La independencia estuvo en las calles

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La independencia se ejerció en las calles. Sin que nadie los obligara, sin aparatos clientelares que los movilizaran, sin liderazgos partidarios, miles y miles de argentinos, a lo largo y ancho del país, otra vez unieron sus reclamos contra el gobierno de los Fernández. Todas las voces todas, todas las banderas todas, fueron canción en el viento. Cada uno llevó su cartelito hecho en forma artesanal con su reclamo y exigencia. La diversidad de la protesta se unificaba en la crítica responsable, democrática y pacífica al gobierno nacional. Ese fue el denominador común que vinculó tantas expresiones distintas y plurales. La Nación tituló:

“Multitudinario banderazo contra el gobierno en diferentes puntos del país”. Clarín puso “Marchas en la ciudad, en el Conurbano y el interior con críticas al gobierno”. Página 12, tituló a un costado y chiquito: “El odio no usa tapaboca”. Que cada uno saque sus propias conclusiones. Es que le cuesta mucho al cristinismo comprender este nuevo fenómeno de la vida política argentina. Son ciudadanos comunes, hartos ya de estar hartos con muchos de los atropellos que consuma este gobierno. Mayra Mendoza, la intendenta camporista de Quilmes, que tiene tatuado en el hombro y parte de su brazo un retrato a todo color de Néstor Kirchner, hizo un balance muy equivocado. Producto de su fanatismo no puede ver lo que no quiere ver. Dijo que el banderazo fue antidemocrático y que promueve el odio y que fue impulsado por Macri, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal. Si hacen ese diagnóstico tan erróneo, nunca van a poder diseñar un remedio correcto. Primero, la protesta fue tranquila, en día feriado, solo con banderas argentinas y sin camiones y colectivos que los lleven. Fue profundamente democrática. Es el derecho a expresarse en libertad y con independencia en el día de la independencia. ¿Dónde está el contenido anti democrático? El cristinismo y sus aliados han hecho manifestaciones violentas, con caras tapadas, lapidando con toneladas de piedras el Congreso de la Nación, rompiendo toda la plaza, con un energúmeno disparando con su mortero hacia la casa de la democracia, de los diputados representantes del pueblo y los senadores, representantes de las provincias. Eso es ilegal y anti democrático. Romper todo. Tirar piedras.

Mayra Mendoza, en su momento, salió a incentivar esa intolerancia. Y encima ahora, sus socios piden la libertad del troglodita que disparaba ese mortero casero. Son tan dogmáticos y obedientes que dicen que a ese delincuente le están aplicando el Lawfare. Todo el mundo vió por televisión en vivo y en directo lo que hizo. ¿Dónde está la persecución? Huyó de la justicia y se refugió en Brasil y Uruguay. Ahora, los tribunales tienen la palabra.

La señora Mendoza dice que se promueve el odio. Bad Information, señora. Es cierto que apareció algún grupito minoritario que utilizó palabras agresivas y cargadas de bronca. De hecho, esa gente a la que repudiamos absolutamente, agredió a periodistas y rompió un móvil de C5N. Esa intolerancia destructiva debe ser rechazada absolutamente. Siempre lo digo. Todo tipo de violencia es antidemocrática. No me importa quién sea el agredido ni el agresor. Los escraches y las trompadas son las herramientas de los irracionales y los cobardes. Dicho esto, es un despropósito poner el eje en este grupito. La inmensa mayoría de la multitud que construyó ríos de gente celeste y blanca por las calles tuvo un comportamiento ejemplar, pacífico y profundamente republicano. Los agresores fueron la excepción y no la regla. Se pueden escuchar las consignas cantadas o leer los carteles. Pedían más democracia y república, menos ladrones y patoteros.

Mostraban su indignación por el avance de Cristina sobre la justicia para lograr su impunidad para todos y todas. La bronca contra la liberación de los corruptos de estado como Amado Boudou, Lázaro Báez, Cristóbal, Julio de Vido, Roberto Baratta y mafiosos violentos como el Pata Medina, Luis D’Elía o el Caballo Suárez. El genio de Rolo Villar lo resumió con ironía: “Al final se demostró que Cristina, era una abogada exitosa. En unos meses liberó a todos los presos”.

La rebelión de los mansos reclamaba por los miles de comercios cerrados y fundidos, por más de un millón de trabajadores que quedaron en la calle, por la tozudez en mantener a la sobrina de Cristina como fiscal del asesinato del ex secretario y denunciante de Cristina, por los ataques y estigmatizaciones de los periodistas que no se venden ni se alquilan, por la pobreza que se multiplica, por el avance de prepo contra la propiedad privada y por el delirio de un presidente que se disfrazó de moderado y ahora dice que extraña a Hugo Chávez, el fundador de un régimen narco dictatorial que solo produjo presos políticos, asesinatos, censura y llevó a la destrucción de su economía y la hambruna a millones de venezolanos que huyeron despavoridos de semejante salvajada. ¿Dónde está, el reclamo antidemocrático? ¿Dónde está el odio, señora Mendoza?

Tampoco se pusieron de acuerdo entre los más cercanos colaboradores de Alberto. Santiago Cafiero III dijo que las manifestaciones eran atendibles y propuso desmontar el discurso del odio. Pero cinco minutos después, Juan Pablo Biondi, el vocero presidencial cruzó al tuit del ex presidente Macri que había puesto solamente la palabra “Libres” y una foto de la marcha. Biondi le retrucó, exigiendo que se calle y tratándolo de inútil: “Mauricio Macri, libres de vos y tu inutilidad que nos hubiera llevado a contar muertos de a miles dentro del país fundido que dejaste. Por respeto a los argentinos que votaron hace menos de un año (capaz  que no te acordas): silencio”. Viendo a Biondi uno concluye que no se acuerda que en democracia cualquiera puede hablar. Y que Macri guardó un respetuoso silencio durante meses. Y que su candidatura recibió el respaldo de más de diez millones de argentinos que también merecen el respeto del portavoz, del que habla en nombre del presidente.

La intendenta Mendoza también la pifió al identificar como los que construyeron esa gigantesca protesta a Macri, Vidal y Patricia Bullrich. Este tsunami de  indignación es absolutamente espontáneo e independiente. No responden a las órdenes del Pro ni de Cambiemos. Por supuesto que entre sus filas había una mayoría de los que no votaron a los Fernández. Repito: son más de 10 millones de personas que con su voto se negaron al regreso de la cleptocracia K. Pero insisto, esta movida supera a toda la dirigencia política. Nadie la conduce. De hecho en muchos casos se expresaron argentinos que votaron a Alberto y hoy se sienten desilusionado y defraudados. Los dirigentes políticos opositores van atrás de los acontecimientos. La gente produce los hechos políticos, toma la iniciativa y fija la agenda. Muchos dirigentes partidarios se suman gustosos, pero otros están en contra de las marchas o por lo menos miran para otro lado. Esos dirigentes van a pagar el costo político que significa no acompañar a los críticos en momentos tan críticos. Muchas figuras de Juntos por el Cambio están empantanados en una confusa y tibia actitud bajo el rótulo de “palomas” o moderados. Ojo con eso. Es correcto ser democrático y prudente. Pero es un error brutal, entregar las banderas y quedarse en silencio sin darle un marco de contención a tantos argentinos desesperados.

Una de las pancartas decía “No soy anti cuarentena, soy anti ladrones”. En el obelisco apareció un muñeco inflable gigante con la cara de Cristina y el traje a rayas de presidiaria. Una señora se había disfrazado de presa y en su gorra podía leerse “CFK-678”. Mariana Zúvic y Pablo Lanusse anoche por TN, dijeron casi a duo que “la mafia nos está gobernando”. Y el presidente que trata de dividir a la oposición con cierto éxito en algunos casos dijo que vino a terminar con “los odiadores seriales”. Muy buena intención, Alberto. Si usted viene a terminar con Cristina y su banda, con Hebe Bonafini, con D’Elía o el Pata Medina que son claramente odiadores seriales, será respaldado. Ahora si usted cree que los odiadores seriales estuvieron en la calle protestando, va a generar que haya más marchas y con más gente participando. Recuerde que usted vivió en carne propia el odio que le prodigó Cristina. Usted mismo dijo que ella la espiaba, que lo censuraba, que era cínicamente delirante  y sicópata.

Insisto: palabras suyas. Capaz que no te acordas, diría Biondi.

En el corazón productivo de Santa Fé, otra vez hubo una multitud reclamando que el estado deje trabajar en paz a Vicentín y que olvide la bronca por no haber podido expropiarla. Pero hubo dos situaciones incomprensibles de parte del gobernador Omar Perotti. Armó una contra marcha pero toda con agrupaciones kirchneristas, cuyos integrantes no viven en la zona: la Campora, Movimiento Evita, la gente de Grabois, etc. Y como si esto fuera poco mandó una cantidad de policías armados hasta los dientes como si fueran a combatir a los narcos. Nadie lo podía creer. Si querían intimidar, lograron el efecto contrario. Los productores les decían que fueran a buscar a los delincuentes que enloquecen la provincia y a los que rompen silo bolsas o queman campos con fanatismo y odio ideológico.

Ayer, en su día, la independencia nacional, estuvo en las calles. Con banderas de la patria y con la confirmación de que un hombre que grita hace más ruido que mil que callan, como dijo San Martín. Y sobre todo, comprendiendo que la victoria de los malos es producto de la cobardía de los buenos.

Columna editorial de Alfredo Leuco, en Le doy mi palabra por Radio Mitre