compañeros porque hacer un programa a distancia, sin mirarnos a la cara es más difícil y estresante. Pero hacemos todo lo posible profesionalmente para estar a la altura de las circunstancias. Yo voy a tratar de contar las noticias, las reflexiones, los sentimientos y las experiencias a través de columnas como esta que hago hace tantos años.

Solo que les voy a dar el formato de un cronista de guerra. Voy a contar casi cronológicamente todo lo que yo sepa o vea como si fuera un corresponsal de guerra. Hoy, por ejemplo, me impactó la frase final de la columna de Héctor Gambini en Clarín. Dice así: “la conciencia nos grita que un nieto puede matar a su abuelo por ir a darle un abrazo”. Esa locura nos indica que tenemos que prepararnos para el combate frontal. De hecho estamos en guerra. Todos los argentinos contra el coronavirus. Armados de agua y jabón, de alcohol en gel, y de la mejor información posible también daremos batalla desde nuestra trinchera radial. Para que todos estemos fuertes, juntos, sanos y salvos. Quedate en tu casa es una de las principales consignas de la hora. Quedarse en casa el mayor tiempo posible corta la circulación del virus. Es una responsabilidad ciudadana de todos. Quedate en tu casa. Yo también me quedo.