El gobierno perdió la guerra contra la inflación

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Frente a la explosión inflacionaria, el presidente ausente, Alberto Fernández, esta mañana, no tuvo mejor idea que burlarse de los argentinos que más sufren ese flagelo que es responsabilidad es de su gobierno. En declaraciones a una radio cristinista, Alberto insistió con esa estupidez supina de la inflación autoconstruida y sicológica.

Parece mentira que Alberto crea en semejantes mamarrachos o que nos lo quiera hacer creer a nosotros. Su explicación es autoconstruida y sicológica.

Después dijo que habló con Sergio Massa y que tenían que ponerse un objetivo definitivo para bajar la inflación. ¿No será un poco tarde Fernández? ¿Recién ahora se acuerda del tema que más preocupa a la mayoría de nuestros compatriotas? Pero si su diagnóstico es que se trata de un tema sicológico, tal vez deba convocar a un psicoanalista y no a un economista profesional.

Perdón por la ironía o la chicana pero esto no se resuelve en un diván. Hay que bajar el gasto público, frenar la maquinita de fabricar billetes, plantear un camino de acuerdos serios que den un poco de credibilidad y sobre todo, tomar medidas razonables y capitalistas y terminar con tanto infantilismo chavista.

La súper inflación está a un paso de la

híper inflación y hace correr frío por la espalda de los argentinos. Tritura el poder adquisitivo de los salarios y hace explotar de angustia la cabeza de la sociedad pero, sobre todo, la de los más pobres y los jubilados. Las víctimas de la guerra que perdió el gobierno se multiplican y eso aumenta la tensión social. ¿Se acuerda cuando Alberto Fernández declaró esa guerra? Ya pasaron 14 meses. En ese momento dijo una mentira, una frase soberbia y declaró abiertas las hostilidades.

La mentira es que la guerra de Ucrania había hecho volar los precios de los alimentos en todo el mundo. Todo lo contrario. Casi ningún país de la región, salvo el agujero negro de Venezuela, tuvo un aumento en alimentos tan catastrófico. Según un estudio de la facultad de Ciencias Económicas de la

UBA, la inflación en alimentos podría llegar al escalofriante 200% en un año.

Eso no pasa casi en ningún lugar del planeta. Y esa fue la falacia que Alberto dijo en ese momento. También aseguró que los peronistas le ponían el pecho a los problemas y los solucionaban. Fue todo lo contrario. Los peronistas como Alberto, Cristina y Sergio Massa no hicieron otra cosa que multiplicar este drama. La inflación de marzo del 7,7% fue la más alta en 21 años. La de abril va en el mismo sentido. Y dicen los especialistas que en la primera semana de mayo se registró un 3,5%. ¿Escuchó bien? En solo siete días un 3,5%. Si esto se mantiene, vamos derechito a una inflación de dos dígitos mensual y a más de 140% en el año.

Sergio Massa vino como el salvador y quiso ilusionar a la gente asegurando que la inflación estaba bajando y que en abril de este año iba a empezar con un 3. Lamentablemente para todos, empezó con un 7, y casi con un 8. La pifió por más del doble.

Ya pasaron 5 meses de aquel otro anuncio fallido.

El otro disparate que dijo el presidente decorativo de la Nación es que para combatir la inflación tiene que ser presidente y no candidato. Chocolate por la noticia. Presuntamente es presidente hace más de 3 años y no supo, no quiso, no pudo combatir a la inflación. Y no pudo ser candidato porque está en la lista de los máximos impresentables que tienen una imagen negativa monumental.

Todos los profesionales aseguran que entramos en estanflación y que este año la economía caerá como mínimo un 4%.

Es una completa catástrofe.

Cómo si esto fuera poco, vaticinó, Sergio Massa vaticinó en su momento que la economía iba a crecer este año “por arriba del 5%”. Y ya le dije que los cálculos más optimistas dicen que va a caer el 4%. Pifió por 9% de diferencia. Una torpeza más de Massita. Con estos números la hecatombe económica se profundiza y el presupuesto ha sido reducido a papel mojado.

La gestión del ministro Martín Guzmán, medida en resultados, fue muy mala. La gestión de Sergio Massa es el doble de mala. No mejoró ninguno de los indicadores y por el contrario, multiplicó todos los problemas. Hay más pobreza, más indigencia, más inflación, menos inversión, menos crecimiento, casi nulas reservas en el Banco Central y menos ilusiones. Los precios justos, controlados o como quieran llamarle, perdieron por goleada. El saltimbanqui de Matías Tombolini ya no sabe que inventar para controlar el descontrol.

Héctor Daer fue y es peronista de todos los colores, tal como su ideología lo ordena. Fue menemista, duhaldista, kirchnerista, cristinista, albertista y ahora, massista. Hace unos días dijo, muy suelto de cuerpo que “Sergio Massa es el que mejor representa” a su movimiento para ir a las elecciones. Y agregó que “Sergio todavía  prefiere seguir siendo ministro y no candidato, y eso, también habla de su responsabilidad y compromiso”.

La realidad es la única verdad, decía el viejo general. Y la realidad es que

el cierre de empresas multiplica la desocupación y hay dos datos que son estremecedores.

Hoy sufrimos más de 5 millones 600 mil

trabajadores en negro y miles de trabajadores registrados que están por debajo de la línea de pobreza. Esto no pasó nunca. Tocamos fondo. Hasta Cristina lo reconoció en su última clase magistral.

Emilio Pérsico, comandante del movimiento Evita confirmó que Sergio Massa les pidió que salieran juntos a apretar a los empresarios para que bajaran los precios.

Va en línea con lo que escribió Carlos Pagni: “El rol de Cristina es proveer disciplina social a un ajuste doloroso, mal hecho y destartalado”. Cristina es la autora intelectual del blindaje a Sergio Massa y “los Daer de la vida”, los autores materiales.

Pero no hay nadie más crítico de Sergio Massa que su compañero de espacio, Juan Grabois. Lo insulta a los gritos y le dijo: “sinvergüenza, vendepatria y cagador”.

Así discuten las cosas en la coalición de gobierno. Y después dicen estupideces como que la inflación es una autoconstrucción sicológica. Este gobierno es una autoconstrucción sicológica cuyo objetivo es volvernos locos.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre