Andahazi: “Los desaparecidos del kirchnerismo”

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Un fantasma del pasado más nefasto de la historia argentina recorre el país. Desde la imposición de la cuarentena, y con la excusa de su cumplimiento, se suceden, con una frecuencia que se tornó preocupante, una cantidad de muertes y desapariciones de las que nadie se ha hecho responsable.

Sectores cercanos al gobierno señalan a las policías provinciales como si fuesen fuerzas de ocupación, fenómenos naturales o bandas armadas autónomas sobre cuyas acciones nadie tiene control.

Como si el peronismo, que gobierna la Nación y esas provincias, fuera una ONG que no maneja fuerzas de seguridad.

El presidente, sin embargo, se mostró poderoso a la hora mantener el orden a través de la fuerza. Al comienzo de la cuarentena advirtió que iba imponer el aislamiento a cómo diera lugar.

Frente a cámara, sin que le temblara la voz, amenazó: “Si lo entienden por las buenas, me encanta; si no, me han dado el poder para que lo entiendan por las malas”.

Al parecer, varios gobernadores y funcionarios peronistas se tomaron muy en serio la exhortación de Alberto Fernández. En nombre del cumplimiento de la cuarentena han muerto hasta hoy Mauro Coronel, en Santiago del Estero. Florencia Magalí Morales, detenida por andar en bicicleta sin permiso de circulación, apareció muerta en una comisaría de San Luis.

Luis Espinoza, peón rural, lo mataron en Tucumán y lo hicieron desaparecer en Catamarca. Franco Gastón Maranguello fue demorado en San Luis por violar la cuarentena y apareció muerto en una comisaría de Atención a la niñez y la familia.

A esta lista hay que sumarle ahora dos nuevos casos trágicos, ambos sucedidos en la provincia gobernada por Axel Kicillof y que complican a agentes de la policía que comanda, manu militari, Sergio Berni.

El 30 de abril Facundo Astudillo Castro, de 22 años, salió de su casa en Pedro Luro, en el sur de provincia de Buenos Aires con destino a Bahía Blanca. Se lo vio haciendo dedo en la ruta. Jamás llegó al supuesto punto de llegada.

Testigos vieron a Facundo cuando era detenido por un patrullero cerca del ingreso a la localidad de Mayor Buratovich por violar la cuarentena.

Nunca más se supo de Facundo. Los policías que participaron en el operativo, dicen que después de la detención, Facundo siguió su camino.

Sin embargo, las declaraciones de los agentes son muy contradictorias. De hecho, no dejaron ingresar a los perros para que se pudiera hacer un rastrillaje.

Cuando el hecho tomó estado público, el 8 de julio Sergio Berni viajó al partido de Villarino en momentos en que se llevaba a cabo el allanamiento de la comisaría de Mayor Buratovich.

Berni muestra cierta tendencia a estar personalmente en los lugares en que la justicia debería trabajar libre de la presión de los funcionarios.

Ya había hecho lo mismo en Puerto Madero, cuando encabezó un operativo que complicó la escena del crimen y enturbió el caso mucho más de lo que debería haber aclarado.

¿Qué tenía que hacer Berni en un lugar en el que sólo debían actuar los funcionarios judiciales? Una vez más, su presencia sembró más dudas que certezas.

Hasta el momento se secuestraron libros de actas, celulares y una camioneta que, según dice la madre de Facundo, no es la misma que participó del operativo.

Existe incluso una foto del momento en que se le labra el acto a Facundo, que aparece de espaldas junto a la camioneta en cuestión. Axel Kicillof se dignó a hablar por teléfono con la madre de Facundo 72 días después de la desaparición.

La ONU le exigió al Estado argentino “inmediatez y exhaustividad de la investigación” para resolver la desaparición de Facundo Astudillo Castro.

Todas las sospechas recaen sobre policía de la provincia de Buenos Aires. Hay un dato perturbador. La madre contó que Facundo la llamó el 30 de abril, día que desapareció, a las 13:30 y le dijo “mamá, no tenés una idea donde estoy. Mamá, vos no me vas a volver a ver”.

No terminamos de asimilar la desaparición de Facundo, cuando se produjo otro asesinato que pretende ser justificado con el argumento del cumplimiento de la cuarentena.

El 10 de julio, en Villa Scaso, partido de La Matanza, administrada por el inoxidable Fernando Espinoza, dos oficiales de la bonaerenses quienes, además, eran pareja, persiguieron, atropellaron y fusilaron a Lucas Nahuel Verón de 18 años.

¿Cómo sucedió? Lucas regresaba en moto, con un amigo, de festejar su cumpleaños. El patrullero los persiguió, los chocó de atrás y cuando los jóvenes, asustados, intentaron huir, los policías dispararon e hirieron a Verón que murió horas más tarde en el hospital.

¿Qué hicieron los policías? Abandonaron al chico baleado, no denunciaron el episodio y, de hecho, se fugaron. El Estado, responsable de la seguridad de los ciudadanos, en nombre de la salud pública, vulneró el bien superior que debía preservar: la vida de las personas.

Parafraseando al presidente, aturde el silencio de muchos de aquellos que se rasgaron las vestiduras por el falso secuestro y desaparición forzada de Santiago Maldonado.