La despedida de Cristina en su peor momento

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Hoy vas a entrar en mi pasado. Y hoy nuevas sendas tomaremos. Esa letra del tango podía expresar el clima de despedida de Cristina. Sus fanáticos, empapados y a la intemperie, cantaban: “Una más y no jodemos, más”. Esta vez, Cristina les contestó con el silencio. Ya les había dicho que no se hicieran los rulos o que se dedicaran a comprender textos. Le podrían haber retrucado con otro fragmento arrabalero: “que grande ha sido nuestro amor/ y sin embargo, ay!,mirá lo que quedó”. ¿Y que quedó?

Una líder que celebró su peor momento político. La mariscal de la derrota del peor gobierno de la historia que destruyó todo y que, según su confesión, hoy tiene el módico objetivo de entrar al ballotage. Cristina armó su fiesta de despedida de las grandes ligas. Convocó a su familia para la acompañaran en el adiós. Expuso a sus nietos como en su momento, expuso a sus hijos al hacerlos cómplices de la mega corrupción de estado. Les hizo firmar todo. Les hizo dejar los dedos pegados. Igual que Lázaro Báez, a cambio de poder y  dinero, fueron capaces de entregar incluso a su familia.

Cristina hizo ostentación de debilidad. Gastó fortunas de nuestro bolsillo en un escenario nunca visto. Impresionante su tecnología, tamaño y pantallas gigantes. Además, subsidió, también con la nuestra, los miles de colectivos que trasladaron a la gente.

Fue evidente la rebelión en la granja kirchnerista. Apenas la acompañaron tres gobernadores (Axel, Alicia y el señor feudal de La Rioja) y un puñado de intendentes bonaerenses. Fueron solamente los incondicionales. Los que se subordinan a su verticalismo autoritario que no permitió que creciera ningún líder o candidato taquillero. Hasta los gremios más poderosos de la CGT brillaron por su ausencia. 

Insistió con mentiras homéricas. Con fingir que este no es su gobierno pese a que sus muchachotes camporistas manejan el 50% de las cajas millonarias. 

Ella eligió a Alberto Fernández y ambos fracasaron. Ayer le prohibió la entrada a la plaza a él y a Daniel Scioli, quien asumió como vicepresidente de Néstor Kirchner, hace 20 años.

Excluyeron a la Corte Suprema del Tedéum. Sospecho que fue Cristina porque su odio a la Corte Suprema no tiene límites. Los insultó como “mamarracho indigno”, Pero sería bueno saber quién le dio la orden a la cúpula de la iglesia argentina para que no invitaran a los miembros de la Corte. Fue una provocación de una gravedad institucional inédita.

El fracaso y el ocaso del cristinismo se expresó en la fórmula presidencial que ella sugirió con las fotos de ayer.

Sergio Massa y Wado de Pedro son mucho menos de lo mismo. Es repetir el mamarracho indigno de este gobierno. Le atribuyen a Einstein decir que la definición de locura es hacer lo mismo y esperar resultados distintos. Pero esto, repito, es mucho menos de lo mismo. Porque Sergio Massa en un oportunista, mentiroso que tiene al país al borde del estallido social y económico con su papa caliente. Y porque Wado de Pedro no acusa peso en la balanza. No arranca, no mide, es un total desconocido para la gran masa del pueblo. No alcanza con repetir como un loro las palabras exactas que dice Cristina ni con ser hijo de la generación diezmada. Wado solo garantiza verticalismo al autoritarismo chavista de Cristina.

Se supone que Massa no aceptará ser vice de Wado, aunque nunca se sabe con las históricas panquequeadas de Sergio. Si Massa es candidato a presidente, los sectores más extremos del cristinismo ya adelantaron que no lo van a aceptar. Luis D’Elía prefiere ir con Guillermo Moreno, una sociedad de violentos. Alicia Castro y sus recontra chavistas se quedarán sin candidato y Juan Grabois romperá la coalición porque tal como dijo no quiere votar ni en pedo a un cagador.

Cristina está atrapada y sin salida. Tiene todo el pasado por delante y una agenda tremenda para recorrer tribunales. Su condena a 6 años de prisión podría quedar firme el año que viene o el otro y avanza sin prisa pero sin pausa, el expediente más grave de la cleptocracia argentina: los cuadernos de las coimas K. Toneladas de pruebas y testimonios de arrepentidos servirán para una nueva condena. Y también volverán a tener que dar la cara dura y rota los empresarios cómplices de la corrupción. 

Casi todas las cifras que Cristina dijo en su discurso fueron falacias. Solo existen en su mente. Hizo su aporte al no mencionar ni una sola vez las palabras que resumen las dos preocupaciones principales de los argentinos: inflación e inseguridad.

Llegó a decir que la Corte de la mayoría automática de Menem era mejor que la actual. Y que su gobierno de estas horas era infinitamente mejor que el que hubiera hecho Macri si ganaba la reelección. Absolutamente incomprobable. Pero si comparamos los indicadores de este gobierno de Cristina, Alberto y Massa, todos  son peores que la administración de Macri. Mucha más inflación, pobreza e indigencia. Dólar desbocado, mucha menos inversión y reservas negativas en el Banco Central.  Cristina lo hizo.

Será muy difícil explicarle a los ciudadanos las propuestas electorales de la fórmula que llevarán quienes pretenden llegar al quinto gobierno kirchnerista. Massa y Wado son ministros de este gobierno. Y si tienen soluciones que piensan implementar cuando lleguen al poder, hay que recordarles que están en el poder. Y que apliquen ahora esas presuntas soluciones que tienen. No hagan sufrir más a los que más sufren. 

El spot de campaña que lanzó Wado propone construir una Argentina que funcione. Que empiece ya, por favor. Dice que esto recién empieza pero no es cierto. Esto está terminando. Cristina se despidió de la posibilidad de volver al poder a caballo de una coalición mayoritaria. Cristina va derechito rumbo a construir un partidito testimonial de cuadros chavistas que peleará votos con la izquierda trostskista.

Por eso digo que está en su peor momento. Por eso habla de ellos mismos como “kukas” y por eso apela cada vez más a la religiosidad. Ayer se tomó su rosario y dijo: “¿No llueve ahora? Milagro. Dios. Ya en su momento había dicho que había que tenerle miedo a  Dios y un poquito también a ella.

Cada vez menos gente le tiene miedo. Cada vez más argentinos la rechazan. La mayoría podría cantar aquel tango del comienzo: hoy vas a entrar en mi pasado, hoy nuevas sendas tomaremos.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre