Alberto Fernández está preso

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Todos los presos le meten miedo a la sociedad. Pero el preso más peligroso es Alberto Fernández. Es el que más daño puede hacer. Porque es el presidente de la Nación y tiene casi la suma del poder público. Sostengo que Alberto Fernández está preso de sus prejuicios y sus contradicciones. Y eso lo lleva a cometer torpezas que le producen altos costos políticos a su gobierno y a su imagen.

Se podría escribir un libro de las contradicciones que tiene Alberto. O hacer un programa de televisión de dos horas con los videos de archivo donde aparece criticando ferozmente a Cristina. Muchos de esos momentos los hemos mostrado en mi programa de TN. Pero el que viene al caso en estos momentos, es el de una fuerte discusión que protagonizó con una periodista ultra K en canal 9. Ahí Alberto apunta a Cristina y asegura que “haber bancado a Boudou es haberse animado a estatizar Ciccone para borrar pruebas”. Esto define lo que Alberto pensaba del delincuente de Boudou y de Cristina, la jefa de la asociación ilícita.

Pero traigo este tema ahora porque el día que liberaron en forma incomprensible a Amado Boudou y lo mandaron a su casa, en esta columna se dijo que se estaba abriendo una puerta gravísima al reclamo de todos los presos de la Argentina. Boudou está en su domicilio y no tiene uno solo, pero ni uno, de los requisitos razonables para revisar la situación de los reclusos. Desde lo sanitario hay que decir que Boudou es joven y exhibe un estado de salud excelente. No se le conocen enfermedades pre existentes salvo la cleptocrática compulsión a robar los dineros públicos y la de castigar la guitarra en sus recitales. Por lo tanto, Amado Boudou no pertenece a los grupos de riesgo. El riesgo es para los bolsillos de los ciudadanos honrados. Desde lo jurídico, tampoco tiene explicación su libertad. Porque Boudou no tenía prisión preventiva. Está condenado y esa condena fue confirmada en segunda instancia.

En todos los penales del país empezó a circular la siguiente pregunta en forma de exigencia: “¿Por qué puede salir Boudou y nosotros, no? Ese privilegio que no tuvo ningún comentario negativo por parte del presidente ni de ningún peronista, alentó al cristinismo para avanzar con el plan sistemático para liberar la mayor cantidad de presos posibles. Primero fue el secretario de Derechos Humanos de este gobierno, Horacio Pietragalla. Pidió por nota formal que enviaran a Ricardo Jaime a su casa. Los familiares del siniestro de estación Once calificaron a Jaime “de asesino de escritorio”. Le recuerdo que Jaime, estaba con condena firme (igual que Boudou) y que es un corrupto que confesó ante los jueces que había cobrado coimas. Después se supo que desde la oficina de Pietragalla también habían presionado con un llamado al juzgado para acelerar la liberación de Luis D’Elía. Pietragalla, después pidió el mismo privilegio para Martín Báez, el hijo de Lázaro, el que aparece en ese video contando con maquinitas los dólares sucios de las estafas en plena Rosadita de Puerto Madero.

Fue otra señal que los presos decodificaron como que había comenzado el operativo “abran las puertas de las cárceles”. Varios periodistas, voceros de Fernández, dijeron que el presidente y la ministra de Justicia, Marcela Losardo se habían enterado por los diarios. Y que Alberto estaba “furioso”. Mentira. Bad information. Operación de prensa gubernamental. Alberto no solamente no estaba furioso. Pocos días después salió a respaldar esa movida y también avaló el operativo que buscaba mandar delincuentes a sus casas. Los dijo en dos entrevistas radiales en la misma mañana.

Es que el grupo de tareas que está fogoneando esta locura, tiene una terminal ideológica y de autoría intelectual en Cristina que es la jefa y en el juez Eugenio Zaffaroni que con sus declaraciones sincericidas dejó bien claro su postura eterna a favor de los delincuentes con o sin uniforme militar, y su desprecio por el dolor y el padecimiento de las víctimas y sus familiares.

Pero Alberto no se atreve a cuestionar públicamente a esos muchachos integrantes del cartel de los pingüinos. Porque no le da el coraje o porque no le cierra la ecuación política, prefirió seguir el prejuicioso manual histórico del cristinismo y elegir como chivo expiatorio a los medios de comunicación. Un recurso falaz y gastado por lo reiterado. Pero Alberto eligió enojarse con los periodistas y no con Cristina. El tema es que lo hizo con palabras ofensivas que se vuelven contra su gobierno como un boomerang. Culpó a una campaña mediática “con poco apreciable condición humana”. Ahí cruzó una raya. Porque ningún periodista inventó nada.

Los que industrializaron hasta quintuplicar los pedidos de detención domiciliaria integran, todos, la banda de Cristina. No fueron los periodistas. El juez Víctor Violini no es periodista. Es un histórico peronista amigo de Julio Alak ex ministro de Justicia de Cristina y actual de Axel Kicillof. Tuvo que rendir el examen en dos ocasiones porque en el primero no había alcanzado los objetivos. Tal vez por eso dijo que la causa de Hugo Moyano en Independiente “estaba armada” y no pudo pero quiso, ser candidato a intendente de Cristina en La Plata. El solito en un minuto, liberó 700 presos de un saque. A sola firma. Con habeas corpus colectivo.

Horacio Pietragalla no es periodista. Es un ejecutor permanente de las movidas más extremas del cristinismo chavista. Depende de la ministra de Justicia que hasta ahora, no lo desautorizó.

Roberto Cipriano García no es periodista. Es el secretario y operador de la Comisión Provincial de la Memoria que preside Adolfo Pérez Esquivel. El informó, en un audio a los familiares, que Axel Kicillof tenía la decisión política de liberar a todos los presos posibles y dio una estadística estremecedora.

Allí confirma que el gobernador había bajado en pocos meses y por primera vez en 20 años la cantidad de presos en Buenos Aires. Y lo contó como un logro. En lugar de decir que había bajado el delito, dijo que habían bajado la cantidad de presos. Más de 10 mil prófugos consiguió recapturar el gobierno anterior y ahora los sueltan alegremente. ¿Se imagina lo que sienten los familiares de las víctimas y los policías que se jugaron la vida para apresar a esos malandras? Es Cipriano el que llama a los internos “compañeros pro libertad”, el que dice que no hubo motín en Devoto sino “un reclamo desoído” y el que los alienta a que sigan reclamando “porque estamos con ustedes”.

Rodrigo Codino no es periodista. Es el rector de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo que empuja en el mismo sentido y negocia con un asesino serial como el jefe de la banda de los niños bien.

Juan Martín Mena no es periodista. Es el que lidera las negociaciones con los presos. Es el vice ministro de justicia puesto por Cristina para quien cumplió funciones como espía. Ahora además es el responsable de “cuidar” a los testigos arrepentidos de la corrupción K y de clausurar las puertas de la información sobre los negociados cristinistas en la Inspección General de Justicia.

Lucila Larrandart no es periodista. Es la que le presentó al director del departamento de Derecho Penal de la facultad, una nota para que la institución se sume al apoyo a “la libertad condicional, arresto domiciliario o libertad anticipada”, de los presos. No hace diferencia entre delincuentes comunes y ex funcionarios. Adhirieron Raúl Zaffaroni, Maximiliano Rusconi, Alejandro Slokar y la ministra Elizabeth Gómez Alcorta, entre otros. Estos nombres lo dicen todo.

El aparato cristinista de Justicia Legítima está dedicado a buscar los caminos más rápidos para que haya impunidad para todos y todas.

Stella Maris Martínez no es periodista. Es la defensora genera de la Nación y en ese carácter instruyó a todos los defensores oficiales para que pidan las libertades o domiciliarias de todos los reos. Obviamente, ella tributa al kirchnerismo.

Sr Presidente, Alberto Fernández no se equivoque. Salga de la prisión de sus prejuicios y contradicciones. Sr Presidente, Ninguna campaña mediática impulsó semejante movida provocadora que alarma a la sociedad honrada y pacífica. Todos fueron funcionarios de su gobierno o militantes de su espacio. Se han soltado violadores y abusadores que se instalaron muy cerca o en la misma casa de sus víctimas. Un ladrón recién salido, volvió a robar y cuando lo detuvieron se burló de la policía y de todos diciendo: “llévame total, mañana salgo de nuevo”.

Tiene 15 causas ese provocador. Un doble homicida fue a parar a su casa en Mar del Plata. Hasta el cura Grassi, abusador sexual de niños y estafador pide la libertad. Narcos y estafadores, volvieron por el barrio en San Miguel. Los vecinos están que vuelan de bronca. Un secuestrador feroz, volvió a Esquel y los habitantes casi lo matan en un intento de linchamiento. En Misiones le permitieron ir a su casa al empresario que violó a sus dos hijos. En Parque Patricios, el recientemente liberado agarró a trompadas a sus sobrinos y lo volvieron a encarcelar. El asesino del hijo de Carolina Píparo, lo primero que hizo fue amenazarla con el celular que recién le habían devuelto.

Ojo con las promesas que estos funcionarios cómplices, les hicieron a los delincuentes y tal vez, ahora, no puedan cumplir. Se está gestando una verdadera bomba social que puede provocar una tragedia nacional. Ojo con esto. Es tan grave que Sergio Massa, Sergio Berni y hasta el colectivo de actrices argentinas salieron a repudiar esto. Más del 80% de la población se opone a este delirio. La gente no come vidrio. Más de 400 mil personas firmaron una petición para que los presos peligrosos se queden en la cárcel. Para hoy a las 20 horas está convocado un cacerolazo que amenaza con ser masivo.

Sr Presidente de la Nación, Alberto Fernández: Si de verdad quiere resolver el problema, tiene que hacer un diagnóstico correcto y no mentirse a sí mismo. No mire a los periodistas porque no hay ninguna campaña. Mire al costado. Junte coraje, hable con la verdad a la sociedad y dígale a Cristina que deje de ocultar sus propios delitos, liberando a otros delincuentes.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre