Muñoz, millonario por arte de mafia

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Una catarata nacional de indignación y bronca produjo la orden de Carlos Zannini para favorecer a un delincuente condenado en segunda instancia como Amado Boudou. El procurador general del tesoro, que debe defender al estado, decidió que el estado al que Boudou defraudó, le pague 400 mil pesos por mes de jubilación para toda la vida. ¿Escuchó bien? En forma vitalicia. Y como si esto fuera poco, el ANSES tendrá que abonarle los sueldos que no percibió durante los cuatro años del gobierno de Macri. Estamos hablando de alrededor de 20 millones de pesos de arranque. ¿Hay otra forma más humillante de mojarle la oreja y provocar a la sociedad? Si. El caso del fallecido Daniel Muñoz.

Fue un integrante clave del Cartel de los Pinguinos enriquecidos en forma ilegal y colosal. Hablo de Rudy Ulloa Igor, Julio de Vido, Roberto Baratta, José López, Lázaro Báez y Cristóbal López, entre otros patagónicos amigos, cómplices y socios del matrimonio Kirchner.

Las últimas imágenes del naufragio de Daniel Muñoz son escandalosas. El juez Marcelo Martínez de Giorgi envió un exhorto a Suiza y las Islas Vírgenes Británicas para que se congelen los fondos y se embarguen las cuentas de sus testaferros, cómplices y de varias sociedades fantasmas.

Mariana Zuvic, una de las principales denunciantes de estos ladrones de estado, escribió un tuit que dice: “Señor presidente, acá tiene 5 millones de dólares más para recuperar de la corrupción, con los que se podrían comprar 456 respiradores. ¿Y si recuperamos lo robado en vez de expropiar empresas? Esa cifra es la suma de tres operaciones que se hicieron, para la compra que hizo Muñoz de la empresa de nebulizadores y artículos médicos, llamada San-Up. Todo a través de testaferros como Carlos Temístocles Cortez, que fue procesado por lavado de dinero. De cuentas a su nombre se hicieron algunas de las increíbles compras de inmuebles en los Estados Unidos.

La repugnante historia corrupta de Daniel Muñoz parece una novela policial pero, lamentablemente, es la realidad.
Muñoz era un petiso, rubio y gordito, muy parecido al humorista británico Benny Hill. Pero no era ningún gil. Por lo menos él se creía muy vivo. Conoció a los Kirchner cuando entró a trabajar como cobrador a su estudio jurídico. Se podría decir que siempre tuvo ese rol, el de cobrador. Porque fue el principal recaudador de fondos de coimas del gigantesco sistema de corrupción que instalaron los Kirchner. Muñoz era el encargado de recibir los bolsos, valijas y mochilas cargados de dólares y euros sucios, esconderlos en el sur y luego lavarlos.

Todos los caminos llevaban a Muñoz que, en casi todos los casos atendía en el departamento de Recoleta donde vivió el matrimonio presidencial y en donde todavía vive Cristina. Cuando Muñoz se incorporó al gobierno nacional como secretario privado de Néstor, declaró como único patrimonio un VW Gol modelo 99. Cuando se murió, según el cálculo de Víctor Manzanares, el arrepentido ex contador de los Kirchner, Carolina Pochetti, la viuda de Muñoz tenía alrededor de 200 millones de dólares, invertidos en su mayoría en empresas y propiedades lujosas. ¿Escuchó bien? Doscientos millones de dólares. De un Gol modelo 99 a la fortuna propia de un magnate. La gran pregunta de ese momento fue si semejante riqueza era de Néstor y Muñoz actuaba solo como testaferro de su jefe o si Muñoz, se la había robado durante tantos años apostando al dicho del que le roba a un ladrón tiene 100 años de perdón.

De todos modos eso da una magnitud del total robado al pueblo argentino. Son cifras siderales. A eso hay que sumarle los 50 millones de dólares en billetes que Hugo Chávez compartió con Néstor según la denuncia de otro arrepentido y funcionario de mucha confianza de los Kirchner: Claudio Uberti. Está claro que fueron los patrones del mal de Santa Cruz.

Muñoz era muy maltratado por Néstor. Era una costumbre del ex presidente, manosear el trasero o empujar o directamente pegarle un cachetazo a sus colaboradores de menor rango. Muñoz la ligaba siempre. Incluso le pegada delante de los periodistas. Varias veces se le tiraba encima de su cama durante la madrugada para despertar a Muñoz y le decía: “Dónde me guardaste las pastillas, gordo”. Manzanares se compadecía de ese sufrimiento y para darle una alegría le “fabricaba”, con los dibujos contables, dinero blanco para que se pudiera comprar lo que quisiera y acolchonar tanto sopapo.

El océano de billetes viajaba en el avión presidencial, algo que el propio piloto confirmó y en el aeropuerto nadie se atrevía a revisar la camioneta en la que se llevaban los bolsos a la casa de María Ostoic, la madre de Néstor.
En su impunidad absoluta, llegaron a comprar un hotel flotante de 5 estrellas que navegaba por el Lago Argentino.
La gran novedad de estas últimas horas es insólita. Por medio de familiares y testaferros, el matrimonio Muñoz compró

5 terrenos en el paradisíaco archipiélago de Turks and Caicos. Están al lado del lujoso hotel Amanyara y tenían pensado construir un resort para millonarios vip. Es que las 40 islas que pertenecen a Gran Bretaña tienen una barrera de coral de 14 millas y un hermoso mar cristalino. La justicia argentina quiso embargar esos bienes pero como se trata de un parque nacional, hay un conflicto legal con las autoridades que tratan de recuperar esas tierras tan valiosas. Por esto y por las propiedades que compraron en Miami y en Nueva York, intervino el FBI y las cosas se están poniendo más complicadas para el entorno de los K y para la propia Cristina. Porque la inquietud principal es: ¿De dónde sacaron los Muñoz esos 30 millones de dólares? ¿Y de dónde sacaron los Kirchner, semejante opulencia casi de jeque árabe? Corrupción. Coimas. Lavado. Delincuencia de estado. Esas son las respuestas y al FBI no le pueden ir con el cuentito ese de que los persiguen por ser revolucionarios.

Las empresas fantasmas y las cuentas de esta estafa kirchnerista liderada por Daniel Muñoz están ubicado en guaridas fiscales, Islas Vírgenes, Monterrey, Hong Kong, Andorra y todo eso los llevó a aparecer en la investigación de los Panamá Papers. Era tanto el dinero que también pudieron comprar en Argentina empresas del rubro petrolero, inmobiliario, de insumos farmacéuticos y en Miami hasta un supermercado. La frutilla del postre, la cima de la delincuencia es que se atrevieron a comprar un departamento en el legendario Plaza Hotel, en el corazón de Nueva York. Les costó 14 millones de dólares. Es un lugar reservado para las grandes figuras del mundo del espectáculo como Mick Jagger, Marlene Dietrich, Marilyn Monroe, o Frank Sinatra, entre otros. Hasta ese lugar llegó el secretario privado de Néstor y Cristina Kirchner.

Manzanares le contó a la justicia, es decir que figura en el expediente de su declaración, que cuando murió Néstor y llegó al aeropuerto Daniel Muñoz, había varios desesperados de codicia que se peleaban por lo que llamaban “las llaves del tesoro”, donde estaba guardado el producto de la corrupción de estado. Fue tan grande la voracidad por los billetes que hasta Muñoz se sintió mal y dijo “Nunca podré olvidar la cara del Bochi Sanfelice.” Este personaje que era el socio de Néstor y Máximo en la inmobiliaria, vive actualmente en el barrio de chacras con puerto, donde tienen sus mansiones Julio de Vido, Máximo Kirchner y Fabian de Souza, entre otros. El contador Manzanares definió al Bochi “como el López Rega de Néstor”.

El juez Claudio Bonadío escribió que “esta era una organización criminal liderada por Cristina para recaudar fondos ilegales” y tal vez por eso, la ex presidenta dijo “menos mal que se murió Muñoz”. Todavía no se habían arrepentido tanto Carolina Pochetti como Víctor Manzanares. Ella estuvo 4 meses presa. Y el estuvo como testigo protegido hasta que renunció y se fue a Rio Gallegos donde pidió perdón públicamente a Dios, a su familia y al pueblo argentino”.

Manzanares fue el que contó con lujo de detalles como Néstor lo mandó a hablar a la SIDE con Javier Fernández y Norberto Oyarbide para dibujar una pericia contable. Ahora la jueza María Eugenia Capuchetti está investigando el cierre fraudulento que hizo Oyarbide que después lloró y dijo que lo habían agarrado del cogote. Pero en ese momento, celebraron y Manzanares pidió un té. Sus acompañantes se rieron y le dijeron: “Pibe, acá se toma champagne” y procedieron a descorchar. Será Justicia.

Esta es apenas un capítulo de la serie nefasta de Daniel Muñoz. De un auto modelo 99 pasó a ser un potentado ultra millonario, solo por ser el secretario privado de Néstor y Cristina Kirchner. Un cadete, un corre ve y dile con 200 millones de dólares. Solo en la Argentina K podía ocurrir eso. Nunca trabajó de nada que no fuera secretario de Néstor. Por eso digo que Daniel Muñoz, se enriqueció como por arte de mafia.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.