CFK quiere que Alberto libere a los presos

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Estamos asistiendo al primer choque fuerte entre Cristina y Alberto. La ex presidenta, en silencio, envió a todo su estado mayor a atacar a Alberto. Todos con el mismo discurso, presionaron con contundencia a Alberto para que libere a todos los detenidos por corrupción que ellos califican, insólitamente como “presos políticos”.

Se produjo una rebelión en la granja del oficialismo. Alberto dijo que “no es un presidente con presos políticos” y que hay “detenidos arbitrarios” que fueron perseguidos por cuestiones políticas. No es lo mismo. Presos políticos son aquellos que están privados de su libertad y no tienen proceso abierto. Eso es típico de las dictaduras. Y estos ladrones fueron puestos tras las rejas por la justicia democrática con todas las garantías, el derecho a defensa y las apelaciones que consideren necesarias.

“No hay presos políticos en mi gobierno”.

 Esa es la bandera de Alberto. Se supone que esa debería ser la línea de todo el gobierno. Pero en un caso inédito, el mismísimo Eduardo “Wado” de Pedro, que es su ministro del interior, salió a contradecir a su jefe. Un tuit donde ratificó su lealtad a La Cámpora, le alcanzó para pedir la libertad de Milagro Sala y ratificar que “si hay presos políticos”. Es raro porque en general, cuando en un tema tan grave y delicado, se opina tan distinto, el subordinado de inmediato, presenta la renuncia. O el propio presidente le saca tarjeta roja y lo eyecta del gabinete. Pero acá no pasó nada. Alberto se tragó el sapo.

 Es que no fue una expresión solitaria y descolgada de Wado. Fue parte de un grupo de tareas que actuó coordinadamente para desafiar a Alberto. “Fuego amigo”, le llamaron algunos. Otro que tiró y pegó fue el senador Oscar Parrilli. Es casi el alter ego de Cristina, una especie de mayordomo que está para lo que Cristina ordene. Si Parrilli abre la boca es porque Cristina se lo ordena. Y Parrilli también dijo lo mismo: “No tengo dudas de que hay presos políticos”.

Hebe de Bonafini tiene un peso simbólico. Es la voz extrema de Cristina. La que puede decir todas las desmesuras que Cristina no puede. La presión sobre Alberto, en este caso fue feroz. Lo conminó, en una carta pública, para que diga, de que lado está: con la justicia corrupta o con los presos políticos.

¿Qué hizo Alberto? La invitó a almorzar a la casa rosada y hablo con ella durante dos horas. ¿Hizo gala de su capacidad negociadora o dio el brazo a torcer? Veremos. Por ahora Alberto puso una foto y un tuit tratando de bajarle el tono al apriete.

Ricardo Forster, ex Carta Abierta y hoy,  integrante del comité de asesores intelectuales de Alberto, tampoco se calló: “Milagro Sala y Boudou, son presos políticos y tienen que estar libres”. El filósofo, no incluyó a Julio de Vido, tal vez por pudor y tampoco explicó cuál es el mecanismo por el que habría que liberar a Milagro y Amado. Que lastima que los periodistas que los entrevistan no le preguntan. ¿Qué proponen como solución a esta presunta injusticia? Un indulto. ¿Quieren que Alberto pague el costo de utilizar una herramienta monárquica que encima no borra los delitos cometidos? ¿Ese nivel de desgaste pretende para un presidente recién asumido? ¿Sería un indulto generalizado? De Vido, Jaime, José López, el Pata Medina, el Caballo Suárez, Lázaro Báez también serían indultados? ¿Quién decide cual delincuente debe ser indultado y cuál no? ¿Cristina, Alberto u Horacio Verbitsky?

Lo pregunto porque el interrogatorio al que Verbitsky como jefe de la inteligencia informal de Cristina sometió al Alberto no tiene demasiados antecedentes. Con una soberbia típica de un perro guardián de Montoneros y un perro faldero de Cristina, Verbitsky calificó a Gerardo Morales de “carcelero” de Milagro Sala. Y con su trato confianzudo, interpeló a Alberto. Claramente no fue una entrevista. Fue un intento de que Alberto repita las palabras y asuma las ideas del ex soldado de Firmenich. Verbitsky no hace preguntas. Son imposiciones apenas disfrazadas.

Otro operador de la batalla de Cristina contra Alberto, se llama Víctor Hugo y logró darle micrófono para que se defendieran tanto a Boudou como a Milagro Sala en forma simultánea. Pobre Julio de Vido, no es tan cool y sale poco por la radio. Pero la última vez fue suficiente para mandarle el mismo reclamo y exigencia a Alberto: “Esta claro que este gobierno se siente cómodo con nuestra detención”. Lo dijo desde su prisión domiciliaria, en su lujosa mansión de un barrio cerrado de Zárate donde también tienen propiedades Máximo Kirchner, Fabián de Souza y el  Bochi Sanfelice. De Vido fue directo a los bifes. Se quejó porque “el gobierno no está haciendo nada para que Amado y yo recuperemos la libertad”. Este muchacho, gerente del cártel  de los pingüinos, ministro de coimas y lavado, tampoco explicó que es lo que quiere que Alberto haga por ellos. ¿Una amnistía generalizada, tal vez? ¿Una ley especial a medida de los corruptos de estado más grandes de este país desde el regreso de la democracia?

Tal vez Verbitsky propone directamente lo mismo que hicieron en los 70. Convocar a una manifestación, abrir de prepo las puertas de las cárcel al grito de “A la lata/ al latero/ libertad a los compañeros” y sacarlos en andas como si fueran ángeles honestos y revolucionarios gracias al indulto de Héctor Cámpora quien era presidente en ese momento.

De Vido perdió todos los filtros. No soporta que lo hayan entregado. No puede creer como Cristina le soltó la mano y jamás lo visitó ni lo saludo ni le mandó una tarjeta de navidad. Nada, Cristina no dijo ni mu, no emitió ni un tuit, ni un sonido gutural por De Vido y por ninguno de los corruptos presos. Y eso que en voz baja todos dicen que robaron para la corona de la reina Cristina. De Vido denunció que “es increíble que habiendo un gobierno del mismo signo político, el vicepresidente de hace 4 años está preso. Como mínimo debería estar en prisión domiciliaria junto con sus hijos y familia”.

Se refiere a Amado Boudou que está condenado por la Casación. El robo de la fábrica de billetes tuvo como resultado una condena de más de 5 años y 10 meses pero todavía le faltan dos causas muy graves y llena de pruebas: el enriquecimiento ilícito y el robo que le hizo al pueblo pobre de Formosa con una coima de 2 millones de dólares que cobró con complicidad con sus socios y con el señor feudal, Gildo Insfran.

 Como si esto fuera poco, Alberto tiene una inquina especial con Boudou. No solo porque cree que su cancherismo irresponsable, fue el comienzo de la decadencia del gobierno de Cristina. También porque con un plumazo y una conferencia de prensa, volteó al  jefe de los fiscales de entonces, Esteban Righi, “El Bebe” a quien Alberto considera su maestro del derecho.

Milagro Sala es indefendible. El Tribunal Superior de Justicia ratificó su condena a 13 años que cumple, con su tobillera electrónica, en su casa del barrio Cuyaya. Su condena es en concurso real por fraude en perjuicio del estado y extorsión y como jefa de una asociación ilícita. Todas las instancias confirmaron su condena. Lo único legal que le queda es recurrir a la Corte Suprema de Justicia.

Milagro no solamente es culpable de robar 60 millones de pesos que iban a las cooperativas para construir viviendas populares que nunca se hicieron. ¿Se acuerda? Se las llevaban en bolsos llenos dinero, directamente por la caja de los bancos y las subían a las camionetas. 

En estos temas se juega la independencia del poder judicial, la división de poderes y el respeto a la República. Hay más de 100 ex funcionarios que están procesados y testimonios de ambos lados con empresarios que confesaron el pago de retornos y coimas producto de sobre precios. ¿Qué van a hacer con esos testimonios? ¿Los van a prender fuego? ¿O los van a declarar nulos por mal procedimiento de los jueces? De todas maneras se viene una hecatombe legal y una vergüenza ajena monumental.

 Así como nadie fue tan duro como Alberto en sus críticas contra Cristina, ahora es el cártel de los pingüinos cristinistas los que salen con los tapones de punta contra Alberto por el tema de los presos. No fue algo que se le escapó a uno. Estamos hablando del propio ministro del interior, Wado de Pedro, de Parrilli, Bonafini, Forster, Verbitsky, Víctor Hugo, Amado Boudou, Milagro Sala y Julio de Vido. Alberto está entre la espada y la pared.

Lo que Cristina quiere es una fantasía de cumplimiento imposible. ¿Cómo hacer para que se esfumen en el aire tantas pruebas y testimonios de su corrupción? 

No puede liberarlos porque hay causas en trámite. Solo le queda el camino de reformar urgente la justicia, ampliar los miembros de la corte y consolidar la mayoría en el Consejo de la Magistratura para poner a todos los jueces en comisión y tirar por la ventana a los que investigaron a los K y entronizar a los de Justicia Legítima. Si eso se hace a paso redoblado y a tambor batiente, de prepo y violando todas las normas, estaríamos cayendo en el chavismo más extremo. No sabemos si Alberto quiere quedar en la historia como el indultador serial o el Chavez del Sur. Suponemos que no.

Pero nunca se sabe. La vida te da sorpresas.