¿Sergio Massa dejará la presidencia de Diputados?

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Las tres mujeres más importantes de la oposición expresaron su objetivo de reemplazar a Sergio Massa en la presidencia de la Cámara de Diputados. Tanto Patricia Bullrich como Elisa Carrió y María Eugenia Vidal anunciaron que si el 14 de Noviembre suman diputados y se convierten en la primera minoría, van a reclamar ocupar ese lugar tan emblemático. Hasta que se cuenten los votos, es solamente una meta, un horizonte que se plantean conseguir. Veremos si logran repetir o mejorar los resultados de las primarias. Pero ese anuncio se convirtió en una fuerte definición política que muestra a Juntos por el Cambio con una decidida vocación de poder. Deja atrás a las posiciones más timoratas de dirigentes que siempre se ven a sí mismos como supervisores de los gobiernos peronistas. En algunos casos, esa actitud de pechos fríos ocultos bajo una sobreactuación institucional, es el síntoma de un complejo de inferioridad ante Cristina.

Una diputada K de poca relevancia dijo que esa era una actitud golpista porque colocaría a un opositor en la línea sucesoria. ¿Qué significa esto? Si Alberto diera parte de enfermo o renunciara por algún motivo, Cristina pasaría a ser presidenta por tercera vez, pero alguien de la coalición opositora quedaría como virtual vicepresidente.

Si la voluntad soberana de los argentinos le otorga a Juntos por el Cambio un triunfo electoral contundente, estarán diciendo que pueden ser la primera minoría y por lo tanto estarán en condiciones de elegir al presidente de la Cámara Baja.

¿Dónde está el golpismo en esa decisión? Más democrática imposible.

Es una forma de tomar debida nota del mensaje de las urnas. Por el contrario, sería una forma de que un dirigente opositor pueda convertirse en garantía de estabilidad y equilibrio democrático ante cualquier tipo de turbulencia que podría ocurrir producto de la hecatombe económica o del ataque permanente de Cristina a Alberto. Además, no hay un solo dato que haga sospechar que Bullrich, Carrió o Vidal y sus respectivos partidos sean golpistas o desestabilizadores. Todo lo contrario, son dirigentes y partidos que siempre han actuado en defensa de la República y la división de poderes. Golpistas en todo caso, han sido sectores del peronismo que le hicieron 13 paros generales a Raúl Alfonsín con el resurgimiento de la democracia en ciernes. O los que tiraron 14 toneladas de piedras al Congreso e intentaron tomarlo con la complicidad de los legisladores del kirchnerismo. O los que gritaban: “Macri, basura/ vos sos la dictadura” mientras exhibían como expresión de deseo helicópteros como el que utilizó Fernando de la Rúa para huir desde los techos de la Casa Rosada. A propósito de De la Rúa, hay que decir que tuvo gran responsabilidad en el fracaso de su gobierno, pero sectores del peronismo del Conurbano se encargaron de darle el último empujón golpista con saqueos y vandalismo programado. Fue en aquel momento y producto de la renuncia de Carlos Chacho Alvarez, que la línea sucesoria quedó en manos de dos peronistas como Ramón Puerta y Eduardo Camaño.

Si Juntos por el Cambio logra la suficiente cantidad de diputados, tiene la obligación de mandar a Sergio Massa a una banca común y sacarlo de la presidencia. Ninguna ley ni la Constitución lo prohíbe. Es absolutamente legal y políticamente, es un mensaje poderoso de la vocación de poder y de la fuerte defensa del sistema democrático de la coalición opositora. No es una pistola en la cabeza de las instituciones. Es la mejor manera de ponerle límites a una posible radicalización chavista de Cristina y de fortalecer el debate, los disensos y los consensos que deben darse en el Parlamento.

La diputada Cecilia Moreau ha dicho  que el objetivo de Juntos por el Cambio es cerrar el Congreso. Un disparate colosal que solo fue superado cuando dijo que Pfizer pedía recursos naturales argentinos a cambio de los vacunas.

El profesor Andrés Malamud, desde Portugal, no ha logrado advertir la profundidad autoritaria y destructiva del nacional populismo de Cristina. Apoya la continuidad de Sergio Massa aunque las urnas digan lo contrario. Sus reflexiones apelan a una tradición conservadora y a una institucionalidad vacía que lo saca del progresismo y lo coloca en el regresismo posibilista y resignado de la corrección política.  

Argentina vive una crisis descomunal. Los riesgos que corremos son monumentales. Muchos analistas hablan de posibles rodrigazos, hiper inflaciones, situaciones similares al 2001, estallidos sociales, ataques armados de falsos mapuches y rupturas inminentes y explosivas entre Cristina y Alberto. Hay que levantar la guardia y encender las luces de alerta para fortalecer las bases del sistema. Y de ninguna manera dejarse involucrar en las feroces internas del justicialismo. Que el gobierno proponga su candidata a la Corte Suprema y al jefe de los fiscales. Después la oposición fijará su postura, pero nunca antes. No se debe dejar utilizar ni ser funcional a ninguna de las facciones en pugna.

Con la idea de generar una épica que convoque y una mística que contagie en la campaña, la oposición se fijó varios objetivos.

  1. Multiplicar los votos en la ciudad para que Sandra Pitta consiga una banca y quede afuera Carlos Heller, uno de los cerebros del comunismo jurásico y pingüino.  
  2. Redoblar los esfuerzos en las provincias donde se eligen senadores para quitarle a Cristina el quorum propio que utilizó con tanto fanatismo en la búsqueda de su impunidad.
  3. Colocar en lugar de Sergio Massa un dirigente de gran nivel de representatividad que además tenga las mejores credenciales republicanas.

No es seguro, pero es posible que todo eso ocurra el 14 de noviembre. Sería la mejor forma de custodiar la libertad y la democracia. Sería la mejor forma de mostrar equilibrios institucionales y una alternancia en serio que espante cualquier aventura extremista. Es por el bien de todos. Sería el comienzo de la reconstrucción de una Argentina sin corruptos de estado y sin golpistas de morondanga. De eso se trata.

Editorial de Alfredo Leuco en Radio Mitre