Andahazi: “Lo que nos dejaron las pestes”

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La semana pasada te conté la influencia que tuvieron las sucesivas cuarentenas en la vida y en la obra de algunos de los escritores más importantes de la literatura universal. Hablamos de Boccaccio y de su obra “El Decamerón”, que ocurre durante el tremendo brote de peste negra del siglo 14.

Hablamos de cómo Shakespeare y su compañía iban sorteando las restricciones para poder representar las obras en las distintas aldeas durante los brotes del Renacimiento. Shakespeare escribió “El rey Lear”, “Macbeth” y “Antonio y Cleopatra” recluido en cuarentena.

Viajemos ahora a comienzos de siglo 19. Durante el esplendor del Romanticismo nos encontramos con Mary Shelley, autora de “Frankenstein”. Podemos señalar dos elementos sumamente interesantes. El primero es que la escritora se encontraba recluida cuando escribió el primer bosquejo de la novela.

Lord Byron, Mary y Percy Shelley y el secretario de Byron, John Polidori, se encerraron en una casa de vacaciones a orillas del lago Lemán. Las tormentas inesperadas los obligaron a permanecer adentro y en ese clima oscuro, borrascoso, se desafiaron a que cada uno escribiera una relato de terror en una competencia tenebrosa.

Mary Shelley a juzgar por la posteridad, resultó la ganadora indiscutible: Frankenstein aterrorizó a varias generaciones. “Las piadosas” es mi segunda novela publicada allá por 1998 y está inspirada justamente en este encuentro misterioso en Villa Diodati.

Pero ahí no termina la relación de “Frankenstein” con nuestro presente; otra vez nos toca de cerca porque la novela ocurre durante un brote de cólera. Víctor Frankenstein, el padre de la criatura, trabajaba sin descanso en su laboratorio, indiferente a la peste que asolaba la ciudad.

Toda la novela está atravesada por esa escenas de carruajes que pasan llevando muertos y la obsesión del científico por devolver la vida a las víctimas de la epidemia. Pero la peste llegó también a la vida de Mary Shelley: ironías de la literatura, uno de sus hijos murió de cólera en Italia.

No podemos hablar de cólera sin mencionar a Gabriel García Márquez. “El amor en lo tiempos del cólera” narra las relaciones familiares en una tierra asolada por la enfermedad que mató al 25% de la población de Cartagena en el siglo 19. Los síntomas del amor y del cólera se confunden y los personajes se ven atravesados por ambos: la enfermedad y el dolor del amor.

García Márquez describe de esta forma el brote de cólera asiático: “En las dos primeras semanas del cólera, el cementerio fue desbordado, y no quedó sitio disponible en las iglesias, a pesar de que habían pasado al osario común los restos carcomidos de nuestros próceres sin nombre (…). Desde que se proclamó el bando del cólera, en el alcázar de la guarnición local se disparó un cañonazo cada cuarto de hora, de día y de noche, de acuerdo con la superstición cívica de que la pólvora purificaba el ambiente”.

La teoría del miasma, de la que tanto hemos hablado, estaba presente en esto de purificar el aire. García Márquez nos hace sentir el perfume de la pólvora, usada para limpiar estos vapores que emanaban los muertos y los enfermos, que, se creía, eran los culpables de esparcir la enfermedad.

Y ya entrando en el siglo XX vamos a contar la triste historia de uno de los dibujantes más expresivos y potentes de la historia del arte. Me refiero al austriaco Egon Schiele. Egon Schiele vivió sólo 28 años pero ese poco tiempo le alcanzó para pintar 340 óleos y para plasmar miles de dibujos. Fue alumno dilecto de Gustav Klimt, el autor de “El beso” y “Las tres edades de la mujer”.

Schiele admiraba a Klimt; su maestro le había tendido la mano cuando nadie se interesaba en sus obras, que no eran precisamente decorativas sino de una expresividad a veces incómoda. Fue un golpe terrible cuando en 1918 el maestro murió por un sinfín de complicaciones provocadas por la gripe española que castigó Europa cuando terminaba la Primera Guerra. Pero ahí no terminó la tragedia.

Edith la esposa de Egon estaba embarazada cuando contrajo el virus. Murió con su hijo en el vientre. Egon pintó un cuadro terriblemente doloroso “La familia”. Allí están él y su esposa desnudos y el bebé. Es la imagen más terrible de lo que no pudo ser: Edith y el chiquito por nacer ya estaban muertos y el pintor murió poco después de terminar el cuadro.

Y apropósito de la gripe española, ¿sabés por qué se la terminó llamando así? Porque los españoles eran los únicos que contaban a los muertos por la peste. Los demás estaban demasiado ocupados en contar los muertos de la Primera Guerra y no querían agregar otros a la lista. Parece que algunos están muy interesados en contar sólo los muertos de la Capital y llamar al coronavirus “gripe porteña”.