Cristina fusiló al tribunal y a la justicia

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Cristina fusiló al tribunal que la juzga. Los acusó de ser un “pelotón de fusilamiento”. Según el diccionario, “fusilar” es “ejecutar a una persona con una descarga de fusiles”. Los sinónimos son más terribles todavía. Impensables de utilizar en democracia y con paz social. Fusilar es “matar, ajusticiar, ametrallar”.

La propia acusada dijo que se había sido muy generosa cuando los caracterizó como un tribunal del Lawfare. Al comienzo de esta causa ella había dicho que la historia la había absuelto y hoy reafirmó que esa historia los va a condenar a los jueces y a los fiscales.

El nivel de cinismo e hipocresía de Cristina superó todos los límites. Nadie, nunca antes, se había atrevido a acusar de pelotón de fusilamientos a los jueces. Cristina no respondió jamás con pruebas, ninguna de las serias acusaciones y encima argumentó sobre otros temas que no tienen nada que ver con el juicio. Por ejemplo, dijo que un gobierno que ganó las elecciones no puede ser caracterizado de asociación ilícita. Nadie acusó al gobierno. La asociación ilícita es la imputación hacia algunos integrantes del Cartel de los Pingüinos Millonarios cuya jefatura ejerció primero Néstor y luego Cristina.

Dijo que siempre vivió en el mismo departamento pese a que no puede justificar la fortuna colosal que hicieron en forma ilegal toda su familia, varios de sus funcionarios más cercanos como sus secretarios privados, algunos ministros y empresarios amigos, empleados y testaferros.

A esta altura creo que Cristina padece “bovarismo”. Se trata de una dolencia que sufre Emma Bovary, la heroína de la novela de Flaubert que consiste en construir su visión del mundo a partir de la lectura de novelas. Algo así como creerse sus propias mentiras. Inventarse un universo paralelo. Vivir fuera de la realidad.

Todo el tiempo buscó, pero no logró, vincular el intento de asesinado que sufrió con esta causa por mega corrupción de estado. Tuvo un comentario que fue directamente delirante: “Brenda Uliarte, creo que lo seguía en Facebook o en Twitter al fiscal Luciani. Curiosa coincidencia”. Creo, dice Cristina, curiosa coincidencia, dice Cristina que inventó el delito de seguimiento en Facebook o en Twitter. Tragicómico papel.

En el colmo de su auto engaño acusó a los fiscales de seguir un guion de Clarín y La Nación y dijo que esos diarios no dijeron nada durante la dictadura. Se metió en su propio barro. Ni ella ni Néstor dijeron una palabra sobre la violación de los derechos humanos durante la dictadura y tampoco bien entrada la democracia. Se tiró un tiro en los pies cuando habló de los habeas corpus de aquella época. Pocos rechazaron tantas habeas corpus como Eugenio Zaffaroni, mentor judicial de Cristina y el estudio jurídico que ella integraba con su marido, jamás presentó uno. Lo dijo hasta el propio Julio César Strassera.

Cristina dijo una sola verdad cuando manifestó que otros habían cometido delitos pero que “la ladrona y la chorra soy yo”. A confesión de partes, relevo de pruebas.

La diputada cívica Paula Oliveto fue contundente en sus redes: “En el estrado, todos los delincuentes mienten y se dicen inocentes. Eso lo hemos visto siempre. Pero lo que nunca vimos es a una persona amenazar en vivo a jueces, llamar a la violencia y llevar a más peleas entre los argentinos. Más allá de la sentencia, el pueblo sabe que robó”.

Insistió con su teoría floja de papeles de que el Partido Judicial ahora reemplazó el rol del Partido Militar a la hora de perseguir a los dirigentes populares y condicionar a la democracia. Y de inmediato vino lo que Oliveto calificó como “llamar a la violencia”. Cristina dijo que cuando las sociedades advierten estas trampas, “eclosionan las instituciones”. ¿Será la pueblada contra la justicia que tanto reclamaba Hebe de Bonafini antes de morir?

Tuvo palabras elegidas para fustigar a la figura de asociación ilícita. Algunas fuentes judiciales dicen que la sentencia que se conocerá la semana que viene, será condenatoria, pero no por el delito de ser la jefa de una asociación ilícita sino por mal desempeño o malversación que tienen penas menores. Veremos. Por ahora son versiones. Lo cierto es que la acusación de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola se hizo con tres toneladas de pruebas irrefutables, con rigurosidad técnica y con un coraje a prueba de balas. Y cuando digo a prueba de balas, lo digo en todo el sentido de la palabra. Otro fiscal valiente, Carlos Stornelli no anduvo con vueltas y expresó su preocupación por la seguridad de Luciani: “Van a venir los vueltos y esperemos que no sea un tiro, como con Nisman”, el fiscal asesinado.

Diego Sebastián Luciani entró en la historia porque fue el principal protagonista del juicio más importante de todos los tiempos después del juicio a las juntas militares que condenaron al terrorismo de estado. Su temple y su carisma comunicacional impactaron muy fuerte a la hora de pedir semejante condena para Cristina Fernández de Kirchner, la dos veces presidenta y actual vice. No solamente solicitó al tribunal 12 años de cárcel para la reina del Calafate, también pidió su inhabilitación de por vida para ejercer cargos públicos y que devuelvan la montaña de dinero que robaron desde el estado.

Los más prudentes hablan de que, solo en esta causa, se llevaron a su casa más de 2.500 millones de dólares. No fue magia, fue mafia.

Se cumplieron con todos los pasos y con todas las garantías del juicio oral y público. Fueron las últimas palabras de Cristina. Las últimas palabras antes de su condena. Cristina si se mancha.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre