La guillotina de la reina Cristina

1519

Cristina lo hizo. Y Alberto, como si fuese su escribano, ya firmó el decreto. Con su atropello a la justicia, Cristina produjo un hecho de extrema gravedad institucional que no había ocurrido nunca en democracia. No hay antecedentes de semejante ataque con el único objetivo de poner de rodillas a los tribunales y conseguir una auto amnistía para ella, sus hijos y los integrantes del cártel de los Pingüinos.

El desplazamiento de tres jueces que preocupan a Cristina, fue escandaloso pero eso, es apenas una parte de un plan mucho más peligroso. Las etapas que se vienen, las podemos encuadrar en un auto golpe que convierta el poder judicial en una unidad básica del kirchnerismo más chavista. Los tres magistrados removidos van a ser reemplazados con jueces militantes, dispuestos a inmolarse si es necesario para otorgarle a Cristina la impunidad que tanto espera y desespera. En unos días, van a plantear la nulidad de todo lo actuado por estos jueces porque su designación no estaba ajustada a derecho. Es como darse a la fuga y eludir a la justicia. De nada vale que corra, el incendio va con ella. Podrá zafar del juicio, castigo y condena. Pero la historia ya la condenó, no la absolvió como ella dijo.

La Reforma Judicial también está destinada a ese mismo objetivo. El copamiento de todos los juzgados con profesionales de La Cámpora, la guardia de Hierro que lidera Máximo Kirchner. El hostigamiento nunca visto contra el jefe de los fiscales, Eduardo Casal, es una pieza clave en este tenebroso camino hacia el nacional populismo autoritario. Quieren poner en su lugar a otro amigo de Cristina y de Horacio Verbitsky, llamado Víctor Abramovich. Y la frutilla del postre, o la consagración del sometimiento de la justicia, será cuando la comisión de amigos de Cristina liderada por su abogado, Carlos Beraldi, recomiende ampliar la cantidad de miembros de la Corte Suprema para instalar una mayoría automática como en los tiempos de Carlos Menem.

Es la puesta en práctica de la vieja consigna peronista de “A los amigos, todo y a los enemigos, ni justicia”. Es lo que nuestro compañero Miguel Wiñazki sintetizó con maestría de filósofo: “Si se roban la justicia ya no serán condenado por robar”. Dos profesionales impecables en su ética y en su trayectoria profesional lo denuncian con todas las letras. El actual fiscal José María Campagnoli dijo que el 16 de setiembre “es el día nacional de la impunidad” y el ex fiscal Pablo Lanusse definió esto como “un zarpazo para destruir la independencia judicial. Estamos a un paso de que nos conviertan en Argenzuela. No es hora para tibios”. Incluso advierte sobre un posible fraude electoral el año que viene. Si se apropian de la justicia, se apropian de todo.

Ayer los argentinos fuimos humillados en nuestras convicciones republicanas cuando la reina Cristina accionó la guillotina y les cortó la cabeza a Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Germán Castelli. En el Palacio del Senado, convertido en castillo, desde su trono, la monarca del absolutismo, dio la orden a los verdugos que en este caso fueron 41 senadores, todos súbditos de la corona. La guillotina es una máquina que se utilizó para decapitar gente que había sido condenada a la pena capital. El mecanismo horroroso es una hoja de acero bien afilada que baja a velocidad sobre el cuello de la víctima. Así era en la Francia del 1700.

En épocas más primitivas y salvajes aún, se utilizaba directamente la espada o el hacha. La guillotina permite separar la cabeza del cuerpo del guillotinado y que la cabeza caiga en una canasta. El gran objetivo de la guillotina es comunicacional. Es exhibir esa salvajada para intimidar a lo que se arriesguen a enfrentar a la reina y como una demostración de su poder absoluto que no tiene ningún tipo de control. Por eso Cristina estaba tan contenta. Exhibió ante la televisión su capacidad de daño y les mandó un mensaje a fiscales y jueces involucrados en las 8 causas que tiene elevadas a juicio oral. Es como decirles: tengan miedo a Dios y un poquito a mí. Alberto tiene el botón rojo pero yo tengo la guillotina.

Entre los súbditos y cortesanos se multiplica la sumisión, la obediencia debida, el verticalismo y la subordinación y valor para defender a Cristina. Siempre hay un bufón que es el encargado de divertir a la reina con sus ocurrencias y absorber el maltrato y los insultos cuando está enojada. Ese rol lo cumple Oscar Parrilli que anticipó que estos jueces se iban a tener que ir de Comodoro Py. Si continuamos con las metáforas del medioevo a donde nos quieren llevar, hay que decir que el papel que está jugando Cristina se parece más al de Luis XIV de Francia, conocido como el rey Sol. En este caso podríamos hablar de la reina Luna del Calafate. La comparación la hizo el senador Luis Naidenhoff por aquella majestad que, ante el Parlamento de Paris, pronunció aquella frase memorable: “El estado soy yo”. Nuestra majestad y su príncipe heredero Máximo podrían decir lo mismo. O repetir el concepto de Luis XV que fue más allí y dijo “Después de mí, el diluvio”.

Volviendo a estos tiempos de cólera mucha gente se pregunta porque Cristina decapitó a estos tres jueces independientes, de trayectoria intachable y de reconocida capacidad técnica. La respuesta es muy sencilla. Bertuzzi y Bruglia como camaristas, confirmaron el procesamiento de Cristina en la causa de los cuadernos que tiene la siguiente carátula en el expediente: “Cristina Elisábet Fernández. Asociación ilícita”. Y Castelli, integra el tribunal oral que la va a juzgar por este caso. La causa de los cuadernos, que investigó el colega Diego Cabot, descubrió el aparato estatal más colosal de corrupción de la historia argentina. Así de terrible. Nunca se robó tanto dinero desde el gobierno, nunca participaron tantos funcionarios y empresarios, nunca se hizo con un sistema tan organizado y nunca hubo tantas pruebas de semejante cleptocracia.

Por eso Cristina accionó su guillotina. Porque hay cientos de pruebas, testimonio de arrepentidos tanto de los empresarios despreciables que pagaban las coimas religiosamente como de los funcionarios que recaudaban bolsos y valijas llenos de dólares sucios. Antes de lavar ese dinero, lo escondían en el departamento de Cristina o a la casa de la madre de Néstor. Robaron montañas de billetes. Por eso son todos millonarios y siempre trabajaron como empleados jerárquicos pero empleados al fin, del estado. Sin embargo tienen fortunas imposibles de explicar. Todos.

La familia Kirchner completa. Fueron los jefes de esta asociación ilícita. Néstor fue el ideólogo porque lo empezó a hacer en Santa Cruz y luego de su fallecimiento, se hizo cargo Cristina. Pero fue tanta la magnitud del robo que alcanzó para que también se convirtieran en magnates los secretarios privados como el fallecido de cáncer, Daniel Muñóz y el asesinado Fabián Gutiérrez. Ellos le robaban al ladrón buscando los 100 años de perdón. Pero prácticamente todos los funcionarios y testaferros se convirtieron en potentados. Lázaro Báez, Cristóbal López, Amado Boudou, y casi todos los ministros empezando por Julio de Vido, tienen mansiones y patrimonios descomunales que no pueden explicar.

Por eso Cristina se empeñó en remover de su camino a estos tres jueces. Porque si la causa de los cuadernos avanza como debe, se lleva puestos a gran parte del estado mayor kirchnerista liderado por Cristina y a una parte de los empresarios estafadores que participaron de esa inmoralidad sin antecedentes. Para salvar a la República de este latrocinio que transforma la democracia en un régimen represor y regresivo, solo nos queda la débil esperanza de la Corte Suprema de Justicia. El máximo tribunal puede ponerle límites a esta orgía delictiva del cristinato. Pero digo que la esperanza es débil, porque hasta ahora, esta Corte no se ha mostrado muy valiente que digamos para colocarse a la altura de la historia.

La reina los quiere convertir en cortesanos y si no se despiertan pronto, también irán a la guillotina. Cristina lo hizo. No fue magia, fue mafia. Y por eso, solo nos queda confiar en las multitudes de ciudadanos republicanos y populares que desbordan las calles con su dignidad. Y sentirnos acompañados por la honradez y la cultura de ética de María Elena Walsh.

Ella nos dijo y nos sigue diciendo:

Señora de ojos vendados
que estás en los tribunales
sin ver a los abogados,
baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
cuánta mentira.
Señora de ojos vendados,
con la espada y la balanza
a los justos humillados
no les robes la esperanza.
Dales la razón y llora
porque ya es hora.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre.