Axel y CFK contra los porteños

147

Hace un par de meses ya le di mi opinión sobre esta idea falsa. Había sido Cristina la avanzó con este relato mentiroso y la que puso el dedo en la llaga. Pero en su discurso de ayer, el gobernador Axel Kicillof insistió en echarle la culpa de los padecimientos de los bonaerenses a la cantidad de fondos coparticipables que recibe la Ciudad de Buenos Aires.

La frase que más rebotó dice que “de una lado de la General Paz hay plazas colgando de las paredes y del otro hay caminos de tierra y falta de cloacas”. Ante la presencia de pocos intendentes, Axel, con sus formas de dirigente estudiantil de barricada, abundó en datos para argumentar su insólita postura. Dijo que “todos los municipios de la provincia sumaron el año pasado un presupuesto de 380 mil millones de pesos y que solo la Ciudad tuvo 350 mil millones. Hay 3 millones de habitantes en la capital  y 17 en la provincia”.

Marcela Campagnoli, la diputada de la Coalición Civica, salió con los tapones de punta con un tuit: “las plazas están en vuestras mansiones. Vidal no tiene casa y se olvida el gobernador que el peronismo gobernó durante 28 años esa provincia”.

A esta altura, la grieta que los Kirchner cavaron en la Argentina, ya tiene dimensiones de abismo. Pero semejante drama, a Cristina, no le parece suficiente. La jefa del presidente Fernández, fomenta más división todavía, para seguir reinando. Para garantizar la continuidad de la dinastía con el príncipe Máximo. Fogonear un enfrentamiento entre porteños y bonaerenses es de una irresponsabilidad muy peligrosa. Y eso es lo que hizo Cristina en sus últimas apariciones. Con hipocresía y mentiras estadísticas dijo más o menos, que los porteños viven como reyes y que, los habitantes de La Matanza, como mendigos. Exageró al plantear que en Capital hasta los helechos tienen luz y agua y que se cambian las baldosas a cada rato para que las veredas estén cada día más brillantes mientras que los matanceros viven chapaleando en el barro porque ese territorio se inunda cada vez que llueve.

Directamente entró en un delirio cargado de resentimiento al descalificar el Paseo del Bajo, una de las obras de infraestructura, más útiles para bajar la contaminación que producen los camiones y para mejorar su rendimiento productivo porque se ahorran mucho combustible y tiempo. Para Cristina, eso solo fue un túnel para que los vecinos ricos de Puerto Madero no tengan tantos problemas con el tránsito.

El doble discurso es patético. Hace que defiende a los pobres con las palabras, pero en la realidad, Cristina vive en el corazón de la Recoleta hace años y compró departamentos y cocheras en Puerto Madero. Son dos de los barrios donde más caro cuesta el metro cuadrado. Quiere ser una líder popular pero no come vidrio. Porque sería una jugada coherente con su relato que Cristina se mudara a algún barrio de La Matanza. Lo mismo para Axel que vive en Parque Chas. Así sería más creíble su discurso. ¿Se imaginan los títulos de los diarios? La vice presidenta se mudó a La Matanza? De hecho Fernando Espinoza se lo insinuó: “esta es la capital del peronismo y fue, es y será tu casa, Cristina”.

La demagogia y la falsedad hacen que Cristina no se pregunte porque La Matanza en particular y la provincia de Buenos Aires en están con un nivel de deterioro brutal. Porque es verdad que no hay cloacas ni agua suficientes y que las calles son un desastre y la luz y el gas falta en muchos lugares.

Cristina debería saber, en realidad  lo sabe, pero finge que no sabe, que en 36 años de democracia recuperada, la provincia que representa casi el 40 % del padrón, fue gobernada solo en dos períodos de 4 años por no peronistas: Alejandro Armendáriz, empujado por el huracán alfonsinista y María Eugenia Vidal. Esa provincia tan golpeada y con tantas carencias fue gobernada durante 28 años, repito 28 años, por el peronismo en todas sus variantes. Y ni que hablar de La Matanza. Federico Russo, Héctor Cozzi, Alberto Balestrini, Fernando Espinoza, Verónica Magario y ahora nuevamente Fernando Espinoza. En los últimos 36 años solamente gobernaron dirigentes peronistas. Ellos son los responsables de las humillaciones a las que han sometido a los ciudadanos y de las necesidades básicas insatisfechas que tiene ese distrito.

Cristina nos quiere hacer creer que la culpa la tienen los porteños. O una mala asignación de los recursos coparticipables. La Nación recibe el 25% de su recaudación de la ciudad de Buenos Aires que, solamente, recupera el 3,5%. La gran diferencia es que en la Ciudad, en general, se gobernó con eficiencia y honradez y que en la Matanza, se hizo clientelismo populista y corrupto.

Basta de construir nuevas grietas. ¿No le alcanza a Cristina con las que ya instalaron? ¿Con peronismo- antiperonismo? ¿O con el pueblo contra los oligarcas? ¿O los chavistas revolucionarios enfrentados a los capitalistas republicanos? ¿Es necesario sumar una pelea entre porteños y bonaerenses?

Y Axel, el niño mimado y mejor alumno de Cristina, encima rescató de la derrota electoral a Florencia Saintout para ponerla al frente de un nuevo organismo que va a coordinar la política universitaria. Resultado: habrá más adoctrinamiento burdo a los alumnos por parte de quien hizo profesor a Fernando Esteche y homenajeó a Hugo Chávez por su aporte a la libertad de prensa.

El 6 de diciembre del año pasado en su oficina de San Telmo, el presidente electo que iba a asumir 4 días después, le anticipó a Horacio Rodríguez Larreta que le iba a reducir por decreto por lo menos un punto de los fondos coparticipables. Eso significa que el gobierno porteño va a perder alrededor de 36 mil millones de pesos por año. El jefe de gobierno de la Ciudad, fiel a su estilo, no levantó la voz y se dedicó a dialogar y a negociar que ese decreto de Alberto no se firme o sea por un porcentaje menor.

Esa moneda está en el aire y veremos cómo resuelven el tema. Pero no se puede permitir que se fomente un enfrentamiento entre bonaerenses ni porteños y que no se explique que gran parte de los dramas que viven los bonaerenses es producto de la corrupción y la ineficiencia de sus gobernantes.

El peronismo no se puede lavar las manos ni hacerse el distraído. Y es una locura alimentar nuevas grietas. Ya bastantes divisiones tenemos los argentinos.  ¿No le parece?