Crónicas de guerra: Atacar la pandemia; no la República

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Parte diario: 1.554 contagiados. 48 muertos. 325 recuperados.

Este cuarto gobierno kirchnerista quiere confundir las cosas. Vamos a tratar de aclarar los tantos. Por un lado está la pandemia y por el otro, la República. A la pandemia hay que atacarla y a la República hay que defenderla. ¿Es tan difícil entender eso? ¿O Alberto y el kirchnerismo están cediendo a la tentación autoritaria y estatizante? Lo digo de la forma más sencilla y didáctica posible. Hay que combatir el virus hasta su derrota definitiva. No hay dudas que lo primero es la salud. Pero hay cuidar la República hasta su triunfo definitivo. No hay dudas de que la salud de la democracia y su división de poderes es lo único que nos garantiza la libertad.

Alberto, en su carácter de presidente, está a cargo de la batalla contra el coronavirus y todas las medidas sanitarias que tome, hay que acatarlas. Está asesorado por un grupo de científicos y expertos que son los que lo ayudan a equivocarse lo menos posible. Estamos en una guerra y en esta situación tiene que haber conducción única. Eso no lo discute nadie. La inmensa mayoría del pueblo argentino está cumpliendo con el confinamiento y la dirigencia opositora y el periodismo en su totalidad no cuestiona este tipo de decisiones. No se puede deliberar en medio del tiroteo, mientras mueren compatriotas. ¿Está claro? Yo me subordino como corresponde y cumplo con las órdenes sanitarias del poder ejecutivo? Pero subrayo “sanitarias”, “ordenes sanitarias”. Que todos tengamos disciplina y solidaridad social para cumplir con la cuarentena y con las normas de higiene es una cosa. Pero eso no significa, de ninguna manera que nos callemos y nos auto censuremos frente a los atropellos o las barbaridades políticas que el gobierno comete. Esa es la responsabilidad de todo periodista que no tenga la camiseta de Cristina puesta. Yo tengo puesta la camiseta de la división de poderes. Del respeto a la libertad y los derechos humanos. Y creo que todos los problemas de la democracia se solucionan con más democracia y no con menos democracia.

El silencio no es salud. La mejor vacuna para las enfermedades de la República es la libertad.

No se puede acusar de vende-patria o estigmatizar a los que señalamos los peligros que corren las instituciones con tanto decretazo y con desvíos autoritarios. Que quede claro. Nuestra tarea principal es marcar los errores, advertir sobre los riesgos, custodiar que nadie viole la ley ni la Constitución y que la arbitrariedad no abra las puertas de la corrupción de estado.

No hay que dejar de controlar. El posible botín es gigantesco. Hoy el mismísmo ministro Daniel Arroyo tuvo que confesar que pagaron precios por varios productos muy por encima del valor de mercado y de los precios de referencia. Insólito. Fue por lo menos una impericia notable. Algún juez tiene que actuar de oficio o frente a una denuncia opositora para investigar si además de torpeza no hubo un robo a los dineros del pueblo. Para muestra bastan dos botones. Compraron 1,7 millones de botellas de aceite mezcla de un litro y pagaron 158 pesos por unidad. En precios cuidados está a 121 pesos y en los valores testigos de la SIGEN  está a 97 pesos. Se pagó una fortuna de sobre precio.

Azúcar de un kilo. También compraron 1,7 millones de bolsas. Una marca de tercer nivel la pagaron  a 75 pesos. El paquete de Ledesma o de Arcor, cuestan 54 pesos de promedio en el supermercado. Y eso que estamos hablando de que el estado compró la friolera de 1,7 millones de unidades. Le podrían haber hecho un descuento por comprar al por mayor. Cómo será la cosa de grave que hasta Juan Grabois, un cristinista amigo del Papa y de Arroyo fue durísimo en un tuit: “ algún h de p… compró fideos al triple de lo que valen y de la peor calidad. Es una estafa a los pobres”. En ese caso, Grabois tiene razón.

Menos mal que estuvo el periodismo independiente para sacar a la luz semejante depropósito.

Insisto con mi idea.

Yo estoy del mismo lado que todos los argentinos. En contra del virus y aportando todo lo que esté a mi alcance para destruirlo y volver a la normalidad. Pero, insisto, el barbijo no debe convertirse en un bozal, como creen muchos.
El gobierno kirchnerista debería agradecer esta mirada crítica. Eso le facilita descubrir las equivocaciones y corregirlas a tiempo. Si fuera por los chupamedias de los medios, la locura criminal con los jubilados del viernes hubiera seguido varios días más. Y la tragedia se hubiera trasladado a las morgues y a los cementerios. Los periodistas militantes no ponían cámaras en las colas de los bancos que eran poco menos que mandarlos al matadero. Los medios alcahuetes del gobierno miraban para otro lado. Si fuera por ellos, Alberto se hubiera enterado de la gravedad de la situación cuando empezaran a aparecer los cadáveres. Se pudo frenar de golpe y pegar el volantazo para corregir, gracias al periodismo que mostraba ni más ni menos que la verdad de lo que estaba ocurriendo. Sin maquillaje ni ocultamiento alguno. Para eso sirve el periodismo independiente, entre otras cosas. Algunos obsecuentes llegaron a decir que mostrar esas colas espantosas era golpista. Todo lo contrario. El alerta temprano permitió que la locura no se prolongara.

Los que consideramos fundamental que Alberto expulse del gobierno a Miguel Pesce y a Alejandro Vanoli, los capos del Banco Central y el Ansses, no lo hacemos por venganza o con la intención de herir políticamente al gobierno. Todo lo contrario. La única manera de lograr una victoria contra el virus es tener autoridad y credibilidad. Debe haber ley pareja para todos y los que cometen torpezas incomprensibles deben ser separados del cargo como una señal hacia los demás. Premios y castigos, de eso se trata. No da lo mismo el que hace bien las cosas y el que comete una salvajada que pone en peligro la vida de miles y miles de adultos mayores o que compra alimentos con sobre precios monumentales. Si no hay castigo, se iguala para abajo. Los que hacen bien las cosas lo sienten como una falta de respeto.

Todo indica que en los últimos tiempos, Alberto abandonó su traje de cordero patagónico y apareció el lobo populista y prepotente. Por eso, nuestra responsabilidad es encender las luces rojas. Para que nadie se haga el distraído. Insisto, una vez más, esto no significa que estemos cuestionando las medidas que se toman desde el punto de vista sanitario. No somos médicos ni especialistas en estos temas y por lo tanto solo nos queda consultar a los científicos más creíbles y respetar las normas.

Pero no se puede ocultar una lista de caramelos envenenados que cada vez es más larga. Ojo que envueltos en buenas intenciones, puede haber atrocidades anti democráticas. Está pasando en todo el mundo y es difícil que no nos pase a nosotros. El kirchnerismo tiene una larga historia de abusos, revanchismo, discrecionalidad y corrupción. La pandemia no borra los expedientes. El virus no se come la historia reciente. Hay que lavarse las manos contra la pandemia. Pero es irresponsable lavarse las manos a la hora de denunciar todo lo malo que ocurre y lo que puede llegar a ocurrir.

Veamos los casos más groseros:

1)La utilización excesiva de decretazos. Es un recurso previsto en la Constitución pero al que debe recurrirse lo menos posible. Es verdad que estamos en emergencia y muchas veces, no hay otro remedio. Pero hay que buscar la manera de que toda la sociedad participe de las decisiones desde sus representantes en el Congreso de la Nación. Cristina y Sergio Massa deben ensayar todas las formas posibles para que haya sesiones parlamentarias. La tecnología es una gran ayuda. Se utilizó mucho el ejemplo pero vale repetirlo: aún en plena guerra el Congreso de Gran Bretaña siguió funcionando. Si Diputados y Senadores sesionan hay menos espacio para que el gobierno se desvíe y tome caminos totalitarios. El estado de excepción no puede justificar que el Congreso no funcione.

2)Convertir a los intendentes en policías. Es cierto que muchos comerciantes y supermercados son anti sociales y se aprovechan para aumentar los precios en forma excesiva. Pero la Ley de Defensa de la Competencia es muy delicada y si se la maneja como un arma puede ser facilitadora de extorsiones, venganzas y patoterismo. ¿Se imaginan a un almacenero frente a un intendente que le exija que done mercadería para que las reparta el partido Justicialista? ¿Tiene espacio para negarse? ¿Puede decir que no? El intendente ya tiene mucho poder. Pero si por decreto se les da la facultad de multar o clausurar un negocio o decomisar mercaderías estaríamos ante un avance brutal del estado sobre la actividad privada.

3)Romper los compromisos y los contratos. Máximo Kirchner, el príncipe millonario, propuso cobrar algo así como una multa, a los que entraron en el blanqueo. Alberto compró esa idea y otra vez planteó una ruptura de acuerdos envuelta en una idea positiva. Explico: es cierto que los que evadieron cometieron un delito y el blanqueo les permitió utilizar esos fondos millonarios sin explicar su procedencia. Eso es condenable como son condenables todos los blanqueos del mundo. Porque castigan a la persona honrada que cumplió con todos sus compromisos legales. Pero también es cierto que el estado les garantizó que si pagaban una vez, se terminaba la ilegalidad. Los gobiernos, por la continuidad jurídica, se comprometieron a cumplir esto. Y ahora, Alberto y Máximo quieren romper ese contrato. Es simpático decir que van a pagar lo que evadieron millones. Pero es sumamente peligroso como señal que nada es seguro y que con arbitrariedad todo puede cambiar según lo decida el capanga de turno. La seguridad jurídica estalla y mucha gente multiplica su desconfianza en el gobierno. Y como si esto fuera poco, seguramente, esto va a ser declarado anticonstitucional por algún juez. Están legislando para atrás. Y con un decreto. Eso va derechito a la Corte Suprema.

4)No pensar en el interés general. En muchos aspectos, aparece la intención de llevar agua para el molino partidario. Y eso también genera desconfianza y puede minar la autoridad ecuménica que necesita Alberto para el combate contra la pandemia. Al principio incorporó a los dirigentes opositores a casi todos los actos. Últimamente prefiere aparece con los capataces de las patotas y la corrupción como Hugo Moyano y endiosarlos como si fueran ángeles. O a los que califican de gorilas, oligarcas o golpistas a ciudadanos que expresan su protesta con las cacerolas en forma pacífica y autónoma. ¿Cuál es el problema? ¿Les molestan las críticas? La democracia es consensos y también disensos. La uniformidad es un valor de los regimientos y de los militares. La diversidad y las críticas son los pilares de la democracia republicana. Nadie critica que se combata al virus hasta lograr su derrota. Pero nadie debe pretender que los barbijos se conviertan en bozales. La democracia se corrige con más democracia. Nunca menos.

La columna de Alfredo Leuco en #Ledoymipalabra por Radio Mitre.