Banderazo y derrota de los Fernández

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El banderazo fue, claramente contra el patoterismo de estado de Alberto y Cristina. Fue una catarsis de miles y miles de argentinos en 80 localidades del país productivo. En un grito, el banderazo, resumió el hartazgo de gran parte de la población. Las clases medias urbanas y rurales, le propinaron al gobierno, la peor derrota política, en su peor semana. Fue un multitudinario voto no positivo.

Cada uno llevó su reclamo y su cartelito. Cuidemos lo nuestro. Hoy es Vicentín y mañana sos vos. Respeto por la Constitución. Devuelvan lo que robaron. Cárcel a los ladrones. ¿Hasta cuándo habrá superpoderes? No al plan sistemático de impunidad y venganza. No se atrevan a armar una Corte Suprema con mayorías automáticas. Basta de atacar al campo con retenciones, dólar caro para comprar insumos y baratos para vender la cosecha. Por lo menos disimulen y condenen públicamente los robos de ganado, la destrucción de silo bolsas, el incendio de campos que goza de una impunidad sospechosa. Vayamos a una cuarentena inteligente y focalizada para que nadie muera por el virus pero, para que tampoco nadie, se muera de hambre ni de frustración.

No aprovechen la pandemia para copar la justicia con autoritarios. Los jubilados, también se expresaron. Porque otra vez le metieron la mano en el bolsillo mientras le van a dar a un delincuente condenado en dos instancias como Boudou, 400 mil pesos por mes durante toda su vida y 17 millones de pesos de haberes que no cobró. Había cientos de críticas diversas entre semejante multitud. Pero todas se unificaron el día de la bandera que se transformó en el día del banderazo contra todo tipo de atropello.

Las anteojeras ideológicas del fanatismo, no le permiten ver a muchos funcionarios y militantes del cristinismo que en los pueblos del interior hay agradecimiento a las empresas familiares que durante 90 años dieron trabajo y progreso. Permitieron el arraigo. Para felicidad de los padres, abrieron la posibilidad de que sus hijos, tuvieran futuro en su tierra, sin tener que emigrar a otras provincias. Crearon fuentes de trabajo y capacitación a pocas cuadras de donde viven. Eso vale oro. No tiene precio. Es lo que el peronismo no hizo en la provincia de Buenos Aires y por eso tantos cientos de miles tienen que ir a la Ciudad de Buenos Aires a ganarse la vida con un empleo que, en el Conurbano no se consigue.

Los K ven oligarcas y conspiraciones que no existen. El pensamiento congelado los hace caer en diagnósticos equivocados. ¿En qué, quedamos presidente? Alberto cambia de opinión cada 24 horas. Se radicaliza y parece Hugo Chávez, pero al otro día recula en chancletas y parece Fernando de la Rúa por su mala gestión y sus dudas. Lanata dijo que “no saben ni regalar plata”. Alberto se compara con Raúl Alfonsín, pero no le llega ni a la suela de sus zapatos.

¿Por qué no avanza con la expropiación? Por la gran protesta del banderazo. Porque ese fuerte repudio, puso en alerta a los diputados de Córdoba, Entre Ríos y Santa Fé. Comprendieron que si dan quorum al debate expropiador, podrían ganarse el castigo en las urnas de su propia gente. Por lo tanto, hay serias dudas de que ese proyecto pueda lograr la media sanción. Todo lo contrario. Muchos legisladores oficialistas dicen que puede ser una 250. Es decir el doble de costo político que la 125.

La erupción de la movilización fue en respuesta a un gobierno que se quiere llevar todo por delante. Alberto lo hizo. O Cristina lo hizo. En realidad fueron ambos. Un tuit muy creativo editorializó en las redes diciendo: “El orden de los Fernández no altera el producto”. Cristina no dijo una sola palabra. Tira la piedra y esconde la mano. Ella dirige la batuta y le expropia el sillón de Rivadavia, la banda y el bastón al presidente que mira sin comprender como se evapora su autoridad y como se erosiona su investidura. Tal vez por eso apele tan seguido a las bravuconadas. No se puede creer que, en su intento de sacarse las culpas de encima, haya apuntados otra vez a los que salen a correr, a pasear o (atentos) a los que quieren abrir sus negocios.

¿El Presidente, no se da cuenta que muchos perdieron el esfuerzo de toda su vida y se fundieron? No están confundidos, están fundidos ¿O que la gente necesita trabajar para vivir y para soñar? Los funcionarios siguen ganando lo mismo. Ni siquiera se bajaron el sueldo. Pero los comerciantes y muchos cuentapropistas, casi no tienen ingresos. ¿Es tan difícil entender eso?

Todo fue producto de una sucesión de errores, que la cuarentena fue acolchonando, pero la caldera se fue calentando y un día explotó. Y el último empujón se lo dio Alberto con su maltrato y soberbia. Despreció y descalificó a los periodistas o a los dirigentes políticos que le advirtieron que va por el camino equivocado. Que va a chocar contra una pared humana. Y chocó la calesita.

A Cristina Pérez la mandó a leer la Constitución. Al impecable juez Fabián Lorenzini lo quiso correr con las jinetas. “Él es un juez concursal y yo soy el presidente de la Nación. Hay que explicarle que un DNU es igual que una ley”.
Su despropósito aumentó cuando dijo que la gente en asamblea, estaba avalando a directivos que están siendo investigados en la justicia. Nadie dijo semejante cosa. Nadie planteó que se oponía a que continuara cualquier investigación seria. De hecho las autoridades manifestaron que no tienen nada que ocultar y que están a disposición de cualquier juez. Pero si se trata de avalar, es Alberto el que avala a Cristina, Boudou, Lázaro, De Vido, y siguen los autores del robo del siglo.

Le dije hace poco que Alberto está haciendo méritos para ser peor que Cristina. Es una tarea titánica. Pero va sumando. Por eso, esto hay que anotarlo entre las cosas más graves que Alberto dijo e hizo, como presidente y como profesor de Derecho de la Universidad. Presidente: En este y en cualquier expediente, el juez tiene más autoridad que usted porque hay división de poderes en la Argentina. Por lo menos por ahora. Los mejores constitucionalistas, le dieron la razón a Cristina Pérez. Es usted el que tiene que leer la Constitución. El doctor Roberto Gargarella le dijo que los DNU no tienen estatus legal y que tienen un rango inferior a las leyes. Otro prestigioso experto en la Constitución, Daniel Sabsay le recordó que usted, según la Carta Magna, tiene prohibido intervenir en causas judiciales”.

La Federación Argentina de la Magistratura, que nuclea a más de 15 mil jueces y funcionarios del Poder Judicial, respaldó al juez del concurso. Además, si un DNU vale igual que una ley, es como decir que van a cerrar el Congreso. Perder el olfato es un síntoma del Covid 19. Pero perder el olfato político es un síntoma de aislamiento y tozudez.

El presidente no dejó de pegarse tiros en los pies. Antes de las multitudinarias marchas, sin banderas partidarias ni aparatos, les mojó la oreja a los que iban a participar: “Son gente confundida”, los subestimó cuando en realidad el confundido era él. Otra vez le tiró la cola al león. Les mojó la oreja. Hizo enojar a los mansos. Por eso en las redes se repitió el rótulo de “La rebelión de los confundidos”. Y algunos mensajes fueron demoledores y repasaron todas sus declaraciones y acciones absolutamente contradictorias. Fue el propio Presidente el que dijo que si lo veían transitar por un camino equivocado que salieran a la calle para decírselo.

Y eso fue lo que pasó. Complacieron su pedido: salieron a la calle a decírselo. Pero como no fueron escuchados, se vieron obligados a gritar cada vez más fuerte y a gritar cada vez más cerca del jefe de estado. Por eso también llenaron las calles que rodean a la Quinta de Olivos. Hasta que lo bocinazos y los cacerolazos aturdan al Presidente.
Todas estas cuestiones son las que van llenando de bronca a mucha gente. No es tan fácil llevar al país hacia Venezuela o hacia Santa Cruz. Los regímenes anti democráticos tienen poco espacio y apoyo en la Argentina. Diez millones de personas no votaron este gobierno y muchos de los que si votaron a Alberto, tampoco quieren un giro hacia posturas extremistas y autoritarias.

Defienden la libertad. Y están dispuestos a ponerles límite al patoterismo de estado que se expresa en muchas de las acciones y decisiones de los Fernández. Por algo entre Avellaneda y Reconquista sonó nuestra cortina y arenga de “Resistiré”. El intendente Dionisio Scarpin explicó que el crecimiento monumental de su distrito y de Vicentín se hizo con el esfuerzo y la innovación de trabajadores y empresarios privados. El estado solo puso piedras en el camino. Le sacaron el tren, le sacaron el puerto y agregó “No pueden ni cortar el pasto en la ruta 11”.

Una pancarta, en ese hervidero de la ruta, confirmaba este pensamiento: “Seamos libres, lo demás se arregla”.
Era una versión del extraordinario legado de don José de San Martin. Hablo del corazón conceptual de la Orden General a “sus compañeros del Ejército de los Andes”, en 1819. En este momento, esas palabras, cobran un valor extraordinario: “Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos va a faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con la bayetilla que nos trabajen nuestras mujeres y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos, los indios: Seamos libres, lo demás no importa nada”.

También dijo San Martín que él y sus oficiales iban a dar “el ejemplo en las privaciones y el trabajo y que prefería la muerte a ser esclavo”. Traducido a la música, podríamos resumirlo en Atahualpa y Mercedes: “Yo tengo tantos hermanos que no los puedo nombrar y una hermana muy hermosa que se llama libertad”.

Editorial de Alfredo Leuco en Le doy mi Palabra, por Radio Mitre