Norma Aleandro, un sol de otoño

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El fragmento que acabamos de escuchar me iluminó el día, en medio del aislamiento. Sobre todo cuando en el video, aparece el rostro de Norma Aleandro y habla de compartir el “sol de otoño que cruza todas las ventanas”.

Es un material hecho por actores, con la idea de contener a los trabajadores que no trabajan y a los espectadores de cine que no pueden ir al cine. Norma Aleandro es la que narra detrás de las imágenes. Sentí que ella fue un sol de otoño que cruzó mi ventana. En el texto se van mixturando la realidad de la pandemia que hoy padecemos, con los títulos de grandes películas de nuestra historia. Norma dice “Esta no es la película que elegimos, pero todos somos protagonistas”.

Estremece el corazón ver historias y personajes entrañables de ayer, de hoy y de siempre. Isabel Sarli, Luis Sandrini, Hugo del Carril, Tita Merello, Nini Marshal y el infaltable Carlos Gardel, entre otros formadores de nuestras conciencia colectiva de tristezas y esperanzas. Y actores y actrices de todos los palos y de todas las camisetas. Al final, Norma Aleandro nos dice que pronto “volverá la magia del cine y vamos a salir a escena, con más sueños y más trabajo”.

Confieso que esa voz me llenó de paz interior y de felicidad. La voz de Norma Aleandro, tal vez la mejor actriz argentina de todos los tiempos. Pero me quedo corto si digo que Norma es solamente actriz. Es guionista, escritora, directora de teatro, docente, dibujante, pintora y abuela de Iván Ferrigno, un músico que todos los días en Barcelona, sale al balcón a diseminar música con sus instrumentos. Para Norma, nada de lo humano le es ajeno.
A esta altura, Norma Aleandro es un ícono de la cultura con mayúsculas. Tiene una postura ética de la vida y siempre le puso el pecho a la lucha por la libertad. No en vano viene de una familia maravillosa de artistas que siempre enfrentan la oscuridad de todos los intentos totalitarios. Ella fue muy v

liente para enfrentar la dictadura que la obligó al exilio y también para denunciar a los autoritarios de los últimos tiempos, cuando quisieron censurar a los periodistas independientes. Cada compatriota tiene su Norma Aleandro preferida. Porque brilló en teatro, televisión y participó en más de 40 películas. Sobre las tablas interpretó a Eurípides, Moliére, Lope de Vega, Arthur Miller, Tennessee Williams y Cervantes. Yo quedé impactado cuando volvió del exilio en España y fue la protagonista del estreno mundial de “La Señorita de Tacna”, del talentoso Mario Vargas Llosa. Se había tenido que ir, amenazada de muerte por la triple A del ministro de Perón e Isabel, José López Rega (a) “El Brujo”. Pero su regreso fue triunfal. Marilina Ross le compuso en agradecimiento un tema titulado “Norma de vida”, porque la ayudó a superar el desamparo del destierro en Madrid y la incitó a cantar para revivir.

Pocos recuerdan que en televisión, muy jovencita, fue parte de los entrañables artistas que impactaron a medio mundo con una telenovela súper exitosa llamada “El amor tiene cara de mujer”. Esa creación de Nené Cascallar tuvo 800 episodios y en mi casa, con mi vieja, no nos perdimos ninguno. Bárbara Mujica estaba con Delfy de Ortega en los papeles principales pero también tuvieron participación, además de Norma, mis queridas y respetadas Virgina Lago y Evangelina Salazar o caballeros ejemplares de la actuación como Sergio Renán o Rodolfo Bebán. Norma Aleandro y Bárbara se sumaron al “Clan Stivel” y a esa “Cosa Juzgada” que revolucionó los contenidos de la tele para siempre. Actuaban como los dioses los textos audaces de Juan Carlos Gené y Martha Mercader.

No alcanzan los tiempos para repasar todo lo que Norma Aleandro, nos entregó. Todo lo que le debemos. Pero en la pantalla grande, apareció la más grande de las normas. Esa historia oficial, con Héctor Alterio, que trajo el primer premio Oscar a la Argentina. Su nominación como mejor actriz en esa suerte de Olimpo de la industria cultural. Incluso, en dos ocasiones, fue presentadora de las ceremonias de entrega, junto a Jack Valenti y Charlton Heston ¿Y los papeles pequeños pero nunca menores que sumó en varias producciones de Hollywood? ¿Se puede pedir más?

Los premios llegaron en cataratas y de todos los colores y tamaños. Festival de Cannes, de San Sebastián, Globo de Oro, Cóndor de Plata a granel. Todavía me emociona hasta las lágrimas cuando recuerdo como nos conmovió en “El hijo de la novia”. Fue magistral, una clase de actuación, cuando hizo de la madre de Ricardo Darín, internada en un geriátrico y con Alzheimer. Solo a los metales no se les estrujó el alma.

La Norma Aleandro de la infancia, recuerda que fue criada, sobre todo por su abuela. Pero estoy seguro que su familia de artistas, celebró cuando Norma, con apenas 9 añitos, se subió al escenario en el teatro Smart. Estaba con Don Pedro, su padre y María Luisa Robledo, su madre. Su hermana María Vaner, también fue una actriz con gran personalidad que estuvo casada con Leonardo Favio.

Y la presencia permanente del irrepetible Alfredo Alcón como compañero de cartelera, como pareja y como amigo hasta que la muerte de Alfredo los separó. Me hubiera encantado escucharla en radio: Norma también trabajó en “Las dos carátulas” en Radio Nacional.

Hace 16 años, Norma fue elegida la primera presidenta de la “Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina”. Este confinamiento frenó dos proyectos que le hacían mucha ilusión pero que pronto van a renacer. Un libro de sus pinturas y dibujos que se titula: “Confieso que pinto y otras cosas que no voy a confesar”. Y una obra de teatro para reírse todo el tiempo, llamada “Mi abuela, la loca”. Ya estaban ensayando con Oscar Martínez, otro grande entre los grandes, con el que nunca había trabajado antes.

Ella lo dice en este video que me abrió la ventana a este maravilloso sol de otoño. Todos necesitamos un pie para salir a escena. Para que amanezca otro tiempo. Con mejores personas y mejores sociedades. Más justas, con más igualdad de oportunidades, más libres, más democráticas, con las manos y los lagos y los cielos más limpios y menos contaminados de corrupción, autoritarismos y basura.

Ya volverá la magia del cine y del trabajo mancomunado de la ilusión y la fantasía. Ya volverá Norma al cine, al teatro y a la pintura. Ya volverá y será millones de aplausos. Yo la nombro y siento que entra el sol de otoño por mi ventana. Me pongo de pié para saludarla: Norma Aleandro. Norma de la ley y los preceptos. Norma de los valores. Norma de la libertad.

Confieso que una mañana de otoño, su voz me llenó de paz interior y de felicidad. Ojalá esta columna pueda multiplicar ese sentimiento.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre