El silencio de Hebe, Carlotto y Pietragalla

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Tras el manto de neblina que impone la cuarentena, no hemos de olvidar la seguidilla de asesinatos y violaciones a los derechos humanos cometidos por policías provinciales donde gobierna el peronismo. Los máximos funcionarios del área de este cuarto gobierno kirchnerista, miraron para otro lado y callaron durante demasiado tiempo hasta que, finalmente reaccionaron tarde y en forma muy débil.

Hablo, para empezar, del secuestro seguido de muerte del peón rural Luis Espinoza en Tucumán. Su cadáver fue arrojado en una bolsa por un barranco cerca del límite con Catamarca. Fueron 8 policías vestidos de civil, para más datos.

Aturde el silencio de los gobernadores Juan Manzur, Alberto Rodríguez Saa y Jorge Capitanich. Indigna que el funcionario encargado del área, Horacio Pietragalla, más preocupado por liberar a los presos de la corrupción de estado, apenas haya emitido un tuit tardío y luego del escándalo. Asombra que dos ministras mujeres como Sabina Fréderic y Elizabeth Gómez Alcorta no hayan dicho una palabra. Claramente las fuerzas del orden que cometen delitos graves son un tema de seguridad y en San Luis y en el Chaco, hubo víctimas femeninas. Florencia Morales apareció ahorcada en un calabozo, aunque la autopsia reveló que quiso defenderse y en la localidad de Fontana, una familia Qom fue torturada y vejada brutalmente y en especial las chicas que fueron abusadas. ¿No hay violencia de género en estos casos? ¿No es agravada porque los victimarios representan al estado con sus uniformes?

Hebe de Bonafini y Estela Carlotto ni siquiera mostraron interés por las víctimas.

En 2016, el diario Clarín me publicó una columna que multiplicó el hostigamiento que ya padecía de los fanáticos del relato falaz del cristinismo. Sentí que había puesto el dedo en la llaga y que tan equivocado no estaba.
Ahí decía que tenía ganas de poner un aviso clasificado en los diarios que dijera algo así: “Se necesita con urgencia líderes y referentes honrados y de prestigio social para conformar nuevas entidades de derechos humanos para los nuevos tiempos de la Argentina”.

A 37 años de haber recuperado la democracia, una de las conclusiones que se puede sacar es que hay varias organizaciones no gubernamentales antiguas que han perdido el rumbo y han dejado de estar al servicio de toda la sociedad. Hablo principalmente, de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas y el CELS que en su momento, jugaron un extraordinario papel de denuncia y de lucha corajuda a favor de las libertades en el más amplio sentido de la palabra y en contra de todo tipo de autoritarismo.

Pero el tiempo fue pasando y los más de12 años de patoterismo de estado kirchnerista lograron ponerles camiseta partidaria, vaciarlas de contenido plural y ecuménico y, en algunos casos, meterlas en el nauseabundo pantano de la corrupción. La situación más patética y dolorosa es la de Hebe de Bonafini. Después de haber sido un símbolo universal de combate pacífico por la aparición con vida y el castigo a los culpables, se fue degradando con el dinero de Néstor y Cristina y terminó tristemente, con el pañuelo blanco manchado por las estafas de Sergio Schoklender y por el desfalco que tuvimos que pagar todos de la Universidad de las Madres. Hebe se disciplinó en forma verticalista a Cristina y fue cómplice de la entronización del general Milani o del silencio tipo omertá frente a confesos ladrones como Ricardo Jaime. Hebe tuvo posturas agresivas y cadenas de insultos contra la Corte Suprema, por ejemplo, cuando llamó a tomar los tribunales y apoyo militante al chavismo extremo y criminal.

Todos estos grupos hoy piden la libertad de Milagro Sala, una jefa mafiosa que le robó a los pobres de Jujuy a la que califican como “presa política” y, sin embargo, apoyan que Venezuela tenga detenidos a disidentes y una larga lista de encarcelados en la gerontocracia dictatorial que instalaron en su momento Fidel y Raúl Castro. Ayer nomás, Florencia Kirchner se derritió en elogios hacia Raúl porque, según dijo “nunca voy a terminar de agradecer como me devolvieron el poder sentirme una persona”. La hija de Cristina, a la que le encontraron casi 5 millones de dólares termosellados en su caja de seguridad y tiene que dar explicaciones por lavado de dinero ante la justicia, contó que Cuba late en su corazón y se despachó con “Feliz cumpleaños, comandante”.

Con las Abuelas pasó algo parecido pero no tan grave por la ausencia de sospechas de negociados tenebrosos. Pero Estela supo ser el ariete de Cristina contra el grupo Clarín y su propietaria y no fue capaz de pedir disculpas pese a que se probó con toda contundencia que sus hijos no eran de desaparecidos como habían acusado ellos. Había que trabajar en radio Mitre o en canal 13 o en el diario y bancarse en todo momento el escupitajo que te decía “devuelvan los nietos”. Estela hizo campaña electoral por Cristina y por Scioli, alguien que casi nunca ni siquiera habló del tema desaparecidos.

En el Centro de Estudios Legales y Sociales la decadencia es más sofisticada. Ese organismo tan valioso y destacado fue copado casi totalmente por la militancia de Horacio Verbitsky. Ellos infiltraron su pensamiento dogmático y sesgado en una entidad que justamente se había destacado por su excelencia técnica profesional, por no meter el partidismo adentro y por gente de la más variada procedencia ideológica, desde el humanista cristiano de centro Emilio Mignone hasta el ex trotskista Marcelo Parrilli. Hoy Verbitsky, descaradamente y sin guardar ni las formas, es el fogonero de todas las operaciones de Cristina y el que ignora toda denuncia contra la ex presidenta que ya tiene 8 juicios orales frenados por la pandemia de cobardía que existe en los tribunales.

Verbitsky sigue llamando “organizaciones revolucionarias” a los grupos guerrilleros de los que formó parte y que produjeron brutales atentados dinamiteros y asesinaron gente. Además, fue el iniciador de la campaña para instalar “el primer desaparecido de Macri”, con notas tapizadas de falsedades y expresiones de deseo. Finalmente al comprobarse la verdad, que no hubo desaparición forzada seguida de muerte y que Santiago Maldonado, lamentablemente se ahogó en el río, las causas de los derechos humanos sufrieron un mayor desprestigio en la opinión pública.

En el Cels hay un discurso único que investiga o amonesta solo para un lado. Perdió pluralismo y amplitud.
Hasta, Juan Grabois, el enviado del Papa en la tierra argentina, fustigó al Perro Verbitsky por “querer dar clases de moral desde la Fundación Ford” y de ser un “gorila mitómano y un botonazo decadente”. Vox populi, vox Dei. Y nadie puede acusar a Grabois de ser macrista o de derecha.

Esta profanación del pluralismo de los derechos humanos está entre las peores herencias de la cleptocracia autoritaria y el feudalismo presuntamente progresista. Por eso vuelvo al principio y al aviso clasificado. Es necesario generar nuevas organizaciones de derechos humanos que reflejen esta flamante realidad. Estas estructuras no se crean por decreto ni de arriba hacia abajo. Son construcciones naturales que van engarzando preocupaciones y liderazgos sectoriales para sumarlos en un grupo superador de todo lo conocido, multipartidario, multisectorial y nada sectario. Hay ejemplos valiosos: Usina de Justicia, las Madres del Dolor, los familiares de la Tragedia de Once.

Pienso en una entidad que se llame algo así como “Mas Valores para más argentinos” que rescate, controle, defienda y multiplique la transparencia contra los políticos ladrones; la democracia contra los caudillos mandones y monárquicos; la República contra los que quieren tener la suma del poder público y la justicia social y la sociedad más igualitaria contra los buitres insaciables que solo ven la vida como una acumulación de codicia.

Necesitamos personas que encarnen esas banderas éticas. Si estuviese vivo, propondría a René Favaloro, por ejemplo. Compatriotas que tengan una mirada estratégica, diversa y generosamente solidaria y que hoy no está en la vida para ganar un carguito de diputado o intendente. Estoy pensando en algo superador. En una suerte de grupo de argentinos que se conviertan en custodia de estos nuevos tiempos.

Eso se llama construir más y mejor ciudadanía. Esa debería ser la nueva utopía de los tiempos que vienen. Para mirar al futuro con esperanza y parir lo nuevo. Con pobreza cero e igualdad de oportunidades, paz social sin delincuentes ni narcos y con la defensa de todos los derechos humanos y libertad absoluta como bandera.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre