Que Alberto, Ginés y Pfizer, digan la verdad

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El presidente de la Nación, Alberto Fernández, el ex ministro de Salud, Ginés González García y el laboratorio Pfizer deben decir la verdad. Tienen muchas preguntas que contestar con datos y documentos probatorios y sin tirar la pelota afuera. Primero, ante la opinión pública, después en los tribunales, en la causa que tiene abierta el juez Julián Ercolini y después, en los Estados Unidos. Un gerente de un laboratorio multinacional que no es Pfizer, me comentó que esa empresa farmacéutica, probablemente se haya auto denunciado en una corte norteamericana. Y que si eso no ocurrió todavía, un damnificado podría abrir una causa en esos tribunales para obligar a Pfizer a contar la rigurosa verdad de los hechos.

El escándalo y el oscurantismo que hay alrededor de esta compra no realizada de 13 millones de vacunas tiene dimensiones de extrema gravedad institucional. Estamos hablando de una causa que se podría convertir en una de las más graves de la historia argentina.

Superamos los 75 mil muertos, muchos especialistas dicen que podríamos llegar al horror de los 100 mil muertos, producto principalmente de la falta de vacunas y resulta que este gobierno no compró las 13 millones de dosis que la farmacéutica tenía previsto como prioridad para nuestro país.

Pfizer debe decir lo que pasó. Y que está pasando ahora, que Brasil acaba de adquirir 200 millones de vacunas en dos etapas, o que México compró 50 millones de dosis o que la Unión Europea reservó 1.800 millones de dosis. ¿Y Argentina? Porque motivos nosotros no tuvimos las vacunas y por ahora no hay una nueva negociación para tenerlas. Los argentinos necesitamos saber quien cometió esta locura y cuáles fueron los verdaderos motivos.

El laboratorio utilizó la colaboración de 5.762 voluntarios argentinos que generosamente  se prestaron a ser conejillos de indias para las pruebas que se realizaron en el Hospital Militar. Ellos son los primeros que deberían tener las explicaciones correspondientes. Muchos se sumaron a esos experimentos, los más numerosos del mundo, porque lo encabezaba un infectólogo de mucho prestigio como el doctor Fernando Polak. En esa época, respondía al llamado de los medios de comunicación y desarrollaba sus explicaciones. En un momento, Polak dejó de atender al periodismo, bajó su perfil a cero y no se sabe que piensa de todo esta dolorosa situación.

Pfizer debería explicar en los Estados Unidos, si es cierto que el ministro Ginés le exigió que tuvieran un socio local en la operación. En casi todos los rubros de negocios, el kirchnerismo utilizó esta matriz para direccionar el rumbo del comercio y en varios casos para quedarse con fortunas a modo de coimas. Hoy Joaquín Morales Solá escribió textualmente en La Nación: “más tarde se supo que el Ministerio de Salud le había reclamado a Pfizer un socio local y la transferencia de tecnología”.

¿Ocurrió esto o no? Le exigieron a Pfizer que se asociara con algún experto en mercados regulados?

Después del escándalo Enron, en Estados Unidos, la legislación castiga con mucha dureza y la cárcel en varios casos, a los empresarios que pagan coimas, o mienten ante los tribunales. Están obligados a decir la verdad. Allá no es tan fácil extorsionar o manipular a un juez o que el magistrado cajonee por años una causa de tanta gravedad.

Eso, por el lado del laboratorio.

Pero el presidente Alberto Fernández también está en el centro de esta inquietante inmoralidad.

En su aparición en la CNN, según cuenta el periodista Eduardo van der Kooy, respondió  que “no sabía” lo que había ocurrido para que de pronto, de un día para el otro, se haya roto la negociación con Pfizer. En otra parte del reportaje, Alberto dijo textualmente: “¿Saben cuál fue la primera vacuna que se aprobó en la Argentina? La Pfizer. Entonces, explíquenme por qué, si aprobé la vacuna, después no la compré”.

Señor presidente, con todo respeto, no son sus interlocutores lo que tienen que explicar. Usted mismo tiene que iniciar una investigación sumaria para establecer que pasó. Porque pudo existir desde un mal desempeño como funcionario público a alguna variedad de corrupción. Eso es gravísimo. Y mucho más tratándose de la vida y la muerte de los argentinos. Si se cometió algún delito y el presidente lo sabía o lo averiguó después, como funcionario público está obligado a denunciarlo. Si no lo hace, se convierte en cómplice o en encubridor. Y si no sabía, su responsabilidad es averiguar. Su presidencia y su vida van a quedar marcada a fuego con este suceso.

En otro segmento de la entrevista en CNN, el presidente apeló no a la rigurosidad de los datos, sino a un pálpito. Dijo textualmente: “Yo la impresión que tengo, es que en algún momento, Estados Unidos resolvió preservar para su población todas las vacunas y Pfizer dijo no firmo más contratos, porque si tengo que dejar las vacunas en Estados Unidos, no voy a poder cumplir”. ¿Por qué si todo venía tan bien, de golpe el gobierno no atendió más a Pfizer? ¿Por qué le sacaron a Ginés la negociación con ese laboratorio y pasó directamente a manos de Vilma Ibarra y Cecilia Nicolini?

Y Ginés tiene que sentarse en el banquillo de los acusados y responder una ametralladora de consultas. Por una radio K, se lo escuchó dubitativo, tal vez con fatiga cognitiva porque dijo que era fácil explicar lo que pasó con Pfizer: “nos exigieron una serie de condiciones que no se amoldaban a nuestra ley”.  ¿Qué dice? ¿Qué significa eso, señor ex ministro? ¿Cuáles fueron esa serie de condiciones?

Otra excusa insólita fue que la diputada cristinista Cecilia Moreau, colocó la famosa palabra “negligencia” en la ley. Hoy insistió con esa falacia, Santiago Cafiero. Juntos por el Cambio se ofreció a corregir esa palabra para remover los obstáculos y que se puedan comprar las vacunas. Y el gobierno ni contestó.

¿Y ahora, que pasa? Este gobierno que necesita vacunas con desesperación, no tiene interés en abrir una nueva negociación con Pfizer? ¿Está cerrada para siempre esa puerta?

¿Estamos ante un Pfizer-gate? Que las autoridades ofrezcan una conferencia de prensa abierta y que los periodistas pregunten y repregunten hasta averiguar la verdad. El pueblo quiere saber de que se trata. Esto es lo más peligroso de todo lo que ha ocurrido con el manejo ineficiente y turbio de la pandemia. Pero también en algún momento tendrán que rendir cuentas sobre los traficantes de vacunas con Carlos Zannini y Horacio Verbitsky a la cabeza, con las vacunas que fueron al hospital de Calafate y que no están registradas en ningún lado, con la militancia camporista inmunizada, con las aplicaciones en locales partidarios y sindicales, y con el rosario de barbaridades que dijeron y promesas que incumplieron. Ni hablar de los delirios de los talibanes K que llegaron a decir (y creer en algunos casos) que Pfizer había pedido las Cataratas del Iguazú o el Glaciar Perito Moreno como garantía.

Por eso, el caso Pfizer, es la prioridad.

El laboratorio, líder a nivel mundial en su rubro, y el presidente de la Nación deben jurar decir la verdad y nada más que la verdad. Aunque sea por respeto a tantos muertos.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra por Radio Mitre