El fracaso absoluto de Sergio Massa

2035

Sergio Massa se va a arrepentir toda su vida de haber dicho que su objetivo era que “la inflación empiece con 3% en abril”. Fue a mediados del año pasado.

Cada día está más preso de sus propias palabras. Estamos a mediados de abril y la inflación empieza con 7%, es decir más del doble del humo que vendió apenas asumió. En el año vamos a estar por arriba del 100% de inflación. Conclusión: Massa acaba de sacar su último conejo muerto de su galera sin magia.

Cómo si esto fuera poco, vaticinó que la economía iba a crecer este año “por arriba del 5%”. Los cálculos más optimistas dicen que Argentina, con suerte no va a crecer nada. Con estos números la hecatombe económica se profundiza y el presupuesto ha sido reducido a papel mojado.

La gestión del ministro Martín Guzmán, medida en resultados, fue muy mala. La gestión de Sergio Massa es el doble de mala. No mejoró ninguno de los indicadores y por el contrario, multiplicó todos los problemas. Hay más pobreza, más indigencia, más inflación, menos inversión, menos crecimiento, casi nulas reservas en el Banco Central y menos ilusiones. Los precios justos, controlados o como quieran llamarle, perdieron por goleada. El saltimbanqui de Matías Tombolini ya no sabe que inventar para controlar el descontrol.

La presunta picardía criolla de Massa, la astucia de vivillo que tiene para moverse, fue perforada por todos los costados. Hasta los empresarios más chupamedias que compran con alegría todo lo que Massa vende, están desilusionados y lamentan que Sergio haya dilapidado sus últimos cartuchos de una posible candidatura a presidente. Muchos creen que renunciará a sus pretensiones presidenciales y otros creen que renunciará al ministerio.

Hasta algunos periodistas que nos vendieron al Alberto moderado y estadista y que después ofrecieron a Sergio Massa como alguien racional y eficiente, están abandonando el blindaje. Lo acompañaron a Massa hasta la puerta de su cementerio político. Pero no se quieren enterrar con él.

Tal vez miran las encuestas en donde la imagen negativa del muchachito del Tigre está por las nubes junto a la de los otros integrantes de la línea fundadora de este gobierno fracasado: Alberto y Cristina.

Es un momento de extrema gravedad institucional pese a que los responsables miren para otro lado o se hagan los tontos. ¿Sabe porque lo digo?

Fue el propio ex ministro cristinista Jorge Ferraresi el que confesó que cuando asumió Massa estaban por irse en el helicóptero.

Esa era la gravedad institucional en aquel momento. Renunciar como De la Rúa en medio de un caos. ¿Se imaginan ahora, que se duplicó la catástrofe económica?

Juan Grabois lo tiene en la mira a Sergio Massa porque dice que es el representante de la embajada de los Estados Unidos y del FMI. Pero su lucha revolucionaria baja los decibeles cuando dice que lo quiere adentro del Frente de Todos y en una fórmula de vicepresidente de Wado de Pedro. Bizarra postura política. Irracionalidad al mango.

Massa es el responsable de la devaluación en cuotas y por sectores y del ajuste brutal a los asalariados y jubilados. Pero Grabois no quiere que se vaya de su lado. Le falta agregar: “por lo menos no gobierna la derecha”, si se me permite la ironía.

Sergio Massa es un experimentado

vendedor de humo. Eso ya se sabe. Es un pillo, una anguila escurridiza que hoy dice una cosa y mañana, dice todo lo contrario.

Es un ilusionista de las palabras vacías. Nada de esto es novedad para la inmensa mayoría de los argentinos. Es un dato duro que aparece en todas las encuestas. Hace poco un consultor averiguó con que palabra lo relacionaban a Massa y la encuesta arrojó: “Panqueque”.

¿Se acuerda cuando lo llamaban Súper ministro? Ahora es un mini ministro. Sus

proyectos fueron espejitos de colores que encima, supervisó Cristina.

Sergio Massa, al igual que Alberto Fernández, mintió descaradamente ante la justicia. Ambos fueron fiscales acusadores de Cristina cuando estaban en el llano. Pero cuando fueron convocados como testigos por ella, se convirtieron en abogados defensores de la jefa de la corrupción de estado más colosal de la historia democrática.

Sergio Massa tuvo estómago para decir, muy suelto de cuerpo, algo similar a Alberto: “No recibí ninguna orden”. Se refería al direccionamiento de 51 licitaciones viales que llegaron por un dinero ducto al bolsillo de Báez por la friolera de 46 mil millones de pesos de aquella época. Los abogados de Cristina y Báez tiraron centros y Massa los cabeceó a todos.

Tanto Fernández como Massa cayeron en falsedades flagrantes que mancharon sus manos y los convirtieron en cómplices del latrocinio.

Massa hizo de la mentira una militancia.

¿Se acuerda de aquel discurso en voz alta, en la cancha de Vélez, cuando garantizó que iba a barrer a los ñoquis camporistas y meter preso a los corruptos?

Los definió como “parásitos que están tomando el control del estado”. Hoy es el principal socio (y cómplice) de Máximo Kirchner, el comandante en jefe de la Orga.

Hoy, no solamente no barrió a ningún ñoqui. Se puso una fábrica de pastas con Máximo.

En su momento, fue a elecciones por afuera del peronismo y se convirtió en uno de los responsables de la derrota de Cristina en las elecciones parlamentarias. En el 2019, se dio vuelta en el aire y se convirtió en todo lo contrario: en uno de los responsables del triunfo y el regreso al poder de Cristina. Hoy Sergio Massa viene fracasando exitosamente. ¿Hasta cuándo?

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre