La grieta entre Pablo y Hugo Moyano

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El poderoso y peligroso clan Moyano está atravesando un momento de fuertes diferencias internas. Cruje la relación entre los sindicalistas más combativos y amenazantes de la Argentina. La grieta principal es entre el jefe máximo, Hugo Moyano y su hijo mayor, Pablo, apodado “El salvaje” por razones obvias. En el último acto que hizo la CGT en Defensores de Belgrano, Pablo que integra la conducción tripartita brilló por su ausencia. Sin embargo Hugo estuvo sentado en la primera fila. Algo parecido ocurrió con el encuentro de varios jerarcas sindicales con Esteban Bullrich. Hugo fue gustoso y Pablo criticó ese acercamiento.

En la superficie aparece una confrontación por posicionamientos políticos. El padre más cerca de Massa y Alberto y el hijo, más cerca de Máximo y La Cámpora. El dato más novedoso que publicó el periodista Mariano Martín en Ámbito Financiero, es la renuncia de Pablo a varios cargos importantes dentro del sindicato de camioneros y “otras organizaciones satélites”.

Asegura que esto provocó alarma entre los afiliados al gremio y potenció un rumor que asegura que Pablo no se presentaría en las próximas elecciones que se deben realizar en setiembre. Pablo abandonó la titularidad de la empresa aseguradora. También la de la asociación que nuclea a los transportistas propietarios y lo más importante, dejó la obra social que es controlada por una empresa llamada Iarai. Y todo parece indicar que en este lugar está el centro del conflicto. La obra social tiene serias dificultades económicas. La diputada Graciela Ocaña asegura que está fundida o casi. Pero la empresa que la gerencia tiene ganancias millonarias. Esa empresa es dirigida por los hijos de Liliana Zulet, la actual esposa de Hugo Moyano.

Dicen que hay cuestiones muy extrañas. Manejos sospechosos. Negociados groseros. Nadie descarta vaciamiento y corrupción aunque Hugo mire para otro lado. Al parecer, Pablo se cansó de eso y renunció.

Como si esto fuera poco, Facundo Moyano en una entrevista radial confesó que habla con Hugo, su padre, pero no con Pablo. No obstante, el sindicalista del peaje fue muy duro con la pasividad de la CGT frente a la catástrofe social y aseguró que este “no es un gobierno peronista”. Sus argumentos fueron a buscar los orígenes de varios de los principales dirigentes: “Axel Kicillof viene del marxismo o de la izquierda. Alberto dice que es socialdemócrata. Los orígenes de Sergio no son peronistas. Sin decirlo hizo referencia a su formación en el liberalismo de los Alsogaray. Cecilia Moreau viene del radicalismo y lo más duro, Máximo llegó a donde llegó gracias a su apellido.”

Hace una semana, Hugo, Facundo y Jerónimo, el más chico de la dinastía, participaron del lanzamiento de la rama juvenil del sindicato de peajes. Pablo, obviamente, no fue.

Pablo, fanático de las miradas conspirativas llegó a decir que “cree que la CGT y Juntos por el Cambio” hicieron un pacto para meterlo preso. Acusa a Héctor Daer y a Carlos Acuña de no haber sido lo suficientemente críticos con el gobierno de Mauricio Macri. No lo dice públicamente, pero también se refiere a su padre Hugo que hasta llegó a inaugurar un monumento a Perón con el ex presidente.

Hoy la Argentina tiene tantas peleas y divisiones que se asemeja a un espejo roto en mil pedazos.

Pablo es el patrón del mal. Nadie lo puede parar. Ni sus propios compañeros de la CGT, que le tienen pánico. Ni su padre que apenas murmura: “Ya saben cómo es Pablo”.

Moyano tal vez sea en sí mismo una síntesis de lo peor de la Argentina. Lo dicen las encuestas. No trabajó nunca de camionero y es el heredero del gremio de su padre. Su lenguaje está cargado de pólvora y amenazas. Su metodología es la patota y la extorsión de los bloqueos que han fundido cientos de Pymes. No pueden explicar su fortuna.

Nunca hicieron una licitación. Hugo Moyano se daba el lujo de decir a cara descubierta que no querían perder tiempo si la empresa de su esposa siempre era la más barata.

Hay que recordar que el presidente decorativo de la Nación, llegó a elogiar a Hugo Moyano como un modelo de sindicalismo ejemplar y hasta se dirigió a sus hijos para instarlos a que siguieran el ejemplo de su padre.

Los Moyano fueron a Independiente y lo quebraron económica, futbolística y culturalmente. Fueron cómplices de las barras bravas en negociados corruptos que todavía tienen que explicar ante la justicia.

El país está estallado en mil pedazos. Con cortes y movilizaciones diarias, con inflación galopante que erosiona el salario y el poder adquisitivo, con cierre de empresas que están en la lona, con más desocupación y pobreza. Pero lo más grave es que convirtieron a la  Argentina en una tierra de nadie. Sin seguridad y sin liderazgos. Solamente “los Pablo Moyano” hacen lo que quieren. Y, así nos va.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre