Populismo mata educación

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Miles y miles de piqueteros protestaron por las calles. La inflación nos sigue dando noticias dramáticas. El terrorismo narco quiere gobernar Santa Fe. Cristina y Alberto siguen con su guerra sin cuartel. Todas estas son informaciones que importantes. Pero hay temas que son re fundacionales de nuestro futuro. Hablo de la Educación. No hay nada más importante para volver a ser el país que alguna vez fuimos. Eso está implícito en el proyecto del diputado y ex ministro, Alejandro Finocchiaro. Propuso declarar a la educación como “servicio estratégico esencial”. ¿Sabe lo que eso significa en la práctica? Que los chicos, los hijos de la patria, no pierdan un solo día de clase más por ningún motivo. ¿Escuchó bien?

Nunca más al cierre de las aulas. Nunca más un alumno sin clases. La idea es sencilla de realizar y sumamente efectiva. Igual que los hospitales o la provisión de agua potable. Esas actividades no se pueden interrumpir nunca. Si hay paro, tiene que haber guardias que garantizan que la gente no se muera por falta de atención en un sanatorio o que se quede sin agua en su casa o en una industria.

Esto es lo mismo. Y más esencial y estratégico que la educación, no hay. Como dice Finocchiaro, “es un derecho humano” y además, es la puerta de entrada para otros “derechos sociales, económicos y culturales”.

La tragedia o el apagón educativo de la cuarentena eterna fue el tiro de gracia que liquidó gran parte de la educación en la Argentina.

Esas guardias docentes deberían garantizar las clases aunque haya paros o cualquier otro problema. Nada puede afectar o interrumpir el ciclo lectivo. Las clases no se suspenden por nada del mundo. Porque no se puede cercenar el derecho a aprender, en todo el sentido de la palabra. Asimilar conocimientos, integrarse socialmente, ejercitar la disciplina del esfuerzo y el progreso y en muchos casos, acceder a un plato de comida o una merienda necesaria.

¿Qué otra cosa hay más importante que eso?

Los Yasky y los Baradel de la vida han logrado que Argentina tenga un record mundial nefasto. Desde 1983, nuestros pibes han perdido 6 años de clases, por paros, movilizaciones, actos políticos y demás yerbas impulsadas por estos burócratas. Ese es el síntoma de la peor decadencia. Se llenan la boca diciendo que defienden la escuela pública y la destrozaron. Se llenan la boca diciendo que defienden a los más humildes y es precisamente a esos ciudadanos a los que más han perjudicado. Los condenan a la ignorancia y a la falta de capacitación para entrar en la vida laboral. Les inculcan el facilismo y la dependencia del estado. El colmo fue lo del feudalismo de Formosa. Se permite que los chicos pasen de año aunque tengan 19 materias previas. ¿Es que país del mundo pasa esto? ¿En qué lugar los sindicalistas manejan la educación como se les canta? ¿No les importa que los chicos egresen sin saber leer o escribir bien o que no comprendan textos o que no puedan realizar operaciones aritméticas sencillas? Es criminal esa actitud. Asesinan neuronas y la esperanza de miles de chicos. Los arrojan a las manos de los delincuentes o de los narcos. “Nos quieren brutos y sumisos”, como dijo Cristian Ritondo.

Le doy un dato. Baradel acaba de ganar las elecciones en Suteba, el sindicato bonaerense. Dice que sacó el 80 % de los votos. Pero no dan a conocer la cantidad de afiliados que fueron a las urnas. Hay un padrón que nunca muestran de 84.500 afiliados en la provincia. Y no quieren decir la cantidad de votantes porque el porcentaje es muy bajo. Casi le diría que es poco representativo de la inmensa mayoría de los docentes. La lista de izquierda opositora, además, denunció fraude por dicen que hay gente que votó y no figura como docente en ningún lado. Y que todo es trucho y amañado.

Yasky y Baradel y el resto de su tropa son burócratas sindicales al servicio de Cristina que cuidan su quintita. No les importa ni los chicos, ni los padres, ni los maestros y profesores de vocación y tampoco el país de todos. Solo trabajan para Cristina eterna y para eternizarse ellos mismos en los cargos. Baradel va a manejar por cuarto período consecutivo el gremio. Falta que lo declaren rey. En la era del conocimiento, estos muchachos apuestan a la barbarie y no a la civilización. Incluso odian a Domingo Faustino Sarmiento porque lo consideran de “derecha”.  

Tienen cero en educación y diez en

adoctrinamiento. No es casual que los datos de la Unesco hayan arrojado el peor resultado de la historia educativa. El momento más decadente en el tema más importante. Eso nos produjo un desgarro en el alma.

En lugar de mirar los mejores modelos como el de Finlandia, utilizaron el espejo del atraso y el falso progresismo, en realidad del regresismo de los tiranos que gobiernan Cuba y Venezuela.

Nueve de cada diez chicos de los sectores más vulnerables no terminan el secundario. Deberían sonar todas las alarmas.

La educación debe ser igualitaria. Pero debe igualar hacia arriba y no hacia abajo. Lo mismo un burro que un gran profesor. Cambalache con K.

La inmensa mayoría de los maestros y profesores siguen firmes en su heroica tarea al servicio de la educación. Pero los muchachos al servicio de Cristina se convirtieron en agitadores de huelgas permanentes y en capangas de movilizaciones de bombos y consignas.

Adoctrinar es ponerle uniforme negro y musoliniano a la libertad y a la enseñanza pública. Igualar el pensamiento, uniformar las miradas es fascismo educativo.

San Martín dijo  que el mejor ejército para defender nuestra soberanía es la educación. En eso creo. Y eso defiendo.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre