El fascismo les salió por la culata

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Hace una semana, aseguré en esta columna que “adoctrinar, es fascismo educativo”. En su desesperación por atacar a Soledad Acuña, que había denunciado esta salvajada de los sindicalistas que son el brazo cristinista en la docencia, ese fascismo, se volvió un boomerang porque les salió el tiro por la culata. Fue a través de una tapa del diario oficialista Página 12 que quedará en la historia como un emblema de la manipulación y la real malicia. Ese medio propagandístico, es uno de los muchos, cuya propiedad es de Víctor Santa María, secretario general del gremio de los encargados de edificios. El director es Ernesto Tiffenberg y la cronista que hizo esa burda operación se llama Patricia Chaina quien se define en su perfil en las redes como “peronista, kirchnerista, nacional popular y docente de la UBA”. ¿En qué consistió ese fascismo de izquierda impreso en papel y también on line?

Colocaron dos grandes fotos de igual tamaño. Una era de Soledad Acuña, en tiempos de joven estudiante. Y la otra era de un criminal de guerra nazi llamado Erick Priebke.

En un claro intento de forzar argumentos para ensuciar a Soledad Acuña comentan que el despreciable capitán de las SS hitlerianas era de la comisión directiva del colegio alemán llamado Primo Capraro, en donde Acuña cursó el secundario. Utilizan falsedades como “la sombra de Priebke en la historia de…o La Mala educación”.

De arranque le aclaro que la funcionaria de Larreta se recibió en el año 1992. Y dos años después, recién en 1994, se conoció la verdadera identidad de este jerarca nazi. Hasta ese momento, fingía ser un respetado vecino de Bariloche que se hacía llamar Erico.

 Ya que la escriba de ese panfleto se autopercibe peronista y kirchnerista, debería saber que el tema del nazismo es especialmente incómodo para ese espacio político cuyo fundador, Juan Domingo Perón permitió el ingreso de más de 3.500 nazis a la Argentina y llevó a nuestro país a la vergüenza de haber sido neutrales en la Segunda Guerra Mundial. La redacción de Chaina, y la edición de fotos y de títulos de Tiffenberg, son un ejemplo de fanatismo militante y de fake news que potencia el odio, ofende a todos los argentinos y que frivoliza, banaliza y vacía de contenido el holocausto. Por eso la DAIA expresó su protesta.

Pero hablar del nazismo desde el peronismo kirchnerista es abrir las puertas de los archivos que albergan verdades irrefutables que muchos callan porque no pueden explicar.

No solamente Perón autorizó el ingreso de nazis como Erick Priebke, el doctor Muerte, Joseph Menguele o Adolf Eichman. También fue admirador de Francisco Franco y Benito Mussolini quien lo recibió en el Palacio Venecia. Perón firmó 9 decretos secretos para favorecer a los autores del genocidio más grave de la historia.

 Le recuerdo que Priebke fue extraditado de Argentina en 1995 y condenado en Italia por el asesinato masivo de 335 civiles, acusados de partisanos, en lo que se conoció como La Masacre de la Fosas Ardeatinas, en Roma. Esos fusilamientos fueron ordenados directamente por Hitler en 1944.

Ya en tiempos más cercanos, en setiembre de 2011, Horacio Verbitsky publicó en ese mismo diario, Página 12, una nota con una fotografía de Priebke en una comida con Carlos Soria, candidato kirchnerista a gobernador de Río Negro. Verbitsky, hoy jefe de inteligencia informal de Cristina, caracterizó a Soria como el símbolo de “lo peor de la década menem-duhadista, reciclado de ocasión” y reveló que Soria también estudió en la misma escuela  de Soledad Acuña. Las vueltas crueles del destino hicieron que Martín y María Emilia, los hijos de Carlos Soria, tan fustigado por Verbitsky, hoy sean cuadros militantes de La Cámpora.

En el 97, Página 12 vinculaba a Néstor Kirchner con el nazismo.

Pero también fue Página 12 el diario que publicó en julio del 97 una nota titulada “El diario del Führer está junto a Néstor Kirchner” y que fue prolijamente borrada de los archivos digitales como tantas otras. Este texto era sobre el periódico “La Voz de Santa Cruz que sobrevivía gracias a la publicidad del gobernador Kirchner” cuyo director autodenominado “El Führer”, también había trabajado con Alfredo Yabrán. Una joyita.

Ni hablar de fascistas de libro como Oscar Ivanisevich o el nefasto Alberto Ottalagano. Ni de las acusaciones del doctor Eugenio Raúl Zaffaroni contra Néstor Kirchner. Suena raro, pero es rigurosamente cierto. Se pueden consultar los archivos de la época. Fue en 1998 y en Santa Cruz. Hace 22 años, había sido invitado por el Frepaso para ayudar en la lucha contra la reelección eterna que Kirchner quería instalar y logró instalar en la gobernación. Zaffaroni apeló a “la Constitución de la República de Weimar “y a “Hitler”. Con el tiempo se supo que el día que Kirchner como presidente, le ofreció el cargo de la Corte Suprema, sacó del cajón del escritorio el recorte de aquella comparación y le pasó la factura. El periodista Daniel Miguez en su libro “Néstor íntimo” cuenta que Kirchner le mostró la nota cuyo título era “Un nazi en la Patagonia”.

Todo esto disparó el ataque a Soledad Acuña, una ministra que tiene en su haber la insistencia permanente en regresar a las clases con la mayor normalidad posible y protocolo y que durante su mandato, se inauguraron 54 escuelas, 8 polos educativos  y se abrieron 9 mil vacantes.

A esa actuación, con un ministerio de última generación edificado en el corazón del barrio 21, los sindicalistas de Cristina le llaman “estar en contra de la educación pública”. Lo que en realidad ocurrió es que Roberto Baradel y su tropa, enloquecieron cuando Acuña dijo lo que muchos no se animan. Que los gremialistas más radicalizados tienen como único objetivo la militancia K y no saben, no quieren o no pueden educar como corresponde a los chicos. Esa es una gran verdad. Y hay cientos de denuncias de la malversación que se hace de la educación al convertirla en un territorio de propaganda de una facción. Ya dimos varios ejemplos. Los más escandalosos fueron el cuadernillo ideológico para instalar en los colegios la expresión de deseo de Verbitsky y Cristina, diciendo que “Santiago Maldonado era el primer desaparecido de Mauricio Macri”. Miente, miente que algo queda. Ni hablar del “Gorila Gorilón”, para los nenitos del jardín y lo que ocurre en cientos de clases en todos los niveles a lo largo y a lo ancho del país.

Entre los graves fracasos del gobierno de Alberto Fernández hay que anotar que Argentina es casi el único país del mundo en el que no han vuelto las clases y en donde más días se perdieron. Eso es gravísimo para los chicos, por donde se lo mire. Desde lo académico, lo social y lo afectivo. Sobre todo para los más pobres que no tienen los instrumentos para afrontar el desafío digital. Esta decisión logró aumentar la injusticia y la desigualdad de oportunidades que tanto pregonan con un alto grado de hipocresía.

Es que así como hay funcionarios que no funcionan, hay un presidente que no preside y varios ministros que están pintados porque las decisiones las toma otro. Este es el caso de la cartera educativa. El verdadero ministro de Educación, el que manda, el que toma las decisiones, es el preceptor Roberto Baradel y su jefe espiritual Hugo Yasky. Representan solo a un sector de los docentes. La inmensa mayoría de los maestros y profesores, aman su profesión, tienen vocación sarmientina y quieren enseñar. No apoyan los paros a repetición a los gobiernos no peronistas ni el asambleísmo y las manifestaciones cotidianas ni el cierre actual de las escuelas. Los maestros de alma repudian a “los Roberto Baradel”. Porque es el que decide que se hace en la educación. Nicolás no Trotta, arrastra los pies con una lentitud exasperante y no puede explicar porque las escuelas están cerradas. La Organización Mundial de la Salud y Unicef han dicho que la clausura de las aulas provoca en los alumnos daños muchas veces irreversibles como ansiedad, depresión y temor, producto del debilitamiento del sistema inmunológico.

La intencionalidad de producirle daño político, explica la falacia de querer vincular a Soledad Acuña con el nazismo. El ataque a Acuña despertó la reacción muy crítica Patricia Bullrich desde el principio. Después fue el propio Mauricio  Macri que la respaldó públicamente y eso habilitó a muchos dirigentes más. Lo curioso es que quien más tardó en darle apoyo fue el propio jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Alberto y Cristina han producido una catástrofe económica y sanitaria. Hay que agregarle también, la tragedia educativa. Pero como siempre, no se hacen cargo y en lugar de buscar soluciones, encuentran culpables, como Soledad Acuña. El fanatismo sin límites esta vez fue un tiro que les salió por la culata. La consigna es clara: “Con los chicos, no”.

Por Alfredo Leuco, columna en Le Doy mi Palabra por Radio Mitre.