Para Cristina, el periodismo es un enemigo

865

Para Cristina y Máximo hay dos clases de periodistas: sus empleados y los enemigos. Esto es así desde la génesis de ese ladri feudalismo nacido y criado en Santa Cruz. La intolerancia, el autoritarismo y la censura están en el ADN del kirchnerismo. Quieren controlar todo para siempre y que nadie los controles a ellos. Y así no funcionan las democracias republicanas. Así funcionan las tiranías nacional populistas como las que ellos admiran y protegen como Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Los para periodistas K, por subordinación ideológica o por dinero, están al servicio de las operaciones y mentiras. Siempre lo estuvieron. Hay un dinero ducto muy generoso que premia a los que se arrodillan ante el altar de Cristina y se convierten en alcahuetes. Siempre fue así. Los casos más emblemáticos fueron los de 67 Chorro, como bautizó Lanata al grupo de tareas de Diego Gvirtz, el jefe de los pauta traficantes. Pero la lista es larga y aparece con toda crudeza en el teléfono de Roberto Baratta, el más grande recaudador de coimas de la historia argentina. En portugués, barata, significa cucaracha, pero eso no es lo importante, porque Baratta le salió muy caro al pueblo argentino. En los chats que mantuvo con Julio de Vido, se observan con claridad muchas de las maniobras tóxicas que le ordenaron hacer a periodistas del palo a los que tratan como empleados. Los más importantes son Roberto Navarro, Víctor Hugo Morales, Raúl Kollmann, Gustavo Sylvestre y Horacio Verbitsky, entre otros.

Es muy triste y degradante para nuestro maravilloso oficio confirmar que los funcionarios más corruptos de Cristina no son sus fuentes informativas, son sus patrones.

Y no tienen estómago ni escrúpulos. Son capaces de hacer y decir cualquier cosa que le pida Cristina y su estado mayor.

Hasta ahí, sus empleados.

Pero como la otra cara de la moneda aparecen los ataques a los periodistas independientes a los que consideran enemigos a destruir. Odian la libertad de prensa. Saben que los medios de comunicación pluralistas y profesionales son un dique de contención al chavismo K y a todo tipo de totalitarismos.

En los últimos tiempos han acelerado a fondo en todos los frentes.

El fiscal kirchnerista Franco Picardi impulsó un ciber patrullaje para identificar opiniones críticas de opositores y periodistas. Una actitud antidemocrática y persecutoria que todavía no fue sancionada como corresponde.

Volvieron a lo peor del pasado. Y sacaron a las redes un escrache sistemático de periodistas bajo el rótulo nefasto de 679. Máximo Kirchner maneja a esos títeres y lo utiliza para vengarse de quienes se animan a criticarlo. En otra época, esas agresiones llenas de falsedades y editadas en forma sesgada, generaban algún tipo de intimidación y, a los colegas menos experimentados, algún nivel de autocensura. Hoy son instrumentos oxidados que disparan balas de fogueo que hacen cosquillas.

La vanguardia censuradora le corresponde a Jorge Milton Capitanich. Su hermano Daniel, embajador argentino en Nicaragua, quiere importar el modelo de Daniel Ortega donde cualquier voz disidente es asesinada o encarcelada.

El Coqui quedó en la historia nefasta de este país cuando apeló a la provocación fascista de romper el diario Clarín ante las cámaras de televisión. Un apriete mafioso en vivo y en directo.

Ya sabemos cuáles son los gobiernos que queman libros o rompen diarios. Ya sabemos quiénes son los que quieren incendiar o destruir las ideas en lugar de debatirlas o rebatirlas en paz. Hace unos días este déspota exigió regular, es decir, censurar a los medios. Apeló a un concepto jurásico en el que ya nadie cree: dijo que la gente piensa lo que el periodismo propone. Hacía mucho que no se repetía semejante burrada desde el poder. El nivel de paternalismo y subestimación de los ciudadanos es atroz. Para Capitanich, el pueblo es tonto y los medios de comunicación llenan el tacho que tienen en lugar de cabeza. Un delirio autocrático por donde se lo mire. Pero esa idea, que tuvo su máxima expresión durante el segundo gobierno de Cristina con la Ley de Medios, está corriendo entre los cristinistas como reguero de pólvora.

Culpar al periodismo es el peor de los caminos. Sacarse la culpa de encima, nunca solucionará los dramas que estamos atravesando.

El clima hostil que están creando contra el periodismo nos obliga a levantar la guardia. Lo digo por todos los ciudadanos. La libertad de prensa no es un derecho de los periodistas, es el derecho que tienen todos los argentinos a ser informados con veracidad y a elegir que periodista o medio prefieren.

Aquella incitación a la violencia que hizo Mario Ishi en un acto fue solo un eslabón más de esta cadena repudiable. ¿Se acuerda cuando dijo que “Algún día el pueblo se iba a levantar contra los medios”?

Todo eso ocurrió ante el aplauso del presidente Alberto Fernández. Ni hablar de la amenaza a Nik y su familia. O de la patota que agredió a nuestro compañero Diego Lewen mientras estaba haciendo su trabajo. Recuerdo el intento de encarcelar a Daniel Santoro y Luis Majul, por ejemplo. Y la serie de juicios de hostigamiento que funcionarios le iniciaron por pavadas a varios periodistas independientes. Ni hablar de la paliza que le dieron a Julio Bazán en su momento.

No alcanzaría todo un programa para detallar la cantidad  de agresiones, discriminaciones y aprietes al que Néstor y Cristina sometieron al periodismo.

Expulsaron de los medios del estado todo vestigio de pluralismo y los convirtieron en unidades básicas que adoctrinan todo el tiempo. Juzgaron en una plaza pública al estilo mussoliniano a distintos periodistas, colgaron afiches con sus caras e incitaron a los chicos a que los escupieran.

Delirantes e ineficientes como Axel Kicillof han llegado a decir que los periodistas somos hinchas del Covid y queremos que la gente se muera. ¿Se puede apelar a semejante bajeza?

El líder judicial de este proyecto autoritario, Eugenio Zaffaroni, funcionario de dos dictaduras y dueño de departamentos donde se ejercía la prostitución, llegó al extremo de calificar a los periodistas que no eran de su gusto como “terrorismo mediático”. Otro sujeto de ese palo, llegó a proponer un tribunal para juzgar a los periodistas como si fuéramos genocidas: “La Conadep del periodismo”, vomitó para bautizar su idea. También utilizaron la AFIP y los espías estatales para amenazar y tirar carpetazos contra los que no se subordinaron.

Por eso le digo que con libertad se puede hacer un periodismo bueno, malo o regular. Eso lo juzgará la gente. Pero sin libertad, lo único que se puede hacer es propaganda. Muchos creen que el principal insumo del periodismo son las noticias. Y no es cierto. Nuestro principal insumo es la libertad. Por eso, entre otras cosas, amamos tanto a San Martín. Porque dijo: “Seamos libres, lo demás no importa”.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre