Coronavirus: el silencio de Cristina

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Por Carlos Claá

El silencio de Cristina, aturde. En un momento histórico, de preocupación máxima, donde todos los funcionarios están trabajando al límite de sus capacidades, donde hasta la oposición se replegó para sacar adelante el país, la vicepresidenta está ajena. Ausente.

Con la pandemia ya declarada, se fue a Cuba a buscar a su hija, Florencia, que padece un problema de salud. Pero la sociedad lo consideró un movimiento desafortunado, ya que ahora, de nuevo en el país y en cuarentena obligatoria, no podrá participar de la política activamente hasta el 6 de abril. 

La última aparición pública de la vicepresidenta fue el 12 de marzo, en la sesión del Senado por el debate de la reforma de la ley de jubilaciones especiales. Después nada: apenas una catarata de tuits.

Al principio, Alberto Fernández intentó incluirla: “La vicepresidenta participa de la toma de decisiones sobre el tema”, dijo una vez. No lo repitió. Estaba demasiado ajena como para mantenerla en ese escenario. Ahora son sólo comunicaciones telefónicas entre ambos.

El 16 de marzo, con decenas de casos ya confirmados en el país, las primeras medidas de cuarentena y el fuerte rumor de que íbamos hacia el aislamiento total, CFK salió para Cuba en un vuelo de la Aerolínea Cubana de Aviación.

Hasta ahí, el problema era cómo volvería, porque sólo estaban autorizados a ingresar al país vuelos de Aerolíneas. Luego autorizaron a ingresar 100 vuelos desde el exterior: allí ingresó el de Cristina y Florencia, este domingo.

Pero el regreso de Cristina también tuvo polémica en Cuba. Mientras su vuelo no era cancelado y ella podía regresar con tranquilidad, 900 argentinos estaban varados en la embajada y en el aeropuerto de La Habana. Hoy esos compatriotas siguen allí en busca de refugios.

Según una encuesta de CB Consultores, casi el 70% de la gente dijo que el viaje fue una “mala decisión”.